Carlos Taibo pone de relieve en este panfleto cómo la presente crisis económica ha eclipsado la realidad de otras crisis, probablemente más acuciantes, que amenazan a nuestras sociedades. El cambio climático, el agotamiento de las materias primas energéticas y el expolio de los recursos de los países pobres son temas que han desaparecido del discurso oficial, aunque nunca fueron una parte importante del mismo. Para su solución no se han puesto ni la voluntad, ni —sobre todo—  los medios, que los distintos gobiernos han aplicado con celeridad para paliar la crisis financiera.

Pero el autor de Su crisis y la nuestra señala con acierto que esa realidad de graves situaciones pendientes de resolución, no desaparecerá por el mero hecho de no hablar de ella. Por el contrario, mientras se trata de arreglar los desaguisados que los desmanes del capitalismo han ocasionado, se pierden un tiempo y unos recursos preciosos. Y mientras se nos convence de que la salida a la crisis financiera pasa por recuperar el crecimiento económico, nadie parece tener en cuenta que ese crecimiento choca frontalmente contra una realidad incuestionable: los límites medioambientales y de recursos del planeta.

En este contexto, Carlos Taibo propone el movimiento decrecentista como una solución viable a los males que nos aquejan. Frente al productivismo y al consumismo que nos alienan, destruyen el medioambiente y favorecen la miseria global, el decrecentismo aboga por un cambio radical en nuestro modo de vida. Ese cambio no será para peor, sino que sigue la máxima de “vivir mejor con menos”.

El autor se hace eco del decálogo del decrecimiento esbozado por Serge Latouche, que habla entre otras cosas de rebajar la huella ecológica y el gasto de energía de los países del norte, restaurar la agricultura tradicional, reducir el tiempo de trabajo y orientar el tiempo libre hacia un ocio creativo, fomentar la producción de bienes relacionales (enseñanza, salud, cuidados) frente a la de bienes mercantiles o reapropiarse del dinero que ahora entregamos a los bancos.

Un programa ambicioso que, sin embargo, cada cual puede empezar a poner en marcha por su cuenta; una vez más, es inútil esperar a que alguien de el pistoletazo de salida. Y este es un aspecto importante de los que trata el libro: el total desinterés, cuando no la franca ridiculización, del movimiento decrecentista por parte de los estamentos oficiales de nuestra izquierda política y social.

Carlos Taibo hace un repaso de lectura imprescindible por las principales agrupaciones de la izquierda (PSOE, IU, IA, partidos nacionalistas, sindicatos e incluso ONGs) para demostrar cómo su discurso y sus actos tratan, en el mejor de los casos, de remediar los males que ocasiona el capitalismo —aunque en la mayoría de las ocasiones se ocupan más bien de defender los postulados capitalistas—, pero jamás se cuestionan el sistema o proponen alternativas.

Pero aunque ninguno de estos grupos se acerca al movimiento decrecentista en sus programas, para cada vez más personas resulta evidente que la contestación al capitalismo tiene que pasar por volver radicalmente la espalda a sus postulados. El resultado no será un mundo más pobre o más infeliz; por el contrario, será un mundo donde la riqueza esté repartida de forma más equitativa, vivamos en un medio más sano que redundará en nuestra propia salud, disfrutaremos de más tiempo libre y reorientaremos nuestro ocio hacia las personas de nuestro entorno, en lugar de hacerlo hacia el consumo. Porque ya saben: otro mundo es posible.

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| Catarata | 2010