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Pan - Knut HamsunPan es una de las obras más célebres del también célebre Knut Hamsun. Su título alude al dios griego y toda la obra puede ser entendida como un canto a una vida primigenia en medio de la naturaleza, ajena a los convencionalismos sociales.

El libro está narrado en primera persona, con escuetos monólogos interiores donde la esencia del personaje protagonista aflora sin tapujos: impetuoso, torpe, orgulloso, susceptible, apasionado, tímido… El teniente Glahn recuerda en sus páginas, unos años después de que sucedieran, los acontecimientos acaecidos durante un verano pasado en el norte de Noruega.

Allí pretende vivir con la beatitud del buen salvaje. En una sencilla cabaña en medio del bosque, con la sola compañía de su perro, dedica jornadas enteras a la caza. Come aquello que puede procurarse con su escopeta o su caña de pescar y emplea su tiempo en recorrer la espesura, seguro de que la naturaleza le habla en un lenguaje que pocos elegidos conocen.

Pero con ese regimen de vida el teniente Glahn no parece buscar tanto la felicidad como alcanzar una especie de trance, una exaltación espiritual propiciada por la soledad y el contacto con la naturaleza. Knut Hamsun logra representar ante el lector con verosimilitud y delicadeza el extraño estado espiritual que Glahn alcanza y su gradación día a día, como una especie de personal descenso a los infiernos del yo. Las descripciones de su deambular por los bosques tienen un tinte onírico y algunos sucesos —como cuando el teniente se autolesiona— solo pueden ser pensados y ejecutados por una mente alucinada.

Resulta evidente que algo falta en esta trama. Aciertan: la mujer. El teniente Glahn se obsesiona con la joven hija del acaudalado comerciante del pueblo próximo. Mantienen un idilio sobre el que Glahn apenas esboza unos detalles, aunque debe suponerse que la intensidad de su relación con Edvarda es fulminante. De hecho, se puede decir que esa pasión contribuye a su estado enajenado, a la vez que su estado enajenado contribuye a esa pasión.

La relación con Edvarda, por otra parte bastante breve, está salpicada de desencuentros y malentendidos que soliviantan al teniente Glahn. Hay celos, juramentos apasionados, lágrimas, encuentros clandestinos, aunque todo se relata de una manera fragmentaria, como corresponde a los recuerdos de un verano que ya quedó atrás. En cualquier caso resulta fácil colegir que Glahn pierde la cabeza por Edvarda.

Sin embargo, a pesar de su papel protagónico, Edvarda no es la verdadera causa desencadenante de todo cuanto sucede en Pan y de la tragedia que cierra la obra. A pesar de sus pretensiones de vivir al margen de la sociedad —de la pequeña sociedad del pueblo vecino—, el teniente Glahn acaba por verse mezclado con la misma. Y no meramente por sus escarceos amorosos con la hija del prócer del villorrio, sino por sus escarceos con Eva, su amante.

Eva es la verdadera causa de cuanto acaba por sucederle a Glahn. Y lo es aun cuando él permanezca ciego a todo cuanto no sea Edvarda. Incluso cuando el propio autor tampoco parezca concederle la menor importancia a la humilde y oscura mujer del herrero. Sin embargo, Eva es a la vez instrumento y víctima del destino y la pieza fundamental de Pan.

Knut Hamsun parece querer recordarnos con esta breve novela que es absolutamente imposible vivir ajeno a la sociedad de los hombres. Esta siempre aguarda en la sombra para hacer pagar cualquier comportamiento que pretenda ignorar sus normas. Aunque el precio acabe por pagarlo la persona equivocada y, como casi siempre en la historia de la literatura universal, la víctima acabe por ser una mujer.

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El cielo desnudo - Herbjørg WassmoCon El cielo desnudo cierra Herbjørg Wassmo la Trilogía de Tora, con la que creó uno de los personajes juveniles más entrañables, al que cuesta decir adiós al volver la última página de este tercer volumen. A lo largo de la trilogía hemos visto crecer y madurar a la pequeña y desvalida Tora y, sobre todo, esforzarse por alcanzar una vida libre de temor. Sin embargo, Wassmo demostrará que para los desvalidos casi siempre es difícil huir del propio destino.

En La habitación muda, segundo volumen de la trilogía, Tora se enfrentaba a un terrible suceso al finalizar el libro. Al comenzar el tercer volumen, la autora retoma la acción en el punto exacto donde la dejó para ir dando cuenta de las horribles consecuencias que el nefasto acontecimiