Eso no puede pasar aquí – Sinclair Lewis

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Eso no puede pasar aquí - Sinclair Lewis
Eso no puede pasar aquí se inscribe en el género distópico que otras grandes obras (como 1984 o Un mundo feliz) han hecho célebre, si bien en este caso el premio Nobel estadounidense Sinclair Lewis toma como referente las pujantes dictaduras que se iban instaurando en Europa. Imaginando un futuro en el que el devenir del país corre la misma suerte que Alemania o Italia, el autor muestra con una crudeza teñida de ironía las consecuencias de la toma del poder por parte de un puñado de fascistas disfrazados de demócratas. El fanatismo, la piedad, la valentía y la crueldad son las constantes en una obra que emociona, pero también golpea al lector sin piedad; no solo por los contenidos (evidentemente escabrosos en algunos capítulos), sino por la vitriólica crítica que Lewis lanza contra la estolidez humana.

La novela se centra en la figura de Doremus Jessup, un apacible director de periódico local en el estado de Vermont; aunque crítico con el gobierno, su actitud y costumbres son las de un burgués acomodado sin mayores problemas. No obstante, toda su vida (y la de sus vecinos) da un vuelco cuando un lenguaraz candidato a la presidencia, Berzelius «Buzz» Windrip, consigue ganar las elecciones en 1936; con una retórica campechana y un programa generosamente irrealizable logra encandilar a todas las jerarquías sociales, si bien por motivos muy distintos. Al poco tiempo sus medidas ponen de relieve que pretende instaurar una dictadura en toda regla: creación de una fuerza militar (los Minute Men) al servicio del gobierno; supresión de derechos; encarcelamiento de opositores… Doremus y algunos otros personajes entenderán, quizá demasiado tarde, que Windrip tiene tanto de bobo con ínfulas de grandeza como de peligroso dirigente.

Sinclair Lewis recrea con escalofriante humanidad el surgimiento de una situación que deviene incontrolable y caótica; el enunciado del título, repetido por varios de los protagonistas en los primeros compases de la obra, no es sino una irónica suposición que se demuestra errónea cuando el presidente Windrip y sus secuaces alcanzan el poder. Lo curioso es que Doremus es capaz de intuir la amenaza que constituye el aspirante a dictador, pero no solo no puede convencer a sus conciudadanos de ello, sino que apenas admite ante sí mismo la magnitud de lo que se avecina. Avanzada la obra se percata de su error y así lo expone:

La tiranía de esta dictadura no es culpa del Gran Capital ni de los demagogos que les hacen el trabajo sucio. ¡Es culpa de Doremus Jessup! De todos los Doremus Jessup serios, respetables y perezosos que han dejado que los demagogos tomen el control sin protestar con suficiente intensidad.

Más allá de la crueldad implícita en una trama que muestra el auge de ese fascismo de apariencia edulcorada, lo que pone los pelos de punta es la capacidad del autor para señalar los auténticos vacíos morales de los que hacen gala muchos personajes. La reflexión del protagonista enunciada más arriba es la prueba evidente de que Lewis quiere mostrar los efectos perniciosos de la apatía, de la permisividad o de la despreocupación por la res publica. Windrip y sus secuaces son personajes malvados y codiciosos, pero el horror más inquietante es el asistir al cambio de actitud de los conciudadanos de Doremus: bien sea por su sometimiento al nuevo orden, bien por su alegre adhesión al mismo.

Lejos de convertirse en una fábula derrotista, la novela se centra en reflejar los cambios que la insólita situación del país provoca en los distintos personajes. Por ejemplo, mientras que Doremus abandona poco a poco su postura contemporizadora y termina por revelarse como un luchador con sólidas convicciones morales, algunos de sus conocidos se sumergen en la red de pillaje y extorsión nacida a la sombra del nuevo gobierno. Como demérito de la trama cabría señalar que la mayoría de personajes secundarios son un tanto esquemáticos: arquetipos de los «malos» y los «buenos» que el autor utiliza para desarrollar los acontecimientos. Afortunadamente, este hecho se compensa con la coherente progresión de los protagonistas principales: el propio Doremus, su hija Sissy, su mujer Emma, etc.

Eso no puede pasar aquí es un texto de brillante factura, pero sobre todo de brillante trasfondo. Las reflexiones y críticas sutiles que Sinclair Lewis nos obsequia son inteligente, amén de muy pertinentes en una época tan convulsa como la actual. La delgada frontera que separa la razón de la barbarie está presente en esta novela que, hoy más que nunca, debería ser lectura obligada para todos.

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1 COMENTARIO

  1. Si claro fue un autor prolífico , pero no se nada de esta novela hasta hoy sobre tema político , y si de otras como , Cárcel de mujeres. Calle Mayor y mas obras literarias , gracias por su informe .

    Jorge López Zegarra

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