Llevaba un tiempo queriendo conseguir algún libro de Carlos Castán desde que leí sobre su obra en algún blog cuyo nombre, por desgracia, no recuerdo. Cuando hace poco me enteré de que su segundo libro de relatos, “Museo de la soledad”, había sido reeditado, lo consideré una oportunidad; la entrevista que Miguel Ángel Muñoz le hizo en su blog me reafirmó en la idea. Y debería haber aprendido ya, después de años y años de lecturas, que hay que tener las esperanzas bien amarradas, porque no suelen dar muchas satisfacciones cuando de lo que se trata es de los primeros acercamientos a autores desconocidos; uno, al fin y al cabo, se arriesga muy a menudo, pero casi siempre sale perdiendo.
Con Castán ese fracaso ha sido doloroso por partida doble: primero, porque (ingenuamente) me había creado expectativas que no han sido satisfechas; segundo, porque es un escritor muy bueno, con un dominio del arte narrativo exquisito, con dotes evidentes para eso de la literatura. Es evidente que el segundo motivo hace que el primero duela mucho más, porque “Museo de la soledad” tiene algunos cuentos buenos, incluso muy buenos, pero la mayoría se pierde por una querencia incomprensible por parte de Castán al sentimentalismo más ramplón.
Abrir el libro y encontrarse con ‘Viaje de regreso’ y ‘Casi marino’ casi consiguió que abandonase la lectura nada más comenzar. Ambas historias parecen salidas de la pluma de cualquier jovenzuelo aspirante a escritor, loco de bohemia y arte y embriagado con el sonido de sus propios adjetivos. El encuentro del viajero del primer cuento con su pasado en forma de mujer es inocente, obvio y cargado de tópicos (el estudiante tímido e inconformista, la chica guapa y comprometida, el novio macarra y guaperas…), con un final sorpresa que apenas enmienda el desaguisado de afrontar la lectura de un folletín radiofónico pasado de moda. ‘Casi marino’ nos presenta una historia de amor atiborrada, de nuevo, de lugares comunes (la mujer solitaria, el hombre misterioso), con un desarrollo que hubiera podido ser interesante si no fuera porque la voz del protagonista, justo la que se debe descifrar —llenando el hueco que la narración de la mujer deja—, aparece de repente quitando cualquier aliciente a la historia y arrebatando al lector su posición privilegiada: la de intérprete. Un error pueril como pocos y que, como decía, casi me quitó las ganas de seguir adelante, si no fuera porque el estilo de Castán me pareció muy sugerente: al contrario que sus tramas, es seductor, vibrante, con metáforas originales y un lenguaje arriesgado y lleno de imágenes brillantes.
Una pena que la obsesión temática del libro lo eche a perder, al recurrir de forma insistente a la sentimentalidad inocente que termina por cauterizar cualquier atisbo de empatía que pueda sentir el lector. Apenas un par de relatos se salvan de esa tendencia: ‘El aroma de lo oscuro’, por lo inusual de su contenido dentro del orden general del libro (un relato con cierta atmósfera de horror); ‘Cenizas en los labios’, que acomete con brillantez una meditación sobre la soledad del creador, con reminiscencias Pessoanas; y el que para uno es el mejor cuento de todo el volumen, ‘De la suerte y de las cosas’, que cayendo también en ciertos defectos ya mencionados (una sensiblería edulcorada y peligrosa), trata con una serena honradez los amores de juventud, los ideales perdidos y la primera asunción de esa derrota continua que nos empeñamos en llamar «vida». Si bien Castán lo escribe desde una perspectiva casi sesentayochista, los argumentos y los personajes son muy creíbles, y sí que consiguen esa comunión —indispensable— con el lector.
El resto de las piezas del libro se enfangan en la plasmación de amores rotos y sentimientos traicionados, con un estilo que roza, en ocasiones, la novela rosa más acaramelada. Algunas, como ‘Con sangre entra’, se separan de la línea temática y tienen cierta hondura, debido, como dije, a la calidad del escritor; otras, como ‘Silencio tan de Silvia’, eluden la sensiblería y crean retratos más o menos verosímiles de las relaciones humanas (el primer amor, en este caso).
