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	<title>Comentarios en: Sexteto de Madrid y otros cuentos &#8211; José Manuel Benítez Ariza</title>
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	<description>la laboriosa felicidad de la lectura</description>
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		<title>Por: Juan Carlos</title>
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		<dc:creator>Juan Carlos</dc:creator>
		<pubDate>Fri, 06 Jul 2007 07:14:38 +0000</pubDate>
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		<description>Estamos en distintas ondas, Sr. Molina, así que poco puedo añadir sobre este asunto. Como lector y como escritor no considero imprescindible la cotidianidad y además tengo más que ver con los personajes de Carver y Ford que con otros más cercanos a mi realidad social. Posiblemente eso ocurre porque me he criado en un mundo globalizado, con el cine norteamericano (de serie A o de serie B) como principal referente, y con la obligación de tener que leer, por lo civil o lo criminal, bodrios de Pérez Galdós.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Estamos en distintas ondas, Sr. Molina, así que poco puedo añadir sobre este asunto. Como lector y como escritor no considero imprescindible la cotidianidad y además tengo más que ver con los personajes de Carver y Ford que con otros más cercanos a mi realidad social. Posiblemente eso ocurre porque me he criado en un mundo globalizado, con el cine norteamericano (de serie A o de serie B) como principal referente, y con la obligación de tener que leer, por lo civil o lo criminal, bodrios de Pérez Galdós.</p>
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		<title>Por: Sr. Molina</title>
		<link>http://www.solodelibros.es/02/07/2007/sexteto-de-madrid-y-otros-cuentos-jose-manuel-benitez-ariza/comment-page-1/#comment-7939</link>
		<dc:creator>Sr. Molina</dc:creator>
		<pubDate>Fri, 06 Jul 2007 06:49:56 +0000</pubDate>
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		<description>&lt;p&gt;Que la novela no refleja la realidad me parece muy cierto. En España hace más de veinte o treinta años que la novela no abre los ojos al mundo.&lt;br /&gt;
Ahora bien, no creo poder darte la razón cuando dices que los cuentistas actuales sí que reflejan lo cotidiano en sus obras. Me parece (y habrá excepciones, por supuesto) que el peso de la tradición cuentística de los setenta y ochenta, con Carver y Ford a la cabeza, ha sido demasiado influyente en las nuevas generaciones; lejos de volver sus ojos -y, por ende, sus historias- hacia la realidad social que nos rodea, los escritores se han encastillado en  el reflejo de otras cosas.&lt;br /&gt;
Y esas otras cosas, si bien son también humanas, no me resultan cotidianas. El desencanto, el abandono, la pérdida, el desamor... son temas recurrentes en los relatos incluidos en libros que he leído últimamente, y parece la tónica general a la hora de afrontar la escritura de obra breve. Sin embargo, hay cuentos de Galdós, de Baroja, de Delibes, que pintan con crudeza la cotidianeidad (es decir: lo que sucede alrededor, los problemas que la gente sufre) sin renunciar por ello a la belleza estética, aun a la experimentación formal.&lt;br /&gt;
Es deseable, por supuesto, ocuparse de los sentimientos y deseos a la hora de lanzarse a escribir: si no, todo el mundo se dedicaría al ensayo. Pero creo que una gran responsabilidad del escritor es su faceta social, de denuncia, que puede llevarse a cabo de formas muy diferentes; no creo que sea necesario, para escribir literatura (sea cuento o novela) social, acogerse a un naturalismo rancio o a un costumbrismo botijero. De hecho, me viene a la cabeza una novelita comentada aquí, &quot;&lt;a href=&quot;http://www.solodelibros.es/12/07/2006/curso-de-libreria-fernando-san-basilio/&quot; rel=&quot;nofollow&quot;&gt;Curso de librería&lt;/a&gt;&quot;, de Fernando San Basilio, en la que el autor refleja algo tan cotidiano como es el hecho de quedarse en paro y tener que asistir a cursos del INEM; todo ello con un estilo interesante y nada ramplón. Y eso es algo que, francamente, aún no he visto en ninguna de las colecciones de relatos que he leído últimamente. Porque uno no es elitista: lee lo que considera bueno, porque el discurso de &#039;la novela ha muerto&#039; estará muy bien sobre el papel, pero la realidad es que se escribe muy buena novela; no mucha en España, desde luego, eso sí...&lt;/p&gt;
</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Que la novela no refleja la realidad me parece muy cierto. En España hace más de veinte o treinta años que la novela no abre los ojos al mundo.<br />
Ahora bien, no creo poder darte la razón cuando dices que los cuentistas actuales sí que reflejan lo cotidiano en sus obras. Me parece (y habrá excepciones, por supuesto) que el peso de la tradición cuentística de los setenta y ochenta, con Carver y Ford a la cabeza, ha sido demasiado influyente en las nuevas generaciones; lejos de volver sus ojos -y, por ende, sus historias- hacia la realidad social que nos rodea, los escritores se han encastillado en  el reflejo de otras cosas.<br />
