La velocidad de la luz - Javier CercasEs difícil escribir una novela repleta de imágenes sugerentes y plantear una serie de cuestiones tan espinosas como procedentes sin caer en un sinfín de tópicos literarios y desmadejar la narración. Cercas ha conseguido, sin embargo, contar una historia llena de sentimiento (que no sentimentalidad), profunda y evocadora a través de una trama ágil, narrada de forma sencilla, pero intensa.

El protagonista llega a Urbana, una pequeña ciudad de Estados Unidos, como profesor ayudante del departamento de español. Allí traba amistad con Rodney Falk, un excombatiente de Vietnam, cuya introversión le fascina y cuyos consejos literarios atesora en su bisoña carrera como escritor. De vuelta en España, años después, el éxito de uno de sus libros le sume en una corrupción personal desconocida, pero tiempo atrás augurada por Falk. Abocado a la tragedia íntima, el protagonista vuelve a Estados Unidos con el propósito de encontrar respuestas que sólo su antiguo compañero y mentor puede darle, intuyendo que el infierno del veterano de guerra acaso sea la odisea de toda experiencia humana.

Cercas es un gran escritor, de eso no cabe ninguna duda cuando uno lee esta novela. Sin embargo, hay un par de puntos en su trama que adolecen de defectos menores, pero importantes. El primero, y capital, es que la historia es intensa y fulminante, pero manida y tratada con una perspectiva novedosa, pero falaz. Las tragedias personales que padecen los dos personajes principales se examinan bajo la misma lente, pero son radicalmente opuestas; resulta un tanto inverosímil comparar el daño que puede provocar un éxito mal asumido con las secuelas que deja la participación en una guerra; aunque es una jugada arriesgada, y se agradece que el autor asuma riesgos, no deja de ser una pirueta excesiva. Es posible, no obstante, que la cantidad de películas, libros y documentales que versan sobre el desastre de Vietnam contribuyan a desmedrar el interés que pudiera suscitar.

Por otro lado, las peripecias del protagonista son, en ocasiones, tan manidas y obvias, que deslucen el sufrimiento que llegan a causar. La literatura como exorcismo es un recurso ya explotado con anterioridad por otros muchos autores, y no deja de parecer traído por los pelos en una historia como esta. Quizá por ese motivo, las partes del libro que transcurren en Urbana son las más entretenidas y logradas, con una prosa de estilo fluido, sencillo, pero que encierra un alto contenido emotivo y visual.

Aun con todo, el logro de Cercas merece un gran elogio. Apartándose de la corriente imperante en la literatura española, que cae una y otra vez en un flujo de conciencia más que superado, el escritor apuesta por una trama interesante, sorprendente, con vueltas de tuerca y misterios que se desvelan conforme avanza la lectura. La capacidad de fabulación del autor es muy de agradecer en un panorama en el que las novelas del ‘yo’ empalagan por su irrealidad y su desmesura egotista. En la línea de Vila-Matas o Javier Marías, Javier Cercas redefine el concepto de narración en primera persona para aunar en su libro varios géneros, pero unidos de manera sugerente y correcta.

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