Muchas veces termina uno las reseñas tratando de «salvar» el libro, de remarcar las partes valiosas y soslayar las fallidas; no creo que todas las obras tengan algo que ofrecer, pero sí valoro el esfuerzo de los autores y no suelo ser severo. Con Castán no voy a hacer el esfuerzo de ensalzar lo bueno frente a lo malo: puedo decir de corazón que me ha parecido una tomadura de pelo el que se quiera hacerlo pasar (y se consiga, con la anuencia de críticos y editores) por un escritor serio que habla sobre un «universo avasallador y a menudo insoportable [que] nos deja temblando, al límite del precipicio, doloridos» (palabra de Antón Castro, en ABC) y que firma «relatos [que] son verdaderas medicinas para el alma» (Francisco Giménez García en Turia). Como casi toda la literatura española de los últimos veinte o treinta años, Carlos Castán se recrea en la sentimentalidad más fácil y melosa, disfrazando la vacuidad absoluta de su propuesta con unos ropajes estilísticos brillantes (al César lo que es del César) y una apuesta temática repetitiva, burda y ramplona.
Y da igual que en lugar de las consabidas novelas sobre corazones helados o blancos se concentre en el tan querido por muchos género del relato breve, que tampoco ha conseguido llegar (en este país) a ningún tipo de meta superior o más encomiable, porque el resultado es el mismo. Quizá vaya siendo hora de que los autores dejen de mirar hacia dentro (por no decir «hacia su ombligo») y se dediquen a percibir lo que ocurre a su alrededor; las miserias humanas no se dan sólo en el corazón de las personas: desgraciadamente, ocurren todos los días en este mundo, y alguien debería comenzar a narrarlas. Algo, por cierto, que se puede hacer con estilo, con honradez y mediante relatos, como se verá el próximo viernes.
Más de Carlos Castán:








He leído el libro y he repetido la lectura de algunos cuentos, lo que ya dice bastante de mi opinión. De hecho, me han prestado el libro y lo compraré mañana en alguna caseta del día del Libro.
Algo coincido con el Sr. Molina en sus críticas (que los temas elegidos por el autor están muy tocados anteriormente), pero en la balanza lo positivo llena todo su platillo y vence al poco peso de los defectos. Carlos Castán, a quien conocí personalmente en una tertulia literaria, desprende en sus cuentos todo lo que transmite en sus gestos, en sus movimientos, en sus miradas, incluso en su forma de hablar: un tumultuoso mundo interior al que da escape a través de la literatura con grandes cualidades de estilo, excelentemente dotado para la metáfora cuidada y para lograr (en algunos casos) finales sorprendentes.
Gracias a esa calidad, he podido soportar los punzazos que sus seres derrotados emiten en cada párrafo, alaridos de soledad, como el propio título anticipa. No es una literatura fácil, pero creo que es de altos vuelos, y que los halagos de los críticos no están nada viciados (si bien algunos son exagerados).
Espero que el Sr. Molina acepte también la crítica negativa que le voy a hacer. Según me transmite con la redacción de su reseña, interpreto que ha derivado en un derroche de envidia. Pierde la credibilidad usando términos y expresiones tan extremos que parecen más adecuados para un mitin político que para una reseña literaria.
Espero que, más de un año después, estos tonos ya se hayan suavizado.
Sr. Molina:
En vista de que alguna gente insiste en ensuciar esta web con sus peleas privadas, desearía sugerirle que bloquee la sección de comentarios de esta entrada.
Aunque ahora que lo pienso, Jesús, se me antoja que hay algo raro en todo esto: lees un libro de un autor, lo consideras plomizo, y a continuación te apresuras a leer su siguiente obra… ¿Es esto normal? Por si fuera poco, te tragas el programa de televisión dedicado a ese mismo autor, ¿No se parece esto a una obsesión enfermiza?