Y esas otras cosas, si bien son también humanas, no me resultan cotidianas. El desencanto, el abandono, la pérdida, el desamor&#8230; son temas recurrentes en los relatos incluidos en libros que he leído últimamente, y parece la tónica general a la hora de afrontar la escritura de obra breve. Sin embargo, hay cuentos de Galdós, de Baroja, de Delibes, que pintan con crudeza la cotidianeidad (es decir: lo que sucede alrededor, los problemas que la gente sufre) sin renunciar por ello a la belleza estética, aun a la experimentación formal.<br />
Es deseable, por supuesto, ocuparse de los sentimientos y deseos a la hora de lanzarse a escribir: si no, todo el mundo se dedicaría al ensayo. Pero creo que una gran responsabilidad del escritor es su faceta social, de denuncia, que puede llevarse a cabo de formas muy diferentes; no creo que sea necesario, para escribir literatura (sea cuento o novela) social, acogerse a un naturalismo rancio o a un costumbrismo botijero. De hecho, me viene a la cabeza una novelita comentada aquí, &#8220;<a href="http://www.solodelibros.es/12/07/2006/curso-de-libreria-fernando-san-basilio/" rel="nofollow">Curso de librería</a>&#8220;, de Fernando San Basilio, en la que el autor refleja algo tan cotidiano como es el hecho de quedarse en paro y tener que asistir a cursos del INEM; todo ello con un estilo interesante y nada ramplón. Y eso es algo que, francamente, aún no he visto en ninguna de las colecciones de relatos que he leído últimamente. Porque uno no es elitista: lee lo que considera bueno, porque el discurso de &#8216;la novela ha muerto&#8217; estará muy bien sobre el papel, pero la realidad es que se escribe muy buena novela; no mucha en España, desde luego, eso sí&#8230;</p>
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		<title>Por: Juan Carlos</title>
		<link>http://www.solodelibros.es/02/07/2007/sexteto-de-madrid-y-otros-cuentos-jose-manuel-benitez-ariza/comment-page-1/#comment-7910</link>
		<dc:creator>Juan Carlos</dc:creator>
		<pubDate>Wed, 04 Jul 2007 08:40:44 +0000</pubDate>
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		<description>Entiendo tu postura e incluso la comparto con ese matiz tan importante de que lo cotidiano y lo costumbrista no tiene por qué ir de la mano, del mismo modo que me gustaría plantear la posibilidad de que se puede ser cotidiano y vanguardista con resultados satisfactorios. Lo cotidiano, como bien apuntas, no tiene por qué ser realista ni habitual, creo que en ese lugar común los dos estamos a resguardo. 

Lo que no comparto es ese supuesto abandono de lo cotidiano entre los escritores actuales, al menos no lo constato entre los cuentistas. De hecho, te invito a leer &quot;Parábola de los talentos&quot;, una antología de cuentistas en la que participo, porque difícilmente encontrarás en otra parte más ejemplos y más diversos de cotidianidad (y perdón por la autopromo). A lo mejor en la novela la tendencia es otra, eso no te lo discuto por pura ignorancia: apenas leo novela.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Entiendo tu postura e incluso la comparto con ese matiz tan importante de que lo cotidiano y lo costumbrista no tiene por qué ir de la mano, del mismo modo que me gustaría plantear la posibilidad de que se puede ser cotidiano y vanguardista con resultados satisfactorios. Lo cotidiano, como bien apuntas, no tiene por qué ser realista ni habitual, creo que en ese lugar común los dos estamos a resguardo. </p>
<p>Lo que no comparto es ese supuesto abandono de lo cotidiano entre los escritores actuales, al menos no lo constato entre los cuentistas. De hecho, te invito a leer &#8220;Parábola de los talentos&#8221;, una antología de cuentistas en la que participo, porque difícilmente encontrarás en otra parte más ejemplos y más diversos de cotidianidad (y perdón por la autopromo). A lo mejor en la novela la tendencia es otra, eso no te lo discuto por pura ignorancia: apenas leo novela.</p>
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		<title>Por: Sr. Molina</title>
		<link>http://www.solodelibros.es/02/07/2007/sexteto-de-madrid-y-otros-cuentos-jose-manuel-benitez-ariza/comment-page-1/#comment-7902</link>
		<dc:creator>Sr. Molina</dc:creator>
		<pubDate>Tue, 03 Jul 2007 20:10:58 +0000</pubDate>
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		<description>Estimado Juan Carlos:

En primer lugar, te agradezco la visita y, sobre todo, el comentario. Y tratando de contestar a tus preguntas (y también de generar un poco de debate en este julio desierto), te diré que las habilidades técnicas y narrativas a las que aludes no son especiales, ni raras. Cuando me refiero a reflejar la cotidianeidad hablo de una escritura que esté al cabo de la calle, de lo que ocurre a nuestro alrededor; una escritura que se ocupe de los temas que importan a cualquiera, que describa a personas que cualquiera puede conocer, que narren historias con las que cualquiera pueda sentirse, si no reflejado, sí al menos involucrado.
