Parece muy necesario dejar reposar unos días la impresión que un libro nos ha causado antes de poder emitir un juicio apropiado sobre el mismo. Y digo esto porque la opinión que he formado de “La carretera”, novela por la que Cormac McCarthy ha recibido el Premio Pulitzer, ha variado un tanto desde el momento en que, hace aproximadamente una semana, volví su última página, como a continuación explicaré.
El argumento apocalíptico de “La carretera” me atrajo en cuanto lo leí en diversas reseñas sobre la novela, reseñas que además resultaron ser tremendamente halagadoras con la obra. Ciertamente es un libro que sabe enganchar al lector y que se lee prácticamente de un tirón, ansioso el que lee de conocer las vicisitudes que acontecen a un padre que lucha por atravesar un terreno desolado, acechado por mil peligros, en un intento de poner a su hijo de corta edad a resguardo.
El libro tiene varios aciertos. El primero, comenzar in media res presentando a los protagonistas de la historia, un hombre y un muchacho a los que McCarthy jamás designa por un nombre propio (en un intento tal vez de significar con ello que son simplemente dos representantes de la raza humana en medio de una tierra devastada), caminando hacia el sur en busca de un clima más benigno por una carretera que atraviesa parajes calcinados, pueblos abandonados, ríos sucios en los que no queda vestigio de vida. El yermo asolado que padre e hijo atraviesan es el tercer protagonista de la historia, aunque igualmente tampoco sabemos cuál es su origen. Pequeñas pistas se ofrecen sin embargo a lo largo del texto, apuntando hacia una catástrofe nuclear que terminó con la vida en la Tierra tal como la conocemos ahora, catástrofe de la que apenas existen supervivientes. Y este planteamiento de la historia, lleno de incógnitas, contribuye a que el lector se aplique a la lectura deseoso de conocer los detalles que McCarthy sabiamente raciona, manteniendo la incertidumbre y obligando al lector a suplir con su imaginación aquella parte de la historia que el autor no cuenta.
Otro rasgo afortunado de la novela es el lenguaje sobrio, incluso sombrío, del que McCarthy se sirve para contar la historia. Como el reflejo de un mundo sin futuro, el lenguaje se vuelve incisivo, parco, alejándose de cualquier intento de embellecerse, pero preservando a pesar de ello cierto grado de tétrico lirismo, del que el autor se sirve sobre todo a la hora de describir los paisajes desolados, cubiertos de ceniza, que los protagonistas atraviesan en su éxodo.
Pero por supuesto el mayor acierto es la historia en sí. La narración de la lucha por la supervivencia de un padre y su hijo que se encaminan hacia el sur huyendo del frío que como una maldición se extiende por toda la tierra, siguiendo una carretera abandonada que atraviesa paisajes calcinados. Una carretera que en el fondo no es más que un vestigio de lo que la vida fue antes de la hecatombe y que se convierte en un símbolo muy apropiado para representar nuestra civilización, pero que ahora se encuentra cubierta de una ceniza espesa que tapa el sol. Una carretera recorrida por hordas de hombres hambrientos que no dudan en matar (y comerse) a cualquier infeliz que se cruce en su camino, evidenciando que el hombre siempre está dispuesto a ser un lobo para el hombre, especialmente cuando las circunstancias son adversas.
Así pues Cormac McCarthy recrea una historia de supervivencia marcada por el agotamiento, el frío, el hambre y el miedo del padre, al que todavía asaltan recuerdos del mundo colorido que conoció en su niñez, antes de que fuese sepultado por toneladas de ceniza tóxica. Pero también quiere dejar el autor una puerta abierta a la esperanza, representada en la actitud cándida del niño cuya bondad sorprende pese a haber nacido y sido criado en un entorno hostil rodeado de muerte y destrucción, donde la vida es un esfuerzo continuo y conservarla un milagro.
Y finalmente eso es lo que pierde a McCarthy y lo que, una vez reposada la lectura de “La carretera”, hace que el lector se vaya desencantando. Esa puerta abierta a la esperanza que se condensa en un happy end que no contaré, cuando a lo largo de toda la novela se espera un final trágico (donde tal vez jugaría un papel importante esa última bala de la pistola con la que el hombre se defiende de los salteadores), un final a la altura de una narración que se ha complacido en representarnos el mundo, más que como un entorno destruido donde la vida se hace casi imposible, como un medio hostil donde la extinción del hombre ha de llegar de una manera u otra.
Porque sin ese final, que pudiera resumirse es un “No hay esperanza”, la novela flaquea, cojea y acaba por derrumbarse. No mientras el lector la devora, ansioso por conocer que deparará el siguiente tramo de la carretera a los protagonistas, pues ahí “La carretera” no desencantará a nadie, sino después cuando, ya terminada, el lector rumia la historia y analiza el poso que ha dejado y comprueba que, de alguna manera, la novela deviene en una simple historia de aventuras en un mundo devastado donde todo gira en torno a si los protagonistas lograrán sustento, ropa de abrigo o un lugar donde cobijarse al llegar la noche.
Le falta algo a la historia que la convierta en un ejemplo rotundo de la tontería y la maldad que gobiernan los actos humanos y que convierten al hombre en un ser capaz de destruir todo cuanto le rodea. O simplemente no le falta, si no que le sobra. Le sobra ese final la vie en rose.








No sé qué te diga, Zanziba, pues rastreando, rastreando también podríamos llegar hasta “La Odisea”, pasando por “La vida es bella” etc, pero me pregunto, ¿no hace eso el Arte en general a lo largo de toda la historia del hombre?
No sé qué pasará entonces, Ariadna, pero me parece que vale la pena la certidumbre terrible del final, a cambio de que el niño sepa lo que es jugar con otro niño, si ha de morirse que lo haga después de saber lo que es jugar de verdad.
Unas cuantas notas de la sinfonía que al parecer les han pasado desapercibidas, entre otras cosas para que nadie se precipite en catalogar de obra maestra los dos únicos libros que se lee al año, que no es posible tener tanta suerte.
1.- La carretera no es una obra maestra.
2.- Está atravesada por las imágenes del 11S
3.- Está construida sobre los cimientos de Robinson Crusoe, el guiño es tan descarado que incluso los protagonistas, como aquél, encuentran un barco español naufragado que saquean.
4.- El éxodo, con Moisés a la cabeza. Esta es una novela en la que la cuestión religiosa subyace todo el tiempo, y se pone de relieve en más de una ocasión, así como la idea del bien y del mal.
Finalmente, es llamativo que una novela con un lenguaje tan sencillo influya en la mente de sus lectores, o al menos los que aquí escriben, de un modo tan contradictorio, puesto que por alguna extraña razón se agarran a palabrones y pedantería sin esperanza para describirla o analizarla.
en realidad al niño se lo comen los buenos, pero eso ya era muy fuerte. Al que le sepa a poco que lea mas cormack, p ej sutree o meridianos de sangre
No creo que el final sea un punto flaco de la novela: los dinosaurios, al fin y al cabo, se convirtieron en gallinas. El punto flaco, es lo manido del tema, pero creo que con su calidad el autor lo salva. La vida sigue por mucha mierda que caiga.
Estoy totalmente de acuerdo en que el final de ‘la carretera’ flojea sobremanera.Mientras lees parece que la narración te conduce a pensar en que no hay esperanza y en el poco sentido que tiene sobrevivir en estas condiciones.Así que este final disney tan incoherente con el resto de la novela,no solo me irritó por lo fantasiosamente roussoniano(teoria del buen salvaje) sino porque encuentro estúpido y cruel condenar al personaje del niño a seguir vagando por un mundo asqueroso y deshumanizado,que tiene los dias contados y en el que ya no hay remedio ni vuelta atrás.
¿QUE PASSARA CUANDO SE ACABEN LAS LATAS DE COMIDA Y LOS HOMBRES PARA COMERSE?
El final es pésimo. Todo un final Made in Hollywood. Ciertamente decepcionante. Aunque mc carthy es un gran autor, pero el final de la carretera es de cuarta categoria. De aquí, a la china.
¿Un final rosa?, no creo. Me parece más inquietante y trágico el futuro que se vislumbra tras la última página, la prolongación de la agonía de un mundo sin futuro. De todos modos tu exposición me parece muy interesante.
Me ha gustado mucho este libro, aunque sea de los que te dejan un sabor amargo, porque a veces el autor te contagia la desesperanza que rezuma por todas sus paginas, que otra cosa es sino desesperanza cuando en un pasaje el padre, en su continuo peregrinar por la nada y sin destino, “se detuvo a pensar en su vida, pero no habia vida en la que pensar”. Menos mal que hay un resquicio al optimismo cuando el hijo huérfano, que es el portador del fuego que representa todo aquello que no es la barbarie, la violencia, el asesinato, el robo…encuentra a gente buena para poder seguir sobreviviendo por esa carretera que es LA VIDA.
¿Ehhhhhhhhh? pues no entiendo porque para tu gusto decae al final, a mi la narración me parece bastante lineal, y en fin, ya se que sería más morboso que el padre le reventase la cabeza al niño al final, pero que quieres que te diga, yo prefiero un final abierto, que en absoluto me creo feliz, porque no sabemos como acabará la cosa, si en realidad tendrán comida para sobrevivir, o simplemente es el caso de una muerte anunciada o ralentizada, por no pensar mal, y suponer que en realidad se van a engardar al niño para lo que todos sabemos.
¿Te parece un final feliz? pues que quieres que te diga, un niño solo, con una pistola esperando la muerte… en fin… cada uno puede pensar que es feliz… si, aparece otro hombre… algo bueno tenía que haber después de todo lo que ha peleado ese padre para salvar al niño, pero para nada, me parece un final feliz.
Lo cierto es que, tras encadenar varias títulos de corte espeso y de un pesimismo total, esta novela me dejó tocado unos cuantos días.
No considero, como muchos de los que comentan, que se trate de un final endulzado. Tengo la impresión, más bien, de que la historia nos deja como la encontramos, o sea, sin explicaciones. Diría que comienza y concluye “in media res”.
Una novela hipnótica y brutal, ha clavado intensas imágenes en mí.
Felicidades por este fantástico blog.
[...] Otro rasgo afortunado de la novela es el lenguaje sobrio, incluso sombrío, del que McCarthy se sirve para contar la historia. Como el reflejo de un mundo sin futuro, el lenguaje se vuelve incisivo, parco, alejándose de cualquier intento de embellecerse, pero preservando a pesar de ello cierto grado de tétrico lirismo, del que el autor se sirve sobre todo a la hora de describir los paisajes desolados, cubiertos de ceniza, que los protagonistas atraviesan en su éxodo. Pero por supuesto el mayor acierto es la historia en sí. La narración de la lucha por la supervivencia de un padre y su hijo que se encaminan hacia el sur huyendo del frío que como una maldición se extiende por toda la tierra, siguiendo una carretera abandonada que atraviesa paisajes calcinados. Una carretera que en el fondo no es más que un vestigio de lo que la vida fue antes de la hecatombe y que se convierte en un símbolo muy apropiado para representar nuestra civilización, pero que ahora se encuentra cubierta de una ceniza espesa que tapa el sol. Una carretera recorrida por hordas de hombres hambrientos que no dudan en matar (y comerse) a cualquier infeliz que se cruce en su camino, evidenciando que el hombre siempre está dispuesto a ser un lobo para el hombre, especialmente cuando las circunstancias son adversas. Así pues Cormac McCarthy recrea una historia de supervivencia marcada por el agotamiento, el frío, el hambre y el miedo del padre, al que todavía asaltan recuerdos del mundo colorido que conoció en su niñez, antes de que fuese sepultado por toneladas de ceniza tóxica. Pero también quiere dejar el autor una puerta abierta a la esperanza, representada en la actitud cándida del niño cuya bondad sorprende pese a haber nacido y sido criado en un entorno hostil rodeado de muerte y destrucción, donde la vida es un esfuerzo continuo y conservarla un milagro. presentando a los protagonistas de la historia, un hombre y un muchacho a los que McCarthy jamás designa por un nombre propio (en un intento tal vez de significar con ello que son simplemente dos representantes de la raza humana en medio de una tierra devastada), caminando hacia el sur en busca de un clima más benigno por una carretera que atraviesa parajes calcinados, pueblos abandonados, ríos sucios en los que no queda vestigio de vida. El yermo asolado que padre e hijo atraviesan es el tercer protagonista de la historia, aunque igualmente tampoco sabemos cuál es su origen. Pequeñas pistas se ofrecen sin embargo a lo largo del texto, apuntando hacia una catástrofe nuclear que terminó con la vida en la Tierra tal como la conocemos ahora, catástrofe de la que apenas existen supervivientes. Y este planteamiento de la historia, lleno de incógnitas, contribuye a que el lector se aplique a la lectura deseoso de conocer los detalles que McCarthy sabiamente raciona, manteniendo la incertidumbre y obligando al lector a suplir con su imaginación aquella parte de la historia que el autor no cuenta”. http://www.solodelibros.es/07/11/2007/la-carretera-cormac-mccarthy/ [...]
