El ocaso de los superhéroes – Deborah Eisenberg

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El ocaso de los superhéroes - Deborah EisenbergDe los últimos libros que uno ha leído (sobre todo en lo que se refiere al género breve), éste ha resultado ser un gran descubrimiento y una recomendación para todos los interesados en la buena literatura, la que no se acoge a cánones y es brillante en su estilo y en su mensaje. Deborah Eisenberg, de quien no había oído hablar antes de sumergirme en su libro, es una escritora inteligente, que observa lo que ocurre a su alrededor y saca conclusiones, aunque la plasmación que de ellas haga no sea evidente.

En la tradición (minimalista, o comoquiera que se la pueda o deba llamar) de Raymond Carver y Richard Ford, Eisenberg elabora situaciones en las que los personajes se enfrentan a sí mismos, a sus miedos y deseos, casi siempre con consecuencias poco agradables —y no por ello menos humanas. Sin resultar tan desapasionada y amarga como el primero, la autora da cuenta de momentos álgidos en las vidas de los protagonistas de sus relatos, exponiendo su incertidumbre ante la realidad de una manera clara y elocuente. Dentro de la narrativa norteamericana actual, que se descuelga tanto con visiones novedosas como con experimentados trasnochados, Eisenberg ofrece una literatura sencilla y elegante, inteligente e incisiva.

Dice la contraportada de esta edición que tras leer las historias de esta narradora «entendemos un poco mejor el mundo, sus absurdos, sus tragedias». Uno no cree que entienda mejor nada después de leer los seis relatos que componen “El ocaso de los superhéroes”, pero sí creo sentirme bien cuando veo reflejados en algunos de los personajes sentimientos que he tenido alguna vez, pasiones que me han hecho sufrir o dudar. No creo que la literatura ayude a comprender algo —y mucho menos el mundo—, pero sí que puede reconciliarnos con esas partes de nosotros mismos que nos negamos a diario, sea por temor o por vergüenza.

En general, no podría decir cuáles de los cuentos del libro son mejores, porque los seis tienen una calidad muy alta y tratan temas muy interesantes. Para mojarme un poco confesaré que el que da nombre al volumen me ha parecido soberbio, y por dos razones muy sencillas. La primera es, como ya apunté antes, el estilo de Deborah Eisenberg. La norteamericana esgrime una prosa de corte sencillo, casi simplista, sin retórica, con un manejo espléndido del punto de vista (casi siempre un narrador en tercera persona, pero con perspectiva omnisciente e interna), un pulso efectivo y nada sensiblero para los argumentos de corte sentimental y una capacidad notable para el desarrollo de la trama y el mantenimiento de la tensión narrativa. En resumen: una escritora muy dotada.

Y, en segundo lugar, la otra razón que me ha hecho entusiasmarme con el primero de los relatos ha sido su temática. Aunque la tragedia del 11-S apenas se menciona explícitamente (y aunque mucho se ha hablado ya sobre ello; incluso unos cuantos libros de ficción que desde hace poco comienzan a aparecer), aquel fatídico día marca el relato de Nathaniel, un joven arquitecto que vive con unos amigos en un piso de Nueva York. A través de su visión y la de su tío, de sus recuerdos y sus sensaciones, asistimos a un cambio generacional, no sólo natural (de padres a hijos), sino social (antes y después del ataque contra las torres). Y lo magnífico de la historia es que Eisenberg no cae en sentimentalismos fáciles u obvios, ni en conclusiones más o menos evidentes, sino que se centra en la experiencia de un ser humano enfrentado a algo que no comprende, algo que solamente intuye y cuyas consecuencias sobre sí mismo son muy simples: ese algo le aterra. La visión de Lucien, el tío de Nathaniel, corre paralela a la del joven. Lo que aterra a Lucien no es el desconocimiento de su entorno, de la realidad social, sino su propio desconocimiento: su imparable carrera hacia la muerte.

Como ya digo, ese primer relato me ha parecido fascinante, pero cualquiera de los otros es igualmente interesante. ‘Un Otto diferente, y mejor’ es un delicado y bello ejemplo de lo complicadas que pueden ser las relaciones personales, sobre todo las familiares. ‘Te guste o no’ también habla sobre las relaciones, con especial énfasis en las afectivas, y lo desdichado que puede ser el ser humano en su invariable ensimismamiento. Muy bueno es el relato que cierra el libro, ‘Un defecto de diseño’, de nuevo un retrato cercano y cínico del comportamiento familiar y los lazos (a veces tan frágiles) que unen a unas personas con otras. Quizá el más flojo, por ponernos críticos, sea ‘Ventana’, en el que una mujer se enfrenta a un hombre que la maltrata y huye a casa de su hermana, reflexionando durante la historia respecto a lo que ha vivido; y digo flojo porque resulta algo previsible y es el que más roza el sentimentalismo, aunque tiene momentos realmente vívidos.

En suma, “El ocaso de los superhéroes” es un magnífico ejemplo de que el relato corto es un género que sigue a la vanguardia de la literatura, que abre puertas y esboza miradas inteligentes y desusadas, y Deborah Eisenberg se ha convertido para uno en una escritora a descubrir. Muy, pero que muy recomendable.

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