Un castillo en la Tomana - Igor StiksHay ocasiones en las que un libro ve la luz por razones un tanto peregrinas. Por ejemplo, y hablando acerca de “Un castillo en la Romaña”, porque su autor gana el premio Slavic a la mejor primera novela en croata; o porque está nominado al IMPAC Dublin Literary Award. En fin…

El caso es que hay novelas cuya única razón de ser es la de haber sido publicadas en algún país lejano, por un autor desconocido, y cuyo agente se encarga de colocarlo como una de esas clásicas ‘nuevas promesas’ que de vez en cuando aparecen en el horizonte literario, sobre todo el europeo. Igor Štiks es bosnio, escribe en croata y vive en París; aparte de eso, como escritor no es que valga demasiado. Si su único mérito es el de ganar un premio literario minoritario, cualquiera podrá entender que no estamos ante ninguna obra maestra.

“Un castillo en la Romaña” es una novelita que narra dos historias de amor: la de un poeta italiano del Renacimiento y la de un joven fraile, refugiado croata, que en el presente cuenta su historia al propio narrador del libro. Estas historias naufragan al poco de comenzar la novela por dos motivos principales (y algunos secundarios). El primero, que la conexión entre ambas es inexistente, aun cuando en ella se basa buena parte de la carga sentimental de la trama; nada tienen en común salvo el destino trágico de los amantes, pero ni siquiera ese detalle está resuelto con pericia. El segundo, que la narración es inconexa, destrabada, se pierde en vericuetos verbales inútiles; el fraile se expresa con un desapego absurdo, dado que se supone que él mismo es el protagonista de su narración, y la historia del poeta italiano adolece de rigor lingüístico. Los capítulos alternos, que deberían proporcionar al lector un crescendo narrativo, lo único que logran es confundir y aturullar, no aportan nada a la construcción de un clímax. Además, los protagonistas de ambas historias, Enzo, Catarina, Petra, el mismo narrador, carecen por completo de sustancia, de interés; sus peripecias resultan tan ajenas que no conmueven en absoluto.

Todo ello es fruto de una escritura correcta, pero insípida. Štiks construye la novela con mañas de arquitecto literario, pero carece de recursos para rematarla convenientemente. El libro se cae de las manos en cuanto se leen las primeras páginas, y no consigue remontar el vuelo pese a las vueltas y revueltas de esos amantes desdichados.
Como conclusión, absolutamente desaconsejable.