Rojo y negro - StendhalEs casi imposible abarcar una novela como Rojo y negro con una breve reseña; y uno, desde luego, se considera incapaz de hacerlo. Stendhal creó una obra que no sólo se centra en la ascensión social de un joven de provincias, sino que incluyó en ella toda una serie de preocupaciones acerca de la situación de la Francia de principios del siglo XIX. Como es lógico, el paso del tiempo hace que las referencias a hechos concretos pierdan su capacidad emocional e informativa, pero la acción que el autor enmarca dentro de ese contexto no deja de ser una historia magnífica sobre la hipocresía social.

Julien Sorel, el protagonista de Rojo y negro, es una creación muy completa y llena de fuerza, sobre todo por su personalidad compleja y contradictoria. Las obvias diferencias entre sus aspiraciones y sus actuaciones en sociedad son presentadas por Stendhal con un estilo amargo; Sorel es producto de un tiempo en el que el fingimiento, la contención y la serenidad eran los únicos caminos que podían hacer prosperar a alguien dentro de una jerarquía casi impermeable. De ahí la inadecuación entre sus propósitos íntimos y los pasos que va dando en la vida real; y ejemplo perfecto es su admiración por Napoleón, que debe ocultar para evitar confrontaciones con la nobleza y la alta burguesía, aunque desprecie sus opiniones y actos.

La mudable conducta de Julien se explica por su afán de medrar en sociedad y de mostrar a los demás —y, sobre todo, a sí mismo— sus méritos. Sin embargo, es inevitable falsear su personalidad para que los Rênal primero y los de la Mole después acepten su presencia. Aunque se considera siempre un criado, Julien actúa con la superioridad moral que se atribuye por sus méritos y no hace sino despreciar a las personas que le contratan. Consecuencia de esta consideración es la relación que entabla con Madame de Rênal, una suerte de demostración de sus aptitudes, ya que cree seducir a la esposa de su patrón; otro tanto sucederá con los devaneos que tendrá con la hija del señor de la Mole, Mathilde, a la que ama no por sus cualidades, sino como símbolo aristocrático. Julien considera que la derriba de su pedestal social y, de hecho, considera un mayor triunfo el haberse impuesto ante otros rivales de noble cuna.

Quizá su vacilante carácter sea lo que le conduce hacia un malhadado final, ya que sus convicciones le obligan a reconocer su falta y aceptar su castigo. Es quizá controvertido el hecho de que Julien, hipócrita y arribista, se abandone a su suerte pudiendo salvarse antes de ser ajusticiado; después de contemplar su modesto ascenso en esa jerarquía social que tan repugnante le resulta, es difícil comprender su abatimiento último. Puede interpretarse como una suerte de sacrificio heroico, ya que Sorel proclama constantemente su admiración por la vida militar y sus acciones valerosas; o también como la asunción de su propio papel dentro de esa alta sociedad que le considerará siempre un inferior, por más méritos que pueda hacer. Una justicia punitiva, que sitúa al arribista en su lugar.

En todo caso, Rojo y negro es un bellísimo ejemplo de construcción de personaje, ya que Julien es un carácter completo y humano. Por supuesto, la novela se enaltece gracias a la portentosa escritura de Stendhal, capaz de proporcionar bellas escenas sin escatimar el sarcasmo y la crítica (como la llegada del rey a Verrières y la marcha organizada en su honor) con un estilo límpido y sencillo. Una maravillosa obra que con todo merecimiento ostenta el membrete de obra maestra.

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