Ya le he dicho que no conozco al escritor (cosa que le extraña porque quizá éste es un mundo de amiguetes que se destrozan o se apoyan incondicionalmente atendiendo sólo a simpatías personales, no lo sé, de cualquier forma no es mi caso), para mí es sólo un excelente autor, profundo, complejo y de bellísima prosa, al que le debo unas cuantas horas de placer intelectual, nada más (y nada menos). El que parece tener una obsesión persecutoria hacia el escritor eres tú. Nada normal. Todo muy extraño.
Creo que “amenazó” con escribirla, no con obligártela a leer a ti, que puedes seguir tranquilamente con tus zafones, tus revertes o lo que sea que te guste; cualquier cosa tirando a sencillita, intuyo yo.
Gracias a Grogui por su aclaración, y que me perdone el bailador pues realmente es difícil distinguir a un psicópata de un delincuente, porque si en la siguiente escena del relato el protagonista no está en la cárcel y sí en el hospital, es licencia poética de Castán, al que pensé que el sr. Grogui sin duda conocería dado el panegírico exagerado que le dedicó. Hala, sr. Grogui, a conseguir dormir mucho más y mejor y a los demás insto a que se animen, pues sin duda conseguiremos para este autor el record Guiness de los comentarios, ya por encima de Dostoievsky y todo. Un poco más, y ganamos a Proust. Da miedo pensar que en página 2 nos amenaza con una novela, pánico y terror.
Mal puedo decir en el mensaje de arriba que el autor es “buena persona” cuando no lo conozco. Definitivamente, puede que salves muchas ballenas y muchas mujeres, pero leer no es lo tuyo.
Es desesperante esto. A ver: el “Farruquito” del relato es todo lo contrario a Farruquito real. Éste atropella sin querer, aquél queriendo; éste huye, aquél no… y por supuesto el personaje no está enamorado, como tú dices. Yo es que no sé cómo leéis las cosas, en serio, no lo entiendo. Mal puedo decir en el mensaje de arriba
En respuesta a Grogui, quiero decirle que a mí como lector me trae sin cuidado que este autor, llorón y plomizo, sea una buena persona. Pero ha hecho trampa: para demostrarme que es un ser “solidario” y “comprometido”, me blande sólo 2 cuentos discutibles del escaso medio centenar de relatos que tiene escritos en una década. ¿Y qué me dice del Farruquito enamorado o del niño del castillo que encontramos en su último libro?, ¿cómo me los defiende?, ¿me va a decir que es porque está “concienciado” con el maltrato a las mujeres?
Ayer el programa de libros de TVE, Página 2, estuvo dedicado a Carlos Castán. Se puede ver el video en la web del programa. Todavía no he leído el nuevo libro pero me gustaron mucho los anteriores, creo que es un escritor estupendo, capaz de sorprender y conmover con sus historias y dotado de un manejo del lenguaje fuera de lo común. Espero que tenga mucha suerte con “Solo de lo perdido” y también me gustaría saber la opinión del Sr. Molina.
A mí “Sólo de lo perdido” me ha parecido un libro sensacional. De principio a fin. Francamente, no encuentro lugares (como sí los veo a menudo en esta página, a veces adolescentes, de una madurez y un candor enternecedores). Ni tampoco entiendo qué quiere decirse con lo del nulo interés social de sus relatos. Está claro que no es un autor políticamente correcto ni trata temas “de moda” (aunque en “Con sangre entra” el argumento gira en torno a los ataques de nazis y el texto “Hasta siempre”, de “Sólo de lo perdido” no puede ser más político), más bien su interés se centra en indagar sobre la condición humana. Pero la sociedad está hecha de seres humanos, precisamente, y él abunda en los problemas de una época, los conflictos entre la responsabilidad y el deseo, la culpa, la impotencia. Creo que lo que no se le perdona fácilmente a este autor es su talento. Escribe tan bien como nadie lo hace desde años en este país de resentidos y novelitas ligeras y posmodernas, y su talento narrativo es sólo comparable a su inteligencia y a su humanidad, a su comprensión del dolor humano, a su empatía con los derrotados de todo pelaje.
Leído “Sólo de lo perdido”, un poco más de lo mismo. De acuerdo con la acertada crítica al Museo en solodelibros, en lo “perdido” nos encontramos de nuevo con la espléndida arquitectura formal que despliega Castán sobre los débiles cimientos de unos argumentos un tanto imposibles, con tópicos culturales y lugares comunes bastante algodonosos y discursos justificativos de seres inmaduros y autocompasivos, que nos resultan por ello no creíbles, inauténticos.
Faltan diálogos, por ejemplo, y otros recursos que los meramente narrativos y descriptivos, así como es nulo su interés social.
Carlos Castán goza de un gran apoyo incondicional de muchos lectores que esperaban con ansia su nuevo libro. Eso es indiscutible e independiente de la opinión de cualquier crítico.
El valor de la obra hablará por sí solo.
“Sólo de lo perdido” me ha encantado y le deseo lo mekor
Apreciados equipo de Solo de Libros,
quizás tengan razón. Ustedes no pueden controlar quién dice qué. No era esa mi intención cuando dejé mi comentario, pues eso se llama censura.
Simplemente me parecía despreciable que alguien se pase por aquí y comience a darnos voz a quien no la damos.
Triquiñuelas como esas me parecen lamentables.
Y sí, estoy de acuerdo, el responsable debería, por honestidad, dar la cara.
Pero, en fin, todo esto suena a pataleta de colegio, que yo, por mi parte, doy por terminada.
Yo también les enlazo a mi blog. Opiniones que no comparto siempre son bienvenidas.
Un abrazo y saludos.
Apreciado David González,
aunque consideramos que sobra dar una respuesta le aseveramos que, en efecto, en solodelibros nos limitamos a publicar los comentarios que los usuarios tienen a bien dejar. Como usted comprenderá, no nos dedicamos a comprobar quiénes son los firmantes de los mismos, ni a ir preguntando uno por uno si el comentario que ha dejado en la página es suyo o alguien ha usado su nombre sin su conocimiento. Creemos que, puesto que como asegura alguien le ha suplantado, investigar quién es el suplantador le corresponde a usted. Nosotros no podemos hacer más que esperar que el responsable lea su comentario y se decida a dar la cara.
Esperamos que tenga suerte.
Los leo desde el otro lado del charco. Sin haber leído el libro cuya crítica ha suscitado el incidente, me parece muy lamentable y hasta vergonzoso que una editora caiga en una polémica con un crítico adverso a una de sus publicaciones. Terrible desde todo punto de vista.
Saludos.
Acabo de leer la crítica y todos los comentarios… Como en algunos momentos parecía que se acababa el mundo o que algunos ponían en cuestión la validez y continuidad de Solodelibros, lo mejor que se me ocurre hacer es incluirla en mis enlaces, para que no se me olvide venir más a menudo y otros puedan llegar a ella a través de mi página.
Me parece ejemplar lo que hacen la sra. Castro y el sr. Molina, aunque muchas veces no esté de acuerdo con lo que dicen (faltaría más). Para ser sincero, lo que realmente me fastidia de este blog es que la mayoría de los libros reseñados no los he leído (y en general prefiero leer las críticas después de haber leído los libros, para ver en qué difieren de mi opinión y si me ilustran sobre algo que yo no haya visto; y no antes, que aunque no quieras condicionan tu lectura), pero esto es culpa mía, que no doy abasto.
Siempre es un placer venir a este blog a leer sobre libros e ir pulsando los enlaces que nos llevan a otros y a otros y a otros… No creo que sea fácil llevar ese ritmo de lectura y crítica, así que mis felicitaciones.
Sobre este libro de Castán no puedo opinar porque no he leído, pero no entiendo la virulencia con que se ha respondido a la crítica del sr. Molina. Él tiene su concepción de lo que debe ser la literatura y opina desde esa posición, naturalmente. Mejor saber por dónde van los tiros, ¿no?
Intuyo que la saña con que algunos han respondido es -prefiero obviar lo de la aparente Secta del Relato Corto- porque se han sentido dolidos en lo más íntimo y se han visto directamente representados en frases como “jovenzuelo aspirante a escritor”, “sentimentalidad más fácil y melosa”, “la novela rosa más acaramelada”… Claro, eso molesta a cualquiera. SI yo me sintiese identificado con eso también me fastidiaría. Si yo fuese Castán estaría molesto, obviamente. Pero los demás, ¿por qué?
Por otro lado, me alegra que los editores de Tropo hayan sabido rectificar. En internet son muchos los blogs que prestan atención a editoriales minoritarias, dando a conocer sus libros a mucha gente, que en los suplementos literarios y revistas jamás los encontraría. Lo que no se puede pretender es que todo sean críticas positivas y publicidad gratuita. Sería ridículo.
Al sr. Molina sí le pondría una pega importante. Es usted demasiado serio, le falta sentido del humor, yo creo que de literatura hay que hablar con más distensión (lo que no implica falta de rigor ni de honestidad, etc). Así después pasa lo que pasa. Todos tensos.
Lo dicho. Quedan enlazados desde ya.
Mi nombre es David González, de Aviondepapel.com y del blog El Hueco del Viernes. Veo con cierta preocupación y enfado que en este blog de Solo de Libros hay comentarios con mi nombre y con un enlace a mi blog. Sólo quisiera decir que nunca había entrado en esta web y que dichos comentarios no los he hecho yo. Que dé la cara el impostor. ¿O es que Solo de Libros responde en boca de los demás sin cotejar si las opiniones son de quien vienen que son?
Cito: “La diferencia está en que Castán tiene amigos y fans de su literatura. Hay que ver cuánto escritorzuelo opina con el buche de palomo sin tener nada que decir….”
¿He escrito yo este comentario? Pues no. ¿Quién me lo atribuye? Solamente Solo de Libros lo sabrá. Espero una rectificación. Muchas gracias.
La verdad es que es agradable que el fin de esta “guerra” (en la que comencé participando y luego me retiré al ver sus efectos) sea por parte de los principales contendientes.
Apuntar una cosa en ese aspecto. Cuando Solodelibros habla del esfuerzo del lector, de la frustración que siente al leer un libro que no le agrada, creo que desea interponer un elemento entre la obra y el lector totalmente artificial: el crítico.
Me explico, como lector, todos los que hemos participado en esta página somos lectores, cuando un libro no nos gusta simplemente lo dejamos y en las tertulias, con los amigos, en nuestro círculo, lo denostamos y ya está. No hay peor publicidad que esa. Ese libro está condenado a morir. Esa es la verdadera crítica.
En solodelibros parece que los lectores necesitemos alguien que nos indique que libros son buenos o malos, como los lectores nos tuvieramos que guiar por esas críticas. En este caso, tal vez lo doliente, como dice mario de los santos, y como defensor que soy del libro de Carlos, sea que el Sr Molina no empleo terminos de me gusta o no me gusta respecto al libro, sino de “bueno” y “malo”, y en eso, un reseñista que se dice honesto (y de lo cual no dudo después de como han sabido solucionar esta desagradable situación) es muy peligroso porque es caer en el mismo endiosamiento de los críticos de todos los periódicos que hunden o ensalzan autores a su voluntad, y que el mismo denosta en la crítica.
Por otro lado, no conozco la edición de Tropo, pero por lo que me he enterado, está muy cuidada. Entiendo, como autónomo que soy, que la edición ha debido costar mucho dinero. Esto hace que la situación de una y otra entidad no sea la misma, partiendo con mucha desventaja la editorial. Ya que a Solodelibros no le cuesta ningún dinero su vehemencia y puede hacer que, en cambio, Tropo pierda mucha de su inversión, siendo como es, en muchas opiniones, un libro salvable.
Por ese motivo, recomiendo que las críticas siempre sean del tipo “me gusta” o “no me gusta” ya que se puede hacer con la misma vehemencia de “es bueno” o “es malo”, que nadie podemos asegurar sin endiosarnos. Sabiendo que, siempre, si se es honesto, se puede criticar el libro sin tener que hundir ni a los autores (dándoles la oportunidad de mejorar) ni a las editoriales.