Pues yo opino que es una novela brillante, vamos, me la he leido en dos días, no podía despegarme de ella hasta saber el final. McCarthy te hace partícipe del relato de sus protagonistas y es de agradecer su final por lo duro que es todo el desarrollo del relato. Eso sí, utiliza bastantes referencias cinematográficas (Mad Max, Terminator…). Pero bueno, ya se sabe que todo está inventado…
Se me olvidó añadir que estoy muy de acuerdo con la reseña inicial: estamos ante una gran novela, pero sería una obra maestra si la hubiera cerrado en negro, sin concesiones al 11 M (opino yo: algo parecido le pasa a la película de Will Smith basada en “soy Leyenda” de Matheson, la novela es mucho más negra), como expresión de la real ausencia de esperanzas de muchos en estos tiempos. Para ello no es necesario que nadie muera, ni que la última bala cumpla su supuesta función; bastaría con haber terminado justo antes del encuentro con los supuestos “buenos”.
Como viejo lector de ciencia ficción, no me extraño ni el tema ni la forma de desarrollarlo. Ya en la década de los 60 salieron muchas novelas donde se recreaba el tema del derrumbe de la civilización; una de estos en especial, “La Tierra Permanece” de George R. Stewart, la describe en una secuencia que podría semejarse a obra de MacCarty. Sin embargo, teniendo ambas obras un final esperanzador, el tema de la deshumanización, se toca solo como una anécdota en La Tierra Permanece y no como el eje de la trama de la obra como en La carretera. La pregunta que queda como “tarea para la casa”, es ¿Quién, con su creación literaria tiene una real visión de lo que pasara, ante la circunstancias que se describen?. Angustiador dilema, y sin duda, mas angustiante la respuesta.
He leido la critica del libro de la señorita Castro, y lo que me pregunto es, para que un libro sea bueno, ¿es necesario que tenga un final trágico? ¿Que pasa,que los libros con final feliz no son buenos?
Siguiendo tu misma pauta en al críticar esta obra maestra, critico yo tu crítica. Me explico. Empiezas bien pero acabas muy mal. Estoy de acuerdo en todo menos en el final de tu crítica. Precisamente lo que no te esperas al final es precisamente lo que ocurre. Todos nos esperamos un final a la altura de los acontecimientos que vienen surgiendo a lo largo de los páginas… sin embargo McCarthy quiso dejar una ventana abierta a la esperanza. Que no abierta del todo diría yo, la supervivecia será dificil… Un libro grande, donde los haya. Estoy deseando ver la película, con el pedazo de actor que es Viggo Mortensen espero sepa estar a la altura.
Pues a mi si me gustó el final. Es un respiro para un libro demasiado duro.
Tampoco es una final rosa. Pensémoslo un poco, no deja de ser una tragedia.
En fin, una novela fantástica.
Es tremenda la historia. Sencillamente inquietante. Te bebes las páginas para ir a la siguiente y asi hasta el final. Es cierto que es una historia, pero el Planeta de los simios esta a la vuelta de la esquina, si seguimos por los derroteros de la política intenacional de las grandes potencias.
Hola, lei tu comentario acerca de La Carretera. En mi opinión la novela no se derrumba en lo absoluto hacia el final. Tampoco comparto que sea un happy ending. McCarthy logra hacer sentir al espectador (es una novela que más que leerse, se observa) la infinita tristeza del niño. Y lo que le depara es igualmente incierto, nada queda cerrado. La aparición del último hombre no es casual.
La pistola no estaba obligada a jugar un papel crucial y no tenía por qué hacerlo. Creo que de ser el caso, ahí sí el leector se hubiese ido decepcionado. Es un drama etéreo, obnubilado por la oscuridad, no podría acabar como película de acción.
