El Gran Gatsby - Francis Scott FitzgeraldPoco hay que decir sobre algunas obras, ya que su repercusión es tan grande que muchos lectores ya tienen una opinión bien formada sobre ellas. Puede ser el caso de El Gran Gatsby, novela magnífica donde las haya y que además se ha llevado al cine, por lo que su difusión ha sido mucho mayor. La obra cumbre de Francis Scott Fitzgerald sigue cautivando hoy como lo ha hecho siempre, ofreciendo una historia de amor imposible envuelta en los oropeles del lujo y la ambición; una historia repleta de glamour, pero también cargada de sensibilidad y con unos protagonistas inolvidables.

La novela es narrada en primera persona por Nick Carraway, un joven que después de su participación en la Primera Guerra Mundial se instala en una ciudad del este de Estados Unidos para iniciar una nueva vida lejos de su familia. Cerca de su casa también habita un antiguo conocido, Tom Buchanan, un adinerado y fanfarrón hombre de negocios casada con una prima de Nick, Daisy. La sorpresa aparecerá cuando el narrador descubra que existe una antigua relación entre un misterioso vecino suyo, Jay Gatsby —millonario y poco dado a las confianzas—, y su prima. La relación que se establece entre estos cuatro personajes marcará el ritmo de la obra, enfrentando a unos y otros y mostrando facetas ocultas de todos ellos.

La maestría de Fitzgerald es la de escribir una obra que, pese a utilizar personajes de una clase social alta, poseen características y actúan como arquetipos de cualquier tipo de persona. En el fondo, El Gran Gatsby no es sino una novela de amor: una enorme y arrolladora novela de amor que termina en desgracia porque sus protagonistas no aceptan la realidad tal cual es, sino que tratan de moldearla a su antojo. Obviamente, es lo que ocurre con el personaje que da título al libro: Jay Gatsby es el prototipo de «hombre hecho a sí mismo», un tipo ambicioso y listo que no duda en embarcarse en negocios oscuros para enriquecerse; todo ello con objeto de recuperar a Daisy, a la que cree su gran amor y a la que no consigue renunciar pese a su unión con Tom. Más allá del idealismo del millonario, incluso de la pasión que la joven prima de Nick y él se profesan, lo cierto es que existe una obsesión mal disimulada y peor controlada que, como no puede ser de otra forma, debe acabar en tragedia. El hecho de que el clímax de la obra venga de la mano de un personaje secundario es lo de menos; la verdad es que el amor de Gatsby es malsano: está contaminado por su propia visión de las cosas, que dista mucho de la realidad, aunque sí que existan unos lazos indisolubles entre Daisy y él.

De manera similar, los otros dos protagonistas masculinos, Tom y el propio Nick, también están aquejados de esa extraña incapacidad para comprender el mundo: el primero toma a su mujer como un simple trofeo, sin reparar en que detrás de su fachada mundana se esconde algo más; el segundo, seguro de sí mismo, no termina de juzgar con ecuanimidad las acciones de unos y otros, aunque su posición de observador (resaltada por su voz como narrador) le permita tener una visión de conjunto algo más clara que cualquiera de los demás. Por su parte, Daisy es mostrada con cierta sutileza, ya que más allá de su frivolidad aparente (que se percibe con claridad en sus diálogos, uno de los elementos más sobresalientes de la obra) encontramos una mujer que conoce muy bien a los demás y es capaz de valorarlos en su justa medida.

El Gran Gatsby es una novela de apariencia sencilla, pero con un trasfondo rico en matices y unos personajes llenos de recovecos. La nueva traducción que acaba de sacar la editorial Reino de Cordelia (a cargo de Susana Carral) ofrece una magnífica oportunidad para adentrarse en este clásico entre clásicos. Aprovéchenla.

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El Gran Gatsby | Francis Scott Fitzgerald | Reino de Cordelia | 2012