Una casa en alquiler - Charles DickensAunque en el título de la reseña (y del libro) sólo se haga referencia a Charles Dickens, Una casa en alquiler está conformado por varios textos compuestos por algunos escritores más, en concreto Wilkie Collins, Elizabeth Gaskell y Adelaide Anne Procter; el propio Dickens y Collins abren y cierran el volumen con dos narraciones escritas al alimón. El objeto de semejante diversidad literaria fue la publicación de un número de la revista Household Words dedicado a un tema central que se convirtió en el eje de las aportaciones de todos estos autores.

Una casa en alquiler gira en torno a un misterioso edificio que Sophonisba, la anciana que narra (o comienza y termina narrando) la historia, observa desde su ventana. Esa casa en alquiler resulta oscura y desolada, y nadie parece habitarla; urgida por la curiosidad, solicitará la ayuda de su mayordomo, Trottle, y de su mejor amigo, Jabez Jarber, para conseguir averiguar el porqué del estado actual del edificio y qué se esconde tras sus muros. Seis textos distintos irán conformando el rompecabezas y arrojarán luz sobre esa tenebrosa casa en perpetuo alquiler.

El planteamiento, como verán, es atractivo, pero la resolución es poco menos que tosca. Quizá el intento de reunir distintos textos para construir una narración lineal sea encomiable, pero su ejecución no lo es tanto. Los relatos inicial y final, escritos a cuatro manos por Dickens y Collins, sientan las bases de la trama y la llevan a su desenlace: el primero hace gala de tensión e introduce los elementos de misterio, lo cual aviva la curiosidad del lector; el último nos pone ante una resolución inesperada, pero cargada de sentimentalismo y un tanto vertiginosa. Los textos restantes son, cuanto menos, superfluos, y es casi lo mejor que se puede decir de ellos.

El problema estriba en que estos pequeños retazos funcionan como historias autónomas, pero no como engranajes de algo mayor. El humor característico de Dickens, por ejemplo, aflora en “Entrar en sociedad”, donde el personaje del enano Chops nos trae a la mente algunos de los protagonistas más memorables del genio inglés. El talento para la intriga de Collins se hace patente en “El informe de Trottle”, con la incursión del mayordomo en la casa en alquiler. También la perspicaz mirada de Gaskell se aprecia en su contribución, “El matrimonio de Manchester”, menos emocionante que el resto, pero con un componente mucho más humano. La aportación de Procter en forma de poema es curiosa, pero poco relevante.

Se puede calificar al libro de mera anécdota: la historia es curiosa, pero la manera de abordar la construcción del entramado es burda y, como digo, los textos apenas tienen relación entre sí. Sólo los relatos inicial y final aportan algo de cohesión, pero no contribuyen a generar la sensación de estar ante un todo bien urdido. Por otra parte, y quitando fragmentos aislados, el tono del conjunto es pobre, escueto, falto de vigor. Tal vez por su cualidad de aportaciones para una revista los participantes no pusieran toda la carne en el asador, pero el hecho es que el libro, aparte de simple curiosidad, no reviste mayor interés.

Una casa en alquiler es, pues, un pasatiempo singular y con breves destellos de talento; una concesión a la espontaneidad cuyo máximo valor es el de reunir a un selecto grupo de escritores con la excusa de una historia común. Aunque divertido y tierno, no pasa de ser una anécdota y un hito menor en la trayectoria literaria de todos los implicados.

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| Alba | 2010