La confesión de Lúcio - Mário de Sá-CarneiroMário de Sá-Carneiro fue, junto con Fernando Pessoa y José de Almada Negreiros, uno de los renovadores de la literatura portuguesa. Influidos por las vanguardias del nuevo siglo, quisieron romper con la anterior concepción de la literatura. Esa asunción de la vanguardia es netamente palpable en “La confesión de Lúcio”, novela en la que De Sá-Carneiro sigue los preceptos del modernismo, engendrando una obra con un fuerte carácter onírico, casi mágico, que se desprende de una trama inquietante y, al fin, sobrenatural.

Lúcio es el sujeto de una extraña confesión, en la que piensa revelar la verdad sobre el asesinato que cometió sobre la persona de su amigo Ricardo de Loureiro. Lucio, que ha cumplido pena de prisión, sólo al recuperar la libertad, decide confesar las extrañas circunstancias del crimen, advirtiendo de antemano de su carácter, más que inverosímil, totalmente increíble.

La primera parte de la narración se deshace en extrañas descripciones, caracterizadas por la sinestesia propia del simbolismo, mientras el narrador cuenta cómo surgió en París su amistad con el poeta Loureiro. Ambos escritores, ambos seres hiperestésicos, se entregan por las calles de la capital francesa a analizar de una manera un tanto confusa sus sentimientos, sus impotencias, sus anhelos, su amistad.

Esas descripciones tienen un tinte alucinado, de ensoñación, a la vez que son profundamente visuales. En ellas los colores, los olores, las ideas, se mezclan en un todo inquietante y desvariado. Pero es en esas descripciones que inician la obra, cuando ambos amigos se revelan el uno al otro sus atormentadas esencias, donde se encuentra la clave de lo que sucederá después; si bien es cierto que en ocasiones la atención del lector no logra quedar atrapada en esa telaraña de hilos tan sutiles.

Es tras el regreso a Portugal de ambos amigos cuando la acción toma impulso al narrarse la relación adúltera que Lúcio inicia con la mujer de Ricardo. La representación de una sensualidad refinada, hipnótica, pintada de rubores y dorados, se entremezcla con las dudas de Lúcio acerca de la personalidad desconcertante de su amada.

Esta no tiene pasado, ni parece tener presente más allá de su entrega a Lúcio. Su inquietante presencia, como si fuera un ser sin esencia, un extraño fantasma, desconcierta a su amante, a veces enardeciéndole, a veces haciéndole detestarla hasta la nausea. Celos, dudas, el deseo y el odio van minando la mente del protagonista, cuyas circunvoluciones se narran en un estallido de artificios, de ideas insólitas, de descripciones inverosímiles.

Como inverosímil es (ya advierte el narrador de ello al comienzo del relato) el final de la obra. Final que, a pesar de su carácter extraordinario, el lector va adivinando en el discurrir de la acción. Aunque el autor dosifica la tensión, aumentándola gradualmente y obligando a subir al lector por la escalera de los acontecimientos, éste asciende por ella con una cierta reticencia, temiéndose ese final inexplicable que acaba por suceder.

Es cierto que el final no puede ser más acorde con el resto de la obra, con su carácter desquiciado de mal sueño, pero de alguna manera no tiene la fuerza suficiente como para conmocionar al lector, sorprenderlo o sobrecogerlo.

Será que los gustos literarios de la que escribe se orientan más a una literatura pegada a la realidad, que ya de por sí es bastante fantástica.

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La confesión de Lúcio | Menoscuarto | 2008