El problema, y veo que tú también caes en él, es que se puede confundir cotidianeidad con costumbrismo. Cuando aludo a la primera hago referencia a la conexión que debe existir (e insisto: debe) entre literatura y realidad; y no quiero decir con esto que la literatura deba ser realista -hablando de movimientos-, sino que debe tener unas raíces que se hundan en la realidad del día a día. Así ocurre, por ejemplo, con &lt;a href=&quot;http://www.solodelibros.es/26/03/2007/la-ultima-noche-james-salter/&quot; rel=&quot;nofollow&quot;&gt;Salter&lt;/a&gt;, del que algo he comentado en solodelibros, y que sin renunciar al lirismo o a la imaginación crea unos relatos con un apego a la vida bellísimo.
El que un escritor hable de lo que le rodea (en los términos, con las herramientas o usando el estilo que prefiera, por vanguardista o extraño que sea) le pone en una situación de igualdad respecto al lector, que inmediatamente podrá &#039;conectar&#039; con lo que está leyendo. La generación de empatía es muy difícil, qué duda cabe, pero el alejarse de lo cotidiano para tratar de buscar temas que ya han sido una y mil veces tratados no creo que dé muy buen resultado.
La cuestión, como decía antes, es que ese afán por derruir tradiciones lleva, en demasiadas ocasiones, a construir relatos (o novelas) que no encuentran un nexo con el lector, por la sencilla razón de que no hay nada que contar, más allá de cuatro filigranas estilísticas. La cotidianeidad se encuentra en muchos sitios, no sólo en los diálogos castizos o los cuadros de costumbres; también es cotidiano el dolor por una pérdida, o la alegría de un nacimiento. Tratar de hablar de cosas así, no obstante, es complicado, y se puede tener la tentación de &#039;escabullirse&#039; con recursos, con fuegos de artificio para tapar un hueco que no puede llenarse. Lo que no me parece inteligente es repetir fórmulas y temas sin intentar relacionarlos con lo que nos rodea (lo físico y lo psicológico, por decirlo así). Parece que el ansia por innovar, por diferenciarse y por marcar distancias con la tradición (que, bien asimilada, no debiera ser una carga tan pesada, la verdad) hace que los narradores de nueva hornada desprecien esa realidad que nos rodea, y se dediquen a pergeñar historias &#039;elevadas&#039; o diferentes que, al fin y a la postre, sólo son cascarones vacíos.

Perdona que me haya extendido tanto. Creo que me he ido por las ramas más de lo que desearía, aunque lo cierto es que el tema da para mucho más que unas pocas líneas. Espero que alguien (tú mismo, o cualquier visitante) tome el testigo y aporte algún punto de vista que nos hayamos dejado en el tintero.

A debatir toca.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Estimado Juan Carlos:</p>
<p>En primer lugar, te agradezco la visita y, sobre todo, el comentario. Y tratando de contestar a tus preguntas (y también de generar un poco de debate en este julio desierto), te diré que las habilidades técnicas y narrativas a las que aludes no son especiales, ni raras. Cuando me refiero a reflejar la cotidianeidad hablo de una escritura que esté al cabo de la calle, de lo que ocurre a nuestro alrededor; una escritura que se ocupe de los temas que importan a cualquiera, que describa a personas que cualquiera puede conocer, que narren historias con las que cualquiera pueda sentirse, si no reflejado, sí al menos involucrado.<br />
El problema, y veo que tú también caes en él, es que se puede confundir cotidianeidad con costumbrismo. Cuando aludo a la primera hago referencia a la conexión que debe existir (e insisto: debe) entre literatura y realidad; y no quiero decir con esto que la literatura deba ser realista -hablando de movimientos-, sino que debe tener unas raíces que se hundan en la realidad del día a día. Así ocurre, por ejemplo, con <a href="http://www.solodelibros.es/26/03/2007/la-ultima-noche-james-salter/" rel="nofollow">Salter</a>, del que algo he comentado en solodelibros, y que sin renunciar al lirismo o a la imaginación crea unos relatos con un apego a la vida bellísimo.<br />
El que un escritor hable de lo que le rodea (en los términos, con las herramientas o usando el estilo que prefiera, por vanguardista o extraño que sea) le pone en una situación de igualdad respecto al lector, que inmediatamente podrá &#8216;conectar&#8217; con lo que está leyendo. La generación de empatía es muy difícil, qué duda cabe, pero el alejarse de lo cotidiano para tratar de buscar temas que ya han sido una y mil veces tratados no creo que dé muy buen resultado.<br />
La cuestión, como decía antes, es que ese afán por derruir tradiciones lleva, en demasiadas ocasiones, a construir relatos (o novelas) que no encuentran un nexo con el lector, por la sencilla razón de que no hay nada que contar, más allá de cuatro filigranas estilísticas. La cotidianeidad se encuentra en muchos sitios, no sólo en los diálogos castizos o los cuadros de costumbres; también es cotidiano el dolor por una pérdida, o la alegría de un nacimiento. Tratar de hablar de cosas así, no obstante, es complicado, y se puede tener la tentación de &#8216;escabullirse&#8217; con recursos, con fuegos de artificio para tapar un hueco que no puede llenarse. Lo que no me parece inteligente es repetir fórmulas y temas sin intentar relacionarlos con lo que nos rodea (lo físico y lo psicológico, por decirlo así). Parece que el ansia por innovar, por diferenciarse y por marcar distancias con la tradición (que, bien asimilada, no debiera ser una carga tan pesada, la verdad) hace que los narradores de nueva hornada desprecien esa realidad que nos rodea, y se dediquen a pergeñar historias &#8216;elevadas&#8217; o diferentes que, al fin y a la postre, sólo son cascarones vacíos.</p>
<p>Perdona que me haya extendido tanto. Creo que me he ido por las ramas más de lo que desearía, aunque lo cierto es que el tema da para mucho más que unas pocas líneas. Espero que alguien (tú mismo, o cualquier visitante) tome el testigo y aporte algún punto de vista que nos hayamos dejado en el tintero.</p>
<p>A debatir toca.</p>
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		<title>Por: Juan Carlos</title>
		<link>http://www.solodelibros.es/02/07/2007/sexteto-de-madrid-y-otros-cuentos-jose-manuel-benitez-ariza/comment-page-1/#comment-7896</link>
		<dc:creator>Juan Carlos</dc:creator>
		<pubDate>Tue, 03 Jul 2007 11:22:36 +0000</pubDate>
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		<description>&lt;p&gt;&quot;Tiene este libro de José Manuel Benítez Ariza un punto a favor incontestable: trata de reflejar la cotidianeidad. Algo que suena banal, casi sencillo, pero que muchos de los cuentistas contemporáneos parecen obviar, sea porque no entra dentro de sus intereses o porque no son capaces de hacerlo (de una manera aceptable, al menos)&quot;, escribes. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Y a mí me gustaría saber cuáles son esas habilidades técnicas y narrativas tan precisas que, según comentas, se hacen necesarias para reflejar la coidianidad. ¿Y no será, digo yo, que esa cotidianidad (que a mí me huele a costumbrismo) no interesa a muchos cuentistas actuales? &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;A debatir toca.&lt;/p&gt;
</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>&#8220;Tiene este libro de José Manuel Benítez Ariza un punto a favor incontestable: trata de reflejar la cotidianeidad. Algo que suena banal, casi sencillo, pero que muchos de los cuentistas contemporáneos parecen obviar, sea porque no entra dentro de sus intereses o porque no son capaces de hacerlo (de una manera aceptable, al menos)&#8221;, escribes. </p>
<p>Y a mí me gustaría saber cuáles son esas habilidades técnicas y narrativas tan precisas que, según comentas, se hacen necesarias para reflejar la coidianidad. ¿Y no será, digo yo, que esa cotidianidad (que a mí me huele a costumbrismo) no interesa a muchos cuentistas actuales? </p>
<p>A debatir toca.</p>
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