Libertad - Jonathan FranzenDesde su publicación hace unos meses, se ha hablado de Libertad como la Gran Novela Norteamericana (así, con mayúsculas) y de Jonathan Franzen como un autor destinado a convertirse en el icono de las letras estadounidenses del siglo XXI. ¿Es así? Es difícil juzgar una novela como ésta sin la perspectiva del tiempo; lo que sí les puedo asegurar es que es una gran novela, con un gran trabajo narrativo y con un ambicioso objetivo, si bien está lejos de poder considerarse una obra maestra.

Franzen nos cuenta la historia de una familia de cuatro miembros a lo largo de las últimas décadas; con algunos saltos adelante y atrás en el tiempo, y centrándose en distintos personajes en las diversas partes en que se divide el texto, el autor consigue conformar un mosaico que va mostrando, de forma muy sutil, la personalidad e idiosincrasia de cada uno de los protagonistas; y, de paso, recorre también a través de la narración la historia reciente de Estados Unidos y muestra cómo han influido algunos acontecimientos en el modo de vida y en el pensamiento de esos personajes.

Libertad trata, fundamentalmente, del amor: el amor entre Walter y Patty, marido y mujer que atraviesan una profunda crisis que sirve como eje de la novela. Sin embargo, también podemos encontrar el amor en otro tipo de relaciones: el fraternal, entre sus hijos Joey y Jessica (inexistente, por otro lado); el pasional, como el que existe entre Patty y Richard, el mejor amigo de Walter; el racional, como es el de Connie, la novia de Joey; incluso el prohibido, como Walter tendrá ocasión de probar. Amores todos ellos muy bien llevados por Franzen, que sabe ahondar bien en los sentimientos de los personajes sin caer en el sentimentalismo facilón. Sin embargo, todos ellos resultan un tanto excesivos en otros ámbitos y facetas: véase el ejemplo de Connie, un personaje ciertamente conmovedor, pero llevado a un límite que bordea la caricatura; otro tanto sucede con Abigail, la hermana de Patty, o en ocasiones con el mismo Richard, personaje secundario pero de trascendental importancia para la historia.

Otro elemento muy bien elaborado a lo largo del libro es el referente al contexto. Sin centrarse en hechos concretos, o circunscribir las tramas a alguno, Franzen consigue ir tejiendo un tapiz en el que se refleja el impacto que los acontecimientos políticos de las últimas dos o tres décadas han tenido sobre la sociedad estadounidense. Las posiciones ideológicas de Walter y su hijo, por ejemplo, son antitéticas, pero en ningún momento constituyen un motivo de rivalidad (aunque sí de algún desencuentro); las intervenciones militares en Afganistán e Irak también tienen su papel en la trama de la novela, y de alguna manera todo ello va conformando una visión del mundo que, si bien no es decisiva en el carácter de los protagonistas, les influye siempre de un modo u otro.

Hasta aquí no hay casi nada que reprochar, como habrán observado: Libertad es una novela enjundiosa en su tratamiento de personajes, poco alambicada y con una mirada honesta al siempre complicado tema de los sentimientos. No obstante, sí que hay “algo” que no acaba de convencer: es difícil definirlo, ya que no es algo tangible, como pueda ser un estilo tosco o una trama absurda; es un componente más sutil, un poso que apenas se percibe. Puede ser un tono que, aunque no literalmente, peca de grandilocuente: como si el autor/narrador se supiese investido de una certeza absoluta a la hora de enfocar cada tema, de contar cada anécdota; en una novela que refleja una historia de incertidumbre (el amor complicado entre Walter y Patty), el hecho de que todo parezca grabado en piedra hace que la confianza del lector se resienta. Da la impresión de que el autor juega desde el convencimiento de que la única posible mirada sobre las pasiones es la suya, cuando es evidente que sus personajes, en muchas ocasiones, actúan guiándose por motivos irracionales y rozan el arquetipo más burdo (el ecologista, la estrella del rock, etc.).

Con todo y con eso, no es menos cierto que Libertad es una buena novela, cuya máxima virtud es profundizar en el sentimiento amoroso con la intención limpia de mostrar las dificultades que entraña. Hoy por hoy, ese empeño en sí ya es bastante meritorio.