Cut and Roll - Óscar GualChuck Palahniuk. Si lo han leído, ese es el nombre que se les vendrá a la mente cuando lean “Cut and Roll”, de Óscar Gual. Calcado. Idéntico. Mismas actitudes, mismos planteamientos. Mismas palabras. Mismas frases cortantes, secas.
Todo igual.
Hasta los puntos y aparte.
Conatos de homenaje aparte, lo cierto es que “Cut and Roll” sigue unos patrones clarísimos en lo que se refiere a su composición, e incluso a su trama. El característico estilo de Palahniuk se hace omnipresente a partir del segundo tercio del libro; sus peculiares tramas, lisérgicas y rozando el delirio más absurdo, también encuentran eco en esta historia; sus personajes inadaptados y antisociales dan forma al Joel protagonista; las referencias más o menos técnicas a ciertos aspectos poco conocidos de algunos temas (bonsáis, óptica, psicología) salpican toda la obra. La palabra “copia” viene a la mente mucho más a menudo que la palabra “homenaje”. No obstante, queda uno con la sensación de que esta obra tiene algunas virtudes evidentes, y que tal vez la inexperiencia del autor (ésta es su primera novela) y su palmaria admiración por el escritor norteamericano han deslucido un resultado que podría haber dado más de sí.
“Cut and Roll” narra la extraña historia de un joven que se dedica a cobrar deudas para una patrona con algo de demoníaca; esas deudas las contraen todo tipo de personas que, a modo de pacto con el diablo, empeñan partes de su cuerpo a cambio del éxito social. Joel es el encargado de cobrar esas piezas que sus dueños han vendido por un poco de fama y fortuna. La trama, como puede verse, es desquiciante, y con el paso de las páginas llega a convertirse en una amalgama de personajes estrambóticos, alucinógenas apariciones y catástrofes de proporciones bíblicas.
Creo que es de justicia reconocer que es insólito encontrar una novela de este estilo en el panorama literario español de nuestros días. Por una parte, los novelistas se suelen perder en vericuetos pseudosentimentales sin referencias concretas identificables; por otra, las tendencias del relato lo llevan hacia una realidad más interior que exterior, con un énfasis en la personalidad y sus variadas problemáticas. Encontrar un libro que se centre en el desarrollo de una historia (aun cuando puedan encontrarse objeciones —y se encuentran— a la misma) y en el aspecto más lúdico de la escritura es bastante raro hoy día. Es cierto que Gual introduce a lo largo de la obra partes que pueden verse como reflexiones o miradas acerca de temas diversos: arte contemporáneo, cinematografía, informática…; sin embargo, esas intercalaciones son más estéticas que de índole especulativa, y la mayoría queda en mera anécdota. Así ocurre, por ejemplo, con los extractos de códigos de programación, que en algunos momentos resultan divertidos, pero que no aportan nada a la historia. Más interesantes son algunas de las tesis que el narrador expone —inadvertidamente— acerca de las nuevas formas de arte y su dimensión social (y con las que comulgo por entero), o sobre la importancia desmedida de la reputación y la fama, eje sobre el que gira casi toda la trama.
La novela tiene puntos fuertes insoslayables, pero sufre algunos altibajos que le restan tensión y la hacen parecer desmadejada, frágil. Parece que Óscar Gual tiene buena mano para este tipo de historias, y no hay duda de que la propuesta tiene interés y fuerza, pero quizá se ha dejado arrastrar por la atracción de una trama que ha terminado por minar el conjunto de la obra. Su estilo, por ejemplo, es inconstante a lo largo del texto; el primer tercio del libro es descriptivo, reposado, con un cierto énfasis en la exposición de los acontecimientos y con claras referencias cinematográficas, mientras que a partir de ahí, como ya he comentado, el «estilo Palahniuk» se apodera de la prosa e incluso se agudiza en el tramo final, que llega al paroxismo de la frase cortante y el punto de vista surreal.
Con todo, la novela es atractiva; tal vez por su frescura narrativa, tal vez por lo inusitado de la propuesta o tal vez por la maña del autor para involucrar al lector en su desenfrenada sucesión de disparatados acontecimientos. “Cut and Roll”, con sus defectos, es una buena primera novela, divertida y vibrante, que engancha y hace pasar un buen rato. Es de suponer que Gual puede dar más de sí en lo que se refiere a la parte formal, porque está claro que su imaginación da (y, espero, dará) mucho de sí. Esperaremos.

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