Ventajas de viajar en tren - Antonio OrejudoAntonio Orejudo es un autor ya reconocido en el panorama literario español gracias a esta novela y la que publicaría años después en Tusquets, “Reconstrucción”, editada en 2005.

“Ventajas de viajar en tren” es una novela extraña; extraña por su narrativa, extraña por sus personajes, extraña por su historia. Sin embargo, aunque reconozco que me costaría hilar los porqués, el caso es que es una muy buena novela. También por varias razones, pero sobre todo por una simplísima: una vez terminada uno se queda con la sensación de habérselo pasado bien leyéndola. Y eso, la verdad, no es poco.

Tendré que confesar que no creo que sea una novela excelente. Mucho se habló de ella en su momento y a Orejudo se le señaló como una de esas ‘nuevas esperanzas’ literarias que tanta falta hacen a la crítica y -sobre todo- a las editoriales. Sin embargo, más allá de su entretenida historia, más allá de ciertos destellos de narrativa fresca y desenfadada, no encuentro mucho más. Supongo que, dados los tiempos que corren, coger una novela y divertirse leyéndola es suficiente, pero deberíamos (como diría la otra mitad de solodelibros) pedir más, ser un poco exigentes y tener los sentidos alerta ante los gatos que nos endilgan cuando queremos liebres.

Me explico: “Ventajas de viajar en tren” es un libro lleno de sentido del humor, escrito con un toque descarado que lo dota de desenvoltura, algo que no suelen tener muchos autores actuales; mucho menos los españoles, que aún viven bajo la égida del diccionario y de la gramática para poder contar historias que pocos entienden y a ninguno interesan. Pero el que la novela sea intrépida no significa que sea buena. En esta loca historia de desequilibrados mentales se perciben mañas de buen escritor -entendido como contador de historias-, pero me da en la nariz que Orejudo quiso rizar el rizo, escribir una obra que se saliese de lo habitual, y de tanto acelerar se salió de la carretera.

Uno sale de la lectura divertido y algo impresionado, es cierto, pero al cabo de unos minutos de reflexión cae en la cuenta de que no está muy claro que el autor quisiese contarle algo. ¿Eso es malo? Bueno, según para quién. Entiendo que una novela (no entraré en el cuento, el relato o la poesía) debe contar una historia; esa es su razón de ser, la única característica indiscutible que se le puede atribuir sin dudar. En “Ventajas de viajar en tren” Orejudo inicia varias líneas argumentales, pero no me parece que resuelva eficazmente ninguna. Es más: en ocasiones da la impresión de que la novela está urdida con fragmentos, como si varios cuentos hubieran sido enlazados para formar un todo mayor, aunque con poca fortuna. Algunos de esos relatos se solucionan más o menos de manera aceptable, con un final ad hoc, sin embargo, algunos cabos quedan sueltos.

Como he dicho antes, tengo la impresión de que Orejudo tenía muchas ideas revoloteando por su cabeza mientras escribía este libro; algunas de ellas fueron plasmadas con gracia y con efectividad, otras no. Con todo y con eso, “Ventajas de viajar en tren” es un buen paso hacia una nueva concepción de narrativa, menos encorsetada, menos pedante y menos atildada. No sé si su última novela habrá avanzado por esa senda; si es así, yo seré el primero en leer “Reconstrucción”.

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