Burgueses y soldados es la primera parte del ciclo narrativo Noviembre de 1918 —traducido ahora por primera vez al castellano de la mano de Edhasa—, que Alfred Döblin dedicó a la revolución alemana que forzó el fin de la Gran Guerra y propició el inicio de la República de Weimar.
Döblin centra la acción en la región de Alsacia, y en su capital, Estrasburgo, que desde 1870 había sido anexionada a Alemania, pero que las condiciones del armisticio exigían que debía ser devuelta a Francia. Y de este modo recoge las múltiples facetas de un momento histórico donde confluyeron el fin de una guerra de dimensiones mundiales y el origen de una revolución con carácter internacional.
Döblin desciende al detalle para mostrar los diferentes sentimientos que el armisticio alumbró: la felicidad por el fin de la guerra se funde con la amargura de la derrota; el horror de quienes lucharon en las trincheras deja paso al temor ante la situación desconocida que se abre. A través de varios personajes a los que retorna una y otra vez a lo largo de la narración, el autor otorga una dimensión humana que voluntariamente elude lo épico.
Burgueses y soldados trasmite una visión poliédrica del fin del conflicto al recoger los últimos meses de guerra y la firma del armisticio, pero también la retirada de las tropas hacia Alemania, o el alegre recibimiento de los alsacianos a los franceses, mientras los civiles alemanes cruzan el Rin dejando atrás toda una vida. A la vez recoge las luchas de poder por evitar que la revolución triunfe o por eludir la autodeterminación de Alsacia y Lorena al margen de los intereses de Francia y Alemania.
El estilo conciso y dinámico y la narración simultánea de varias acciones aumentan si cabe el interés literario de una obra monumental que, por encima de una novela sobre el conflicto, es una novela de corte existencial. Porque los personajes de Döblin se plantean su situación en el mundo y su identidad con un sentimiento de alienación que resulta fácilmente extrapolable a toda la sociedad de la época. Al finalizar la guerra la incertidumbre ante el futuro y la certeza de los años, vidas y recursos perdidos recorren todos los estratos sociales. La paz no es suficiente recompensa por todo lo perdido, de modo que aflora un sentimiento de extrañeza, lo que no obsta para que la novela sea un canto a la paz:
- Es la paz, la vida. La vida… Te saludo, amable paz. Ahí estás. Sigue ahí. No me abandones más, amable paz. Venimos de la guerra… una larga, cruel y terrible guerra. Hemos hecho lo que hemos podido. Fuimos a ella jóvenes. Volvemos paralíticos, mutilados. Y sedientos, hambrientos de ti, febriles. La guerra era el despertador que rechinaba junto a nosotros, siempre pensamos: ya estamos despiertos, para, y no paraba, pero ahora está silencioso. Viajamos, venimos, paz, aquí estamos. Ah, volver a verte, volver a intentarlo todo, ya no creíamos que nos llenaríamos de esto.
Burgueses y soldados, inicio de Noviembre de 1918, recoge, a través de sus personajes, el intento de la sociedad de posguerra de reencontrarse a sí misma. De reanudar el hilo de la existencia que la guerra rompió, comprobando por el camino que demasiadas cosas han cambiado y que probablemente nada volverá a ser igual.
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Tomo nota de la sugerencia. Muchas gracias. Un saludo.
Acabo de marcar con una x el campo “Comentario solodelibros”, en el registro correspondiente a este libro. Una pequeña hoja excel me permite tener controlada mi biblioteca, y esta novela la adquirí al poco de su publicación, o sea que la tengo pendiente de lectura. Y es que, después de leer “Berlín Alexanderplatz”, cualquier cosa de Alfred Döblin me interesa. ¡Los libros, bendito vicio!, ya me acercaré al blog para dar mi opinión, cuando le llegue su momento.
¡Ah, sra. Castro!, como acepta que le den la matraca con las preferencias, apunte este librito, (no más de 130 páginas) : Franz Werfel, “Una letra femenina azul pálido”. Un auténtico descubrimiento que merece muy mucho la pena. Perdón por la digresión y muy buenas madrugadas.
Cordiales saludos a los seguidores de solodelibros