La gran separación – Jean Cocteau

La gran separación – Jean Cocteau

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La gran separación - Jean CocteauLa gran separación narra una historia de amor en la que, como en un juego de cartas, se enfrentan dos contrincantes. Serán, sin embargo, dos contrincantes de desiguales fuerzas: el uno, Jacques, un muchacho que conoce el amor por vez primera, y en el que si no encontramos inocencia, encontramos al menos inexperiencia. La otra, Germaine, una actriz de teatro acostumbrada ya a hacer trampas en el amor, que se encaprichará del colegial.

Jean Cocteau da la palabra a un narrador omnisciente, que sabe desde el principio cuál será el desenlace de la partida, pero que, pese a ello, se aplica en su labor. Entra y sale de los personajes, pero no los juzga, antes bien, tiende a justificarlos. Aunque, eso sí, los justifica desde la línea de llegada: los personajes actúan como lo hacen porque el fin de la historia es el que es.

Y es que de alguna manera la novela, aunque sigue una línea temporal lógica, está contada desde la perspectiva que da su final. El narrador no acompaña a los personajes, sino que los ve acercarse desde el desenlace. De esta manera, no tiene potestad para cambiar ningún hecho, aunque tampoco lo haría: la historia tiene que ser esa, no hay otra posible. Dados unos determinados personajes, con unas determinadas cualidades, el juego sólo puede desarrollarse de la manera en que lo hace. El perdedor está destinado a perder.

El perdedor es Jacques, y pierde porque es sólo un adolescente. El amor, e incluso la vida,  es un juego nuevo para él y no tiene muy claras las reglas. La belleza siempre le ha subyugado pero, hasta conocer a Germaine, se contentaba con imitarla, haciendo poses más para sí mismo que para los demás. Germaine le inocula la idea de que la belleza también se puede poseer. Y Jacques se entregará en cuerpo y alma a esa posesión.

Pero Germaine es como un tahúr: al jugar no puede evitar hacer trampas. También es quien da las cartas y decide por tanto cuando termina la partida y se rompe la baraja, dando paso a un nuevo jugador. Sin embargo, no puede considerarse que sea una mujer voluble. Una vez más, el narrador nos lleva a pensar que Germaine sólo puede actuar como lo hace, debido a la mano que lleva.

Pero Jacques no quiere cargar con el deshonor de ser el perdedor. Como apenas conoce el reglamento, intenta abandonar la partida, creyendo que Germaine le aprecia como jugador y deseará conservarle. Todavía no ha entendido que el juego lo dirige un tercero, llamémosle destino, que es quien decide cuándo puede uno levantarse de la mesa. Jacques deberá seguir jugando, a la espera de un nuevo contrincante. En él perdura la inocencia, puede que lo haga para siempre, pero al menos, ya tiene una experiencia.

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2 comentarios

  1. Hola!
    No se si será mucho pedir, ando buscando cómo bajar el libro “La Gran Separación”, sabés donde lo encuentro? Quedaría bastamente agradecida!
    bev

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