Cuentos - Antón P. ChéjovA uno, que ya lleva escritas unas cuantas críticas, le acomete cierto temor al sentarse a redactar unas líneas sobre Chéjov. Primero, porque es evidente (al menos, para cualquiera que tenga la lectura como pasión) que es un autor mayúsculo, un auténtico genio de la literatura; y segundo, porque se ha dicho y escrito tanto sobre él que parece que cualquier cosa que se añada será banal e innecesaria. En cualquier caso, y como acaba uno de terminar este excelente volumen de cuentos de la editorial Alba (y que tiene unas cuantas páginas en blanco, pese a la calidad de la edición), me propongo comentar unas cuantas cosas para aquellos que tengan interés.

El libro está compuesto por sesenta relatos, algunos de ellos inéditos en castellano, que abarcan un periodo de tiempo muy representativo en la amplia y cuantiosa producción del escritor ruso. Aunque de temáticas muy diferentes, todos tienen características comunes, como es lógico; en el caso de Chéjov, sin embargo, esto es quizá más acentuado que en otros autores. Sus narraciones presentan un amplio abanico de registros, de voces y de estilos (no en vano su obra es tan extensa): desde los campesinos más pobres hasta los nobles más educados, mujeres y hombres, niños y viejos, todos los personajes posibles han sido utilizados en algún cuento. Pero la melancolía y la tristeza que fluye por todos ellos es un distintivo inevitable. Aun en las historias más optimistas, como puedan ser ‘La dama del perrito’, ‘La hija de Albión’ o ‘Cirugía’, se percibe una zozobra casi invisible, pero de extrema importancia en su literatura.

Como indica en la introducción Víctor Gallego, el sentimiento de angustia ante lo inevitable de la muerte y la fugacidad de la vida están casi siempre presentes en las narraciones de Chéjov. La exaltación de la existencia humana es evidente, pero el escritor parece hacer hincapié en el derroche que los hombres hacen de tan preciado don: quizá por ello un cuento como ‘Tristeza’ es tan desgarrador, tan intenso (y aprovecho el momento para exhortar a todo el mundo a que lo lea). Y no es, en absoluto, el único: en ‘Retrato de la señorita N.N.’, ‘En el carro’, ‘Vanka’ o ‘Las ostras’ (un prodigio de la literatura, por cierto), las situaciones a las que se ven expuestos los personajes ponen a prueba su resistencia moral, su entereza.

En general, los protagonistas de estos cuentos son siempre superados por unas circunstancias que ignoran por completo, o que les llevan a situaciones extremas. En ningún caso son capaces, por más voluntad y buena intención que ostenten, de cambiar a su favor los designios de una vida que parece escrita de antemano. Chéjov mostraba la fluidez de una existencia que posiblemente carece de rumbo, cuyos designios, si es que los tiene, son incomprensibles para el ser humano.

Pero lo más importante, y lo que más grata hace la lectura de estos cuentos, es que el escritor ruso consigue provocar en el lector sensaciones y emociones, pese a la amargura que invade su obra. Aunque el estilo del ruso pueda gustar más o menos (y a uno no le duelen prendas en confesar que no le atrae demasiado), es digno de experimentar la facilidad con la que el autor le sumerge en la historia, en la piel de los personajes, y sufre y ríe y canta y llora con ellos.

Y podría parecer poca cosa, pero todo aquel que disfrute con la buena literatura ha de estar de acuerdo en que, posiblemente, lo más importante de un buen libro es que te envuelva en su red y que la vida que corre entre sus páginas se convierta en algo palpable. Chéjov, sin la menor duda, es de los pocos que consiguen esto; y mucho más.

Más de Antón P. Chéjov: