Oblómov - Iván A. GoncharovEste es el libro que he leído durante mis deliciosas vacaciones de otoño. Elegir una lectura para las vacaciones es complicado: tiene que ser algo bueno. Durante el año no me importa leer cosas menos buenas, pero si durante las vacaciones el libro que leo no me convence, ese sólo hecho echa a perder una parte importante de esos días tan agradables en los que te libras del trabajo y la rutina diaria. Este libro no me ha defraudado, de hecho es ideal para un tiempo de asueto. Sentarme cada tarde a leer, aprovechando que en este tiempo oscurece pronto y que en una aldea asturiana hay poco que hacer cuando es de noche, ha sido una delicia.

Cuando se busca algo bueno que leer, siempre se puede confiar en los escritores rusos. Rara vez defraudan (a mi jamás, hasta donde recuerdo). El que nos ocupa es Iván A. Goncharov, un escritor cuya producción literaria no es demasiado extensa. Su obra principal es esta, “Oblómov”, que tardo diez años en escribir. Otras son “El declive” (1869), “Una historia corriente” (1847) y “La fragata Pallas” (1858). Con esta novela se acuñó un nuevo término: el oblomovismo.

“Oblómov” es la historia de un terrateniente ruso, caracterizado por la indolencia y la apatía, por no decir vaguería pura y dura. Tumbado en su diván y mirando al techo deja pasar los días. Aunque diversos problemas le acucian, principalmente el cuidado de su hacienda, que cada vez rinde menos beneficios, nuestro hombre deja pasar el tiempo meditando la mejor manera de resolverlos, sin determinarse a pasar a la acción. La sola idea de dejar su poltrona le produce desasosiego, y así va dejando que la inercia guíe su vida, que va de mal en peor.

Pero nuestro hombre tiene un amigo de la infancia, Shtolz, que es lo que podríamos llamar un hombre de acción, como decía Baroja. Es decir, su antítesis. Shtolz tiene una ajetreada vida, pero en el poco tiempo libre del que dispone trata de sacar a su amigo Oblómov de la pereza y desidia en las que vive inmerso; además de arreglar los asuntos del propio Oblómov.

Gracias a Shtolz, Oblómov conoce a una joven de la que se enamora. Entonces vive un despertar momentáneo. Lo que su amada exige de él, que arregle los asuntos de su hacienda, que esté al día de lo que acontece en el mundo, es demasiado para su desidia. Así, la relación acaba. ¿Con quien diríais que termina por casarse nuestra joven novia? ¡Con Shtolz, naturalmente! Juntos seguirán ambos velando por el entrañable Oblómov, que se hunde más que nunca en la indolencia hasta el final de sus días.

Es esta una novela excelente: sencilla (que no simple), ligera a pesar de sus casi 650 páginas, llena de un humor fino, de unos diálogos vivos. En mi opinión, tiene todo lo que hace genial a una novela.

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