Cuentos completos - SakiHace unos meses publicamos una reseña acerca de un libro de relatos de Saki , en el que se incluían una docena de historias absolutamente fantásticas. A raíz de ese descubrimiento no tardé en caer en esta recopilación completa de sus cuentos publicada por la editorial Alpha Decay y debo confesar que, si en su momento me pareció un autor formidable, hoy sólo puedo decir que Saki es una maravilla de la literatura. Por muchos motivos, claro, que trataré de dejar claros aquí.

Y el primero, desde luego, sería el finísimo sentido del humor que posee el inglés. La serie de historias dedicadas a Reginald (‘Reginald’ y ‘Reginald en Rusia’) son sencillamente fantásticas. En la mejor tradición de Oscar Wilde, con una mezcla sutil de ironía, crítica y mala leche, Saki urde cuentos que no siempre tienen como protagonista a ese Reginald del que sabemos poco, pero que tienen en común el humor —negro— y el cinismo. Estas series están compuestas de historias muy cortas, de un par de páginas (como casi toda la obra breve del autor), que suelen ser divagaciones o comentarios de Reginald, un joven acomodado con un carácter al más puro estilo de los personajes de Wilde: indolente, sentencioso y henchido de ingenio. Algunas de sus peroratas no tienen desperdicio, como ‘Reginald sobre las fiestas’ o ‘Reginald sobre las preocupaciones’. Algunas de las simpatías (y, sobre todo, las antipatías) de Saki también se recogen en estas historias, como en ‘El sexo que no compra’, donde su misoginia (perenne, pero inocua) se trasluce de forma elocuente; algo que se entrevé, con mayor o menor claridad, en muchos otros cuentos y, sobre todo, en la presencia recurrente de alusiones al movimiento sufragista, que llega a efectuar una aparición estelar en la Roma imperial en ‘El programa de gala’.

Otra de las más conocidas recopilaciones de cuentos es la de ‘Las crónicas de Clovis’, cuyo protagonista comparte rasgos principales —cinismo, socarronería— con Reginald, aunque quizá las historias de esta serie sean un tanto más oscuras, más críticas con la condición humana. Un cuento como ‘Ministros de la gracia’, en el que los principales políticos son sustituidos por ángeles que tratan de pacificar las sesiones parlamentarias, es un ejemplo perfecto de la visión penetrante y cargada de ironía de Saki, que desconfiaba de la voluntad humana de hacer el bien, incluso de la posibilidad de entendimiento. Sus personajes son siempre figuras extremas: bien cáusticos enfermizos que parecen estar por encima de las convenciones sociales (como Clovis, cuyas travesuras suelen suponer una merma considerable para la autoestima y reputación de sus víctimas), bien apocados e indecisos que no saben qué papel encarnar en el escenario —siempre surrealista y casi primitivo— social. Esto es ridiculizado al extremo en el relato ‘La transformación de Groby Lington’, en el que se muestra la influencia de un animal (algo externo, ajeno al ser humano) sobre un hombre normal y corriente, que se ve abocado a realizar actos poco naturales.

De hecho, esta última historia encaja perfectamente en la siguiente recopilación de cuentos, “Animales y superanimales”, donde Saki vuelve a poner en jaque las flaquezas humanas a través de ciertas comparaciones con los animales. Así, en ‘La loba’ un truco de magia sirve a Clovis (sí, al protagonista anterior) para ridiculizar, con saña inhumana, a un invitado de velada. Casi siempre esas puestas en evidencia revelan la baja opinión que el autor tenía de los convencionalismos sociales, las reglas de etiqueta y las normas clásicas de educación. Ejemplo perfecto de ello es ‘El día de Némesis’, en el que el personaje de Clovis fabula acerca de la posibilidad de celebrar una jornada en la que todo el mundo pueda desquitarse con los demás por las rencillas acumuladas durante el año. O ‘Una vida de zoológico’, en el que la protagonista expone su cruda visión de la sociedad a su tía mientras observan a unos animales enjaulados; los humanos nos engañamos para ser felices: «…podemos vivir una vida pequeña, irreal y estúpida [en nuestra jaula] y convencernos de que somos en realidad hombres y mujeres sin trabas que llevan una existencia razonable en un ámbito razonable».

“Los juguetes de la paz”, así como “El huevo cuadrado”, fueron publicados tras la muerte del autor. La línea que se sigue en ellos es la característica de Saki: realidad vista a través de un microscopio cínico. Por ejemplo, en ‘Los invitados’, un cuento que roza el surrealismo más total y que refleja la clase de convencionalismo a los que nos vemos abocados para mantener una ilusión de estabilidad y buena educación; o ‘Prevenida’, en el que la política (otra de las pasiones de Saki) y los engaños y retorcidas acciones que genera contribuyen a ahuyentar de la ciudad a una joven inocente. Por último, no se puede dejar de mencionar un rasgo constante en las narraciones del autor, y quizá de los más característicos: la maldad inherente que parece acompañar siempre a la infancia. Se puede hallar en ‘Morlvera’, o en ‘El estratega’, relatos en los que los niños son capaces de un refinamiento para la inquina y la venganza muy superior al de los adultos. Para Saki, los infantes pueden atesorar en sus corazones un odio y una capacidad para el mal indecibles, como en ‘La penitencia’, en la que una acción casi irrelevante casi le cuesta una hija al señor Ruttle. Por no hablar de ‘Sredni Vashtar’, del que ya hablé en la otra reseña y que me parece un cuento memorable, digno de figurar en toda antología del relato breve que se precie.

Y muchas, muchas más virtudes que me dejo en el tintero podrían dar una idea mejor de lo incomparable que resulta Saki. Han sido días de pura delicia el pasearme por estas docenas de historias que encierran lo mejor de la literatura: humor, ironía, sagacidad, inteligencia y, por encima de todo, la frescura de reírse de todo (incluido de uno mismo); quizá la mejor manera de encarar la vida. Se admiten sugerencias.

Más de Saki: