El desierto de los tártaros - Dino BuzzatiBuena parte de la obra de Dino Buzzati está siendo editada por la editorial Gadir de unos años a esta parte, haciendo un hueco en las librerías a este escritor relativamente desconocido fuera de Italia hasta hace poco tiempo. “El desierto de los tártaros” es, según parece, una de sus mejores obras, y tanto hacía que oía buenos comentarios al respecto que me decidí a leerla por fin.

Dicen de Buzzati (Borges en el prólogo, sin ir más lejos) que bebe de Kafka -y no sé el número de veces que habremos oído eso mismo ya-, de la narrativa fantástica de Poe, de la narrativa gótica y de quién sabe cuántas cosas más. Si uno se pone a bucear en el texto, puede encontrar rasgos de todas esas influencias, y quizá de más, pero la voz de Buzzati es bastante más personal.

Sin embargo, me ha decepcionado “El desierto de los tártaros”; y por una razón muy simple: por la evidencia de su trama. A grandes rasgos, y para no destripar demasiado la novela, diré que se cuenta la historia de Giovanni Drogo, un joven oficial recién salido de la academia militar que se ve destinado a la fortaleza Bastiani, situada en las montañas, alejada de la ciudad y aislada frente a un paraje desértico en el que se dice que habitan los tártaros. Drogo llega a la fortaleza abatido por la lejanía de todo lo que conoce y ama, pero al cabo de poco tiempo comienza a sentir la emoción que parece embargar a todos los militares que sirven en el lugar: la sensación de inminencia de la guerra, de que en cualquier momento aparecerán por ese desierto cubierto por las nieblas los enemigos provenientes del norte, y en ese instante la fortaleza será el único bastión que pueda contener la invasión.

Buzzati es parco escribiendo: la narración no ahonda en detalles sentimentales, y la única profusión estilística se da en sus descripciones del entorno agreste y escarpado que rodea al edificio militar. Este dato es importante para crear cierta atmósfera durante la historia, ya que la vida militar, estricta y severa, va haciendo que Drogo se someta sin saberlo a una disciplina que va más allá de lo castrense, puesto que es su propia vida la que está siendo sojuzgada, tanto por la fortaleza como por la naturaleza hostil que la rodea. En ese sentido, la novela logra infundir en el lector esa sensación de desapego y angustia que va anegando al protagonista.

…se dio cuenta Drogo de que los hombres, aun cuando se estimen, permanecen siempre distantes, de que, si uno sufre, el dolor es totalmente suyo, ningún otro puede hacerse cargo ni siquiera de una parte mínima, de que, si uno sufre, no por ello sienten los otros dolor, aun cuando haya gran amor por medio, y eso provoca la soledad de la vida.

Sin embargo, la metáfora del libro resulta tan evidente que acaba por resultar aburrida. La obviedad de la alegoría que Buzzati describe (una vida empeñada en perseguir ideales que nunca llegarán) es tal, que a mitad de la novela las desventuras de Giovanni Drogo se vuelven un tanto fatigosas. Su cambio de actitud hacia la fortaleza, de una repulsión inicial absoluta hasta un apego casi enfermizo, resulta forzado, imagino que por el empeño del autor en mostrar esa metáfora vital que trataba de plasmar en el libro. El resultado es que la novela decae según se va leyendo, puesto que el lector descubre rápidamente el propósito del autor y, lo que es peor, éste no consigue mantener la tensión inicial, alargando una trama que (en mi opinión) daba para poco más de un cuento largo.

Con todo y con eso, me quedo con la sensación de que Buzzati puede dar más de sí, y trataré de hacerme con algunos de sus cuentos, género en el que sospecho que se desenvolverá mejor.