Historias impertinentes - León BloyBorges dijo algo acerca de León Bloy que define con precisión lo que son estas “Historias impertinentes”: «Nuestro tiempo ha inventado la locución ‘humor negro’; nadie lo ha logrado hasta ahora con la eficacia y la riqueza verbal de León Bloy».

En efecto, el cinismo que rebosan estas páginas es de una exquisitez fuera de lo común, que oscila entre el simbolismo más virtuoso y el horror más nauseabundo.

Escritos periódicamente para una revista de corte frívolo y mundano, estos cuentos debían ser, en principio, meras piezas humorísticas para deleitar a un público burgués, caprichoso y superficial; sin embargo, Bloy consiguió, merced a su talento, convertir cada una de las historias en algo más: cada relato es un juego, una crítica, una pulla, una burla, siempre algo que haría enrojecer y avergonzarse a cualquiera… que supiera leer entre líneas.

Así, cuentos como ‘El locutorio de las tarántulas’, invectiva desopilante acerca de las viejas ‘glorias’ literarias, o ‘Una mártir’, retrato hilarante de una buena y piadosa burguesa, son muestras elegantes de cómo subvertir unas convenciones asentadas. En ellos, el autor hace gala de un sentido del humor admirable, pero aún más de un estilo narrativo sofisticado, cuajado de metáforas deslumbrantes; quizá se le pueda considerar recargado, mas hay que tener en cuenta el momento de su composición y las corrientes literarias en las que se movía. En cualquier caso, la escritura es ágil, divertida; ofrece imágenes vívidas y desternillantes al lector, y su belleza no atenúa su sencillez.

Otras historias, tales como ‘La última tostada’ o ‘La sorpresa del roscón’, recuerdan por su temática y su forma a Poe y sus terroríficos cuentos. Bloy maneja con soltura la intriga y el suspense, provocando en el lector emociones intensas, aun cuando el género haya sido explotado desde entonces.

En general, todos los relatos son muy divertidos, teñidos algunos de amarga crítica social, pero de una composición estilísticamente brillante y cuidada. Ideados como ‘arma arrojadiza’ contra los apoltronados lectores, todos ellos contienen una doble lectura que, lejos de perder vigor con el paso del tiempo, parece estar casi tan de actualidad como a finales del siglo XIX. Quizá uno de los mayores logros de Bloy fue superar ese aleccionamiento moral para convertir sus historias en excelentes muestras de virtuosismo literario.