El infierno - Henri BarbusseMe he acercado a esta obra esperando algo totalmente distinto, pero ya desde las primeras páginas he tenido que desechar mis ideas para asistir absorta a la reflexión más acertada acerca del ser humano que jamás he leído. O al menos, a la que más se acerca a mi propia visión del hombre y de la vida.

“El infierno” logra resumir en sus 250 páginas toda la esencia de lo humano, y Henri Barbusse sabe explicarla sin ninguna afectación y con total sencillez a través de una historia en apariencia banal. Un joven provinciano llega a París para trabajar, hospedándose en la habitación de una pensión. Pronto descubrirá que existe un agujero por el que puede contemplar la habitación vecina, tarea a la que se dedicará desde entonces, hasta convertirse aquello que observa en su obsesión.

La habitación contigua se convierte así en el escenario de todas las pasiones humanas: la vida, la muerte, el amor y el deseo, son representados por los distintos huéspedes que ocupan la habitación, ajenos por completo al ojo que los observa. Creyéndose seguros entre las paredes de la habitación, se muestran tal cual son en su ruindad, en sus anhelos, en sus miedos y en su belleza.

Nuestro joven reflexiona sin cesar sobre lo que observa. En ocasiones son los propios espiados quienes cavilan sobre los actos humanos, propios o ajenos, llenando las páginas de la novela de meditaciones sobre las fatigas de la vida, sus placeres y su brevedad.

Sublime es el capítulo dedicado a una pareja de amantes que se reúne en la habitación y que necesita recordar continuamente lo inmoral de su unión para mantener viva la llama de su pasión. La mujer siente miedo de la muerte, del paso del tiempo que ya comienza a marchitar su belleza. Su amado le canta una poesía en donde recoge, a mi entender, la vida entera: el trabajo como una labor estéril y agotadora, el amor como un bálsamo insuficiente para calmar todos los dolores de la vida, las renuncias continuas, las pérdidas incesantes, la maternidad como un acto estéril vencido de antemano por la muerte. Y al final de todo ello, la tumba, cuyo polvo nos tenemos que limpiar día a día mientras vivimos, pues la muerte nos marca cada jornada como ganado que un día pastará en sus campos.

Para el protagonista, la vida del hombre se resume en una única reflexión: queremos lo que no tenemos. No importa si lo tuvimos y lo perdimos, o si jamás nos será dado poseerlo; todo lo que el hombre hace, lo hace por obtener algo que no tiene y que desea, que necesita tener de forma perentoria, y cuyo anhelo le encrespa la sangre y no le permite vivir. Pero el ser humano no comprende que todo lo que busca está dentro de él. Nada hay fuera, lo exterior es sólo un reflejo engañoso donde se afana en buscar lo que, realmente, lleva en su interior.

Un libro único, precioso, exquisito.

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