En un mundo de esas características el recuerdo del mundo anterior es todo lo que queda como consuelo y así finaliza la novela, con ese párrafo lleno de lirismo, nostalgia y desazón. Parece ser un recurso muy utilizado por McCarthy, me dio la misma impresión con respecto al final de “No hay Lugar para los viejos” de los Coen.
En fin, por lo demás me parece que es acertado tu comentario, comparto mucho de tus otras ideas. Saludos
Hoy mismo he terminado la novela y dudaba si subir un comentario a mi web ya mismo o dejarla reposar, tal y como indica en el suyo. Finalmente me he decidido a subir un artículo ahora mismo y de ahí que haya encontrado esta página (buscando la portada del libro escaneada). He de decir que coincido plenamente con el análisis de la Sra. Castro. Pueden haber historias que otorguen algo de esperanza pero, en ésta, chirría un poco el final, no suena real. Por lo demás es un libro muy recomendable.
Saludos
Anoche terminé de leer el libro, que he deborado con una mezcla de fascinación y angustia…Para mí el verdadero protagonista del libro es el paisaje desolado, gris e inhóspito en medio del cual tienen que luchar por sobrevivir los escasos seres humanos que siguen vivos después de que ocurriera lo que parece un terrible holocausto, aunque McCarthy, sabiamente, en ningún momento explica cual ha sido el origen de tanta destrucción…El hecho de que tanto el padre como el hijo no se nos presentan individualizados, es decir con nombre propio, sino como representantes del género humano, que en la novela aparece dividido en “buenos y malos”, nos lleva a la reflexión sobre el pasado, el presente y el futuro de la humanidad, fundamentalmente a través del que considero es uno de los temas fundamentales en la novela: la insolidaridad…porque ¿qué ocurriría sí ante una situación tan desesperada, el ser humano se uniera para sobrevivir y no luchara con a un semejante por un alimento o un una manta?…evidentemente las cosas serían muy diferentes. Pero no es esa idea la que pretende mostrarnos su autor…sino la de un mundo desolado, donde , como bien alguien ha dicho anteriormente “el hombre es un lobo para el hombre”…También, y relacionado en el tema de la insolidaridad, está el tema de la incomunicación, que se refleja a través de los escuetos e intranscendentes diálogos entre el padre y su hijo.
En cuanto al final de la novela la aparición del desconocido y la unión del niño al grupo lleva, por fin, a la comunicación y a la solidaridad del ser humano, sin embargo la lucha por la supervivencia en un medio sumamente hostil permanece, si bien la esperanza es mayor ante la posibilidad de una lucha conjunta, que puede hacer a todos más fuertes mediante una especie de “contrato social” que se base en la ayuda mútua.
Tengo que decir que yo no tuve tan claro ese final feliz, no narró el momento en el que viera a los niños.Todavía pienso si estará bien el chico, si no se lo habrán comido el tuerto y su mujer.
Lo más destacable para mí es el contraste que logra el autor entre esas imágenes tan crudas y la ternura infinita de un padre por su hijo.
La elegante prosa, en el sentido más austero, que en un principio puede parecer tosca y limitada nos conduce exactamente a donde quiere llegar el autor ( es una interpretación) : A saborear la palabra ´patucos´ como nunca antes; es un canto a la insensatez de la tristeza , como tantos otros hubo pero cantada hoy, y una salve al amor. Solo una cosa no me impide ver la obra galopando, creo que en la naturaleza del hombre bajo situaciones extremas prevalece la unión y la cooperación. O quiero creer, mirad a vuestro alrededor y decidme cual de vuestros vecinos te mataría para comerte. O quizás serias tú el que le mataras a él para comertelo. Quién sabe. Buena lectura.
Para mí es una de las novelas del año, con un año de retraso. El final es previsible una vez que sabemos que la obra se enmarca dentro de la ciencia ficción apocalíptica: un fino rayo de luz en medio de un negro color ceniza; en realidad es casi un requisito del subgénero que haya “elegidos” -los buenos- que se salven de la hecatombe. Ya hay otros relatos que predicen un final sin salida, es decir, el fin de la especie. Sin mencionarlo directamente el autor nos introduce en un ambiente de “invierno nuclear”, que coincide con las previsiones de los científicos en el supuesto de que se desencadene un conflicto atómico en su versión actual.