Una historia de la lectura - Alberto ManguelPoco a poco va disminuyendo el lote de libros que dejaron en mi casa Sus Majestades los Reyes Magos de Oriente… y sin embargo ese lote se ha visto desde entonces incrementado con regalos y caprichos, más libros fruto de las incursiones a la biblioteca (donde nunca voy a coger nada, para darle prioridad a lo que tengo en casa, pero donde siempre acabo cayendo). Y es que cuando uno es un lector voraz y compulsivo como una servidora, la cadena de libros que te amarra sólo hace crecer y amarrarte más fuerte. Bendita sea la cadena, aunque mi vida se asemeje al mito de Sísifo y jamás acabe de leer…

Pues de eso mismo que acabo de exponer trata “Una historia de la lectura”, el excelente libro de Alberto Manguel que todo lector que se precie de serlo debe leer. (Seguidores de Dan Brown, absténganse).

Alberto Manguel despliega en este libro una historia del libro y de la lectura común a todos nosotros. Nos habla de los inicios de la escritura, de las tablillas de arcilla de Sumeria, del poder de los escribas, de los reductos de saber en que se convirtieron los monasterios durante el oscurantismo de la Edad Media. De la revolución Gutemberg, de la lectura como acto social, de la traducción de textos y hasta de los ladrones de libros… Todo muy interesante y expuesto de manera clara y poco farragosa, lo que hace muy atractiva la lectura del libro.

Pero pespunteando esta historia de la lectura (que yo como estudiante de Biblioteconomía me tengo sabida y hasta aborrecida), esta “una” historia de la lectura única: la del lector Alberto Manguel.

El autor nos cuenta sus inicios en la lectura, los libros que le han acompañado, el vicio compartido con otros lectores o vivido en solitario, cada lectura que le llevó a otra y ésta a otras… Una historia personal, única, que cada lector vive a su manera.

Y es que Manguel quiere dejar claro la importancia del lector en ese proceso de creación que es la escritura. El lector es su destino y a la vez su origen. El lector “auténtico” debe exigir calidad, no debe entrar en ese comercio en que la literatura y la edición se están convirtiendo en esta sociedad de consumo.

La lectura, el acto privado de leer, con todo lo que conlleva de rebeldía, de acercamiento al saber, debe reivindicarse como el acto de poder que es. Por el poder que otorga existe la censura. Y por ese mismo poder los “productos de lectura” (imposible llamarles libros) que más se venden, jamás incitan a la reflexión, ni mueven a la acción.

Aparte de todo lo anterior el libro es una joya por su maquetación y sus ilustraciones. Aunque tiene dos inconvenientes: el peso y el papel satinado, que dificultan la lectura. Por lo demás, no tiene desperdicio.