El gigante enterrado – Kazuo Ishiguro

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El gigante enterrado - Kazuo Ishiguro

La narración de El gigante enterrado entronca con las fábulas tradicionales y las leyendas mitológicas, pero también presenta unos rasgos de modernidad (en cuanto a introspección y penetración psicológica) que la diferencian mucho de aquellos. Kazuo Ishiguro ha pergeñado una suerte de cuento folclórico que aúna leyenda, fantasía y épica, pero también una mirada tierna sobre la necesidad de la memoria o del olvido.

En verdad hay que reconocer que la trama de El gigante enterrado no tiene una relevancia capital en el conjunto de la historia. Un matrimonio mayor, Axl y Beatrice, habitan en un paraje indeterminado de la antigua Inglaterra medieval. Aquejados por una extraña amnesia que les nubla todos sus recuerdos más íntimos, deciden emprender un viaje en busca de su hijo, que creen que habita en un pueblo no muy lejano, aunque no consiguen recordar las causas de su marcha. En su periplo se toparán con un guerrero que busca respuestas para su señor; un anciano caballero de Arturo que persigue una hembra de dragón desde hace lustros; unos extraños monjes cuyos propósitos son desconocidos… Los objetivos de todos ellos se entrelazarán de una forma u otra para dar pie a una historia de recuerdos y venganzas.

Hay que reconocer que Ishiguro pone el acento en los entresijos psicológicos de la historia, dejando a un lado ese viaje casi iniciático o de formación que llevan a cabo Axl y Beatrice. El autor se detiene en los sutiles detalles de los recuerdos de ambos y en los posos sentimentales que van dejando tanto los recuerdos recobrados como las impresiones de las personas con las que se van cruzando.

En esta fábula lo de menos es lo que les va ocurriendo a los personajes, sino esas sutilezas que van surgiendo cuando toman conciencia de los hechos acontecidos en el pasado. Para el matrimonio protagonista esos hechos tienen que ver con sus lazos amorosos, con su relación de pareja y las decisiones tomadas respecto a su familia. Para el guerrero, Wistan, guardan relación con la misión que le ha encargado su señor: con su pertinencia y la justicia que entraña. Para el resto, su pasado y sus acciones marcarán el devenir de sus actos y decisiones.

Ishiguro desgrana con una sutileza extrema esos pequeños detalles que a veces revelan deseos inconfesados, miedos atávicos o esperanzas frustradas. El problema es que no siempre esa delicadeza para con los pormenores de la memoria es clara: en no pocas ocasiones las pinceladas del autor no bastan para ilustrar la revelación de un personaje; el lector debe rellenar ese hueco, pero con escasa o nula información. El sentimiento o la intuición sobrepujan al conocimiento y, por tanto, la aleatoriedad de los juicios es insoslayable. Es obvio que no se pueden esperar certezas de una obra de estas características, pero no lo es menos que el autor se esmera más en sembrar pistas sobre los personajes que en proporcionar rasgos definitorios que nos ayuden a interpretarlos.

Si dejamos de lado esto, aun con esfuerzo, El gigante enterrado se presenta como una fábula muy bien narrada, con un exquisito uso del lenguaje y de la cohesión textual; un cuento de fantasía que explora la importancia del recuerdo (o del olvido) para construir nuestro presente. Aunque Kazuo Ishiguro prefiere detenerse en los silencios (con el inconveniente descrito), la verdad es que la sensación última del lector es la de ser testigo de una construcción: la memoria como cimiento de la personalidad, como andamio para conformar nuestra visión de los demás, del futuro y de nosotros mismos. Un bello relato urdido con maestría literaria, sin duda.

1 Comentario

  1. Qué alegría, un libro que leí en Abril del 2015, cuando salió a la venta en inglés. Me ha gustado mucho esta reseña, coincide con mi experiencia lectora. Cierto, Ishiguro es único para crear ese ambiente en el que la frontera entre lo que pasa fuera y en la mente de los personajes se disipa. En una entrevista le escuché decir que, tras un año de trabajo, o ciertas páginas, su esposa le dijo que mejor comenzara de nuevo el libro, porque no sonaba al periodo en el que transcurre. El lenguaje que empleó nos envuelve en el periodo en el que transcurre, se nota una vez leido, su cuidado y atención a los detalles. Es uno de mis autores favoritos.

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