Gracias a Solodelibros y a Tropo por como han terminado esto. A partir de ahora prometo hacerme fan de ambos. Espero que de estas llamas aparezcan ansias de conocimiento que favorezcan debates constructivos sobre las obras. Todos los que hemos participados nos lo debemos y se lo debemos a Solodelibros y a Tropo.
Un saludo
Alberto Elorriaga
Muchísimas gracias, Mario, por tus palabras. Agradecemos sinceramente que desde Tropo seáis conscientes de que las cosas han tomado un sesgo desafortunado y lo expreséis aquí.
En efecto, cuando se realiza un trabajo que se entrega al público, hay que aceptar las críticas con mente abierta y aprender siempre de la experiencia. Al menos así lo creemos en solodelibros.
Sobre si la reseña es injusta o si su autor se excedió, como dijo aquél, “mejor no meneallo”. Creemos que sobra defender una vez más que el ardor es el sello de la casa. Alguien apuntó en uno de los comentarios que no se puede indicar a los demás cómo vivir sus pasiones, por eso resulta excesivo que sí se nos pida a nosotros cierta moderación. Obedecer a esa premisa sería renunciar a la esencia de nuestra labor, a nuestra independencia de criterio y a todo lo que nos mueve al desarrollar esta página.
En ese sentido nos gustaría hablar del esfuerzo que implica leer (obviemos el de recopilar las impresiones que la lectura ha suscitado y plasmarlas por escrito de manera que expresen con verdad nuestra sincera opinión). Hablas en tu comentario del esfuerzo del escritor y del editor, pero solodelibros es una página de lectores para lectores y consideramos que es el que lee quien termina la obra, quien cierra el círculo, y por tanto el esfuerzo del lector debe ser tenido en cuenta. ¿Y qué ocurre cuando ese esfuerzo no se ve recompensado?, ¿y cuando te enfrentas a una obra que ansías leer y página tras página ves que te decepciona? Porque en solodelibros siempre leemos lo que deseamos, aunque en ocasiones nos defraude y aunque haya quien crea que somos tan mezquinos que leemos sólo para hacer críticas negativas y desfogarnos.
En solodelibros seguimos adelante en esa búsqueda de nuevos títulos y nuevos autores que mencionas. Cada lectura es una apuesta y no esperamos ganar siempre. Lo que sí esperamos es ser siempre sinceros y honestos en nuestras reseñas.
No perdemos de vista tampoco que muchos de los comentarios no conciernen tanto a la reseña sobre el libro de Castán como a un gusto de ciertos autores por defender el cuento español contemporáneo a toda costa. Lamentablemente, en lugar de fomentar un debate que pudiera resultar enriquecedor, donde cada quien apuntase sus puntos de vista razonadamente, se pierde todo en un marasmo de descalificaciones que nada aportan.
Dicho todo lo anterior sólo queda presentarte excusas, Mario, por habernos ido un tanto por los cerros de Úbeda en cuestiones que poco tienen que ver con tu comentario. Y agradecerte nuevamente de corazón tus palabras, deseándote todos los éxitos con “Museo de la soledad” y con Tropo Editores.
Buenos días a todos. Soy Mario de los Santos, de Tropo Editores. En primer lugar me gustaría reflejar nuestro pesar por esta polémica que no beneficia a nadie. Ni a solodelibros, ni a Tropo Editores, ni, por supuesto, a Carlos Castan.
La verdad es que deseamos pasar página de este incidente tanto por la reseña, que desde luego nos parece totalmente inapropiada, como por las reacciones que ha suscitado por nuestra parte y por la gente que valora nuestro trabajo.
Entendemos que nos ha vencido la inexperiencia y el ímpetu, y que tal vez nuestra reacción ha sido excesiva. No creemos que la misión de una editorial deba ser el generar polémica respecto a sus críticas sino la de aceptarlas, a pesar de que puedan ser injustas. No queremos parecer unos niños que toman una rabieta porque les dicen que su juguete es feo. Es un incidente desagradable del que debemos aprender.
Nuestro análisis tampoco es óbvice para que creamos que la reseña es
terriblemente injusta y que el reseñante se excedió en su tratamiento del
libro, sin ningún respeto hacia el esfuerzo del autor ni del editor.
Lo que sí estamos seguros es que la vehemencia en las opiniones nunca es un defecto mientras se mantenga el respeto que todos nos debemos. Por ese motivo, pedimos perdón por las veces que hemos faltado y el daño que hayamos podido causar.
En todo caso, esa vehemencia debe permitir siempre que las reseñas se hagan siendo fieles a la impresión que el libro causa en cada cual, pero sin menospreciar la ilusión y el trabajo que dicho libro lleva detrás. El libro no ha recibido siempre reseñas positivas,hay de todo, según los gustos como puede verse en diversos blogs, pero sólo en este se ha perdido el respeto. En esta linea remarco las opiniones vertidas por el reseñante, marcada en el comentario 4 de Alberto Elorriaga, y que invito a controlar en las reseñas futuras.
En torno a un libro siempre hay muchas ilusiones y horas de trabajo. Rodean incluso al peor de los libros con la peor de las ediciones, y eso, independientemente de la calidad del mismo, siempre debe respetarse. No olvidemos que bastante mal está la lectura, como para desprestigiar nuevas aportaciones que tienen cosas que decir (tanto editoriales como reseñistas), y, peor aún, entrar en guerra entre nosotros.
Son de desear estos debates, ya que son necesarios tanto para el conocimiento crítico de las obras como para el enriquecimiento del bagaje cultural; animamos pues a seguir con ellos pero sin “buenos” ni “malos”, sino desde la búsqueda de nuevos títulos y autores que a unos gustarán y a otros no.
Ya bastante mal anda el mundo como para que la literatura, en lugar de unir, cree conflictos.
Muchas gracias por la reseña, muchas gracias a todos los que habéis participado en este debate. Deseamos lo mejor a Solodelibros y esperamos que a Tropo Editores se le conozca más por la calidad de sus ediciones y apuestas de sus textos, que por polémicas innecesarias.
Un saludo a todos
Mario de los Santos
Tropo Editores
No hay de qué, Sr. Bellver.
“Todo tan secreto” Por Carlos Castán
En todos los entierros hay un desconocido, alguien de aire grave en quien nadie se fija demasiado, que no es de la familia y permanece todo el tiempo con las manos atrás. Siempre me había preguntado por estos seres, de dónde salían, cuál sería su vida. En los viejos álbumes de fotos de la casa de Ágata los encontré a todos retratados, uno por uno, adheridos a aquellas páginas negras. Muchas veces iba a verla. Yo era joven, ella no. Y además estaba enferma, pero su pelo olía siempre a pétalos morados y la casa entera tenía el perfume de los libros salvados de un incendio. Todo ese verano fue mi oasis de sombra. Nos acostábamos en una alcoba oscura y luego ella preparaba café. Me gustaba ir allí, era todo tan secreto… Por las ventanas, a través de una maraña de ramas muertas, podía divisarse toda una posguerra detenida. Apenas hablaba, Ágata. Me enseñaba tesoros que escondía en los cajones de sus mil armarios: óleos diminutos, soldados de oro, azucareros chinos, pero sobre todo aquellas fotografías de desconocidos.
Era todo tan secreto que cuando murió nadie pudo decirme nada, y una tarde en que fui a verla a principios del otoño me encontré en el patio de la casa con una mesita de faldas negras llena de condolencias y tarjetas de visita con una esquina doblada. Me esforcé en sentir dolor, pero la sorpresa y el deseo reventado como un globo pesaban de momento mucho más.
Tras dudar un poco, decidí subir al velatorio. Quise ser el desconocido de turno en ese entierro, quizá porque estuve seguro de repente que, de ese modo, por un extraño mecanismo que nunca perseguí entender, mi imagen pasaría a formar parte de aquellos álbumes oscuros en la estantería de la sala, como una mariposa muerta. Y mi alma entonces, o algo parecido, se quedaría a descansar para siempre cerca de la alcoba, en aquella penumbra fresca con olor a agua de rosas.
A veces notaba cómo alguno de los familiares de Ágata me miraba de reojo, pero nadie se decidió a hacerme preguntas, de manera que toda la tarde pude permanecer allí, como un centinela que guarda los restos de un general acribillado, con aire grave, los ojos llorosos, las manos atrás.
* Carlos Castán es uno de los escritores de cuentos más sugestivos que han aparecido en España en estos últimos años. Ya su primer libro, Frío de vivir (Zócalo, Zaragoza, 1998; reeditado en Emecé), causó muy grata impresión. Después sólo ha publicado Museo de la soledad (Espasa Calpe, 2000; reeditado por Tropo Editores). Este microrrelato inédito forma parte del libro Sólo de lo perdido, que aparecerá en marzo en la editorial Destino.
…”resulta que íbamos a ser felices. Recorreríamos el mundo hasta cansarnos en trenes imposibles de un océano a otro, caminaríamos de la mano por todas las calles de Sanghai y Buenos Aires, haríamos teatro, acuarelas, canciones, y nunca se apagaría esa luna que entonces nos iluminaba, nunca, ni la fuerza de un amor que notábamos eterno en cada latido, enredada como estaba la fiebre y la inocencia” (del Museo de la soledad de Carlos Castán).
Con ficciones así, aunque terminen mal, cualquiera se plantea la realidad de exámenes y biblioteca. Por cada queja se me ocurre alguna ventaja, asi que he decidido no decidir absolutamente nada… demostrando, una vez más, las virtudes de callarse a tiempo. Bénditos personajes genéricos de la vida diaria; mientras la inmesa mayoría tratamos de convencer, convenciéndonos de paso, con absurdos méritos y protagonismos inciertos… disfrutais vosotros, casi en secreto, de la libertad que os aporta ese silencio… ese que nos da tanto miedo.
Echo en falta la lluvia, sin ella y sin mar, el sol no tiene más valor que el resto de la rutina. Nunca llueve a gusto de todos… y menos aquí.
A mí me parece que la gente está muy poco acostumbrada a las críticas, en general. Yo no comparto la opinión del Sr. Molina; me encantan los relatos de Carlos Castán y no creo que hablar de sentimientos, tan bien como él lo hace, sea, en ningún caso, sentimentalismo ni sensiblería, pero también creo en la libertad de cada cual para expresar en su propio blog su parecer, faltaría más. La unanimidad respecto a la obra artística debería darnos bastante miedo porque tendría más que ver con la fe y las creencias que con el arte que es, por su propia esencia, libre y diverso.
Tengo a Carlos Castán por un hombre inteligente y sensible, a tenor de su escritura, y le supongo molesto e incómodo, más que por la crítica en sí, por las defensas enconadas y excesivas que contienen algunos de estos comentarios, escritos, lo más seguro, con la mejor de las intenciones.
Señores, por favor, un poco más de cintura y sentido del humor.
Muy agradecido, señor Eduardo Albás, por su sapientísima intervención. Lo de fundamentalista y ansioso me ha hecho mucha gracia, porque quien me conoce un poco (ni siquiera hace falta ser mi amigo para eso) sabe que esos calificativos no van conmigo.
Mi comentario al que se refiere, sobre el libro de Impedimenta, no me parece inadecuado. Los que me parecen inadecuados son ciertos modos de hacer las cosas, sin ir de frente. Pero ese no es el tema, sino el libro de Castán. Creo.
A unos nos da por mojarnos y apasionarnos por unas cosas, como el cuento, o la buena novela, o la poesía descarnada. Otros prefieren la tabla rasa. En fin, yo no voy a decirle cómo debe conducirse usted.
Creo que hasta ahora he sido bastante educado en general.
Y que a Castán todo esto se la trae al fresco, pues le tomo por inteligente.