Mercado de espejismos - Felipe Benítez ReyesAnda medio mundo (crítico-literario) diciendo que es una gran noticia que a Felipe Benítez Reyes le hayan concedido el Premio Nadal 2007; más por darle lustre al premio, por aquello del desprestigio del que gozan estos saraos en España —con ser el Nadal uno de los más ‘serios’, dentro de lo que cabe—, que por dárselo al escritor, que ya estaba muy bien considerado. Para todos los que le conocían, claro.

No cabe duda de que Benítez Reyes es un autor respetado, especialmente en su faceta como poeta, en la cual ha logrado (y con toda justicia) un gran reconocimiento. Su vertiente como prosista, aun siendo muy interesante, no ha alcanzado las cotas de excelencia de sus versos. Y ése es el problema de una novela como “Mercado de espejismos”: que le falta la mano de un narrador solvente.

Y ojo, que Felipe Benítez Reyes es un escritor con genio, con soltura y con un gracejo poco común en la literatura española; leer sus novelas es siempre un juego inteligente, con ejercicios de ingenio constantes, con referencias interesantes, con personajes tan hilarantes como patéticos. No es un novelista al uso, precisamente porque no es novelista; no como ‘primera opción’, al menos. Ese detalle convierte a sus novelas en experimentos (o, para no ponernos tan extremistas, en intentos) curiosos, que se alejan de lo cotidiano por medio del humor y la parodia, que traen y llevan al lector por situaciones delirantes y aventuras fantasiosas.

Con todo y con eso, la gran habilidad del autor es su manejo del lenguaje: hace gala de una prosa magistral, majestuosa, de una riqueza muy de agradecer entre tanta narrativa pomposa, pero vacua. Benítez Reyes usa la lengua con precisión, pero sin renunciar al giro, al léxico, y todo ello sin que la lectura se resienta. Es más, gracias a esa característica la novela se desgrana con una facilidad pasmosa…

… Como si fuera uno de esos best-sellers que tanto venden en los últimos años; que es, precisamente, de lo que se burla sin piedad Felipe Benítez Reyes en “Mercado de espejismos”. La historia de Jacob, un ladronzuelo de obras de arte que recibe el encargo de sustraer las reliquias de los Reyes Magos de la catedral de Colonia, es un calco descacharrante de las novelas (llamadas) históricas que tanto atiborran las mesas de novedades últimamente: encargo absurdo, personajes excéntricos y misteriosos, vueltas de tuerca, sorpresas, más vueltas de tuerca, descubrimientos de parentescos imposibles, aún más vueltas de tuerca… Una parodia en toda regla, urdida con una muy buena mano narrativa y con algo de mala leche: dos puntos que se agradecen.

Y es que, como el protagonista confiesa en un momento de la historia: «… creo que estarán de acuerdo conmigo en que, cuando alguien comienza a hablarte de los templarios, lo mejor es parar el primer taxi que pase por allí y salir huyendo». De todos esos templarios, amuletos, tesoros y códigos se ríe Benítez Reyes en esta aventura desopilante, que manda a su protagonista desde El Cairo hasta Londres en pos de unas reliquias que no existen, cruzándose con asesinos, ex-militares y sicarios religiosos; y lo hace con inteligencia e ingenio. Pero el resultado, por desgracia, deja algo que desear.

Y eso es una cierta novedad en su novela. (Sobre todo para los que ya le han leído antes, los que ya han paladeado “El novio del mundo”, o “Tratándose de ustedes”.) Se echa en falta un riesgo por parte de Felipe Benítez Reyes a la hora de construir su libro, que no deja de ser un remedo, o una extensión, de otros libros suyos, con un protagonista que podría intercambiarse con cualquiera de sus otros héroes anteriores sin que nadie notase la diferencia.

Ya digo que, en mi opinión, el autor es mucho más poeta que novelista, y eso se nota. Una vez más, y como en el caso de “Nocilla Dream“, una desviación de la tendencia general (por desgracia, una tendencia pacata y acomodaticia) se convierte sólo por ese motivo en algo a tener en cuenta; y, siendo francos, cualquiera podría esperar (no me atrevo a decir ‘exigir’) un poco más. Un poco más de riesgo, de intención. Un poco más de literatura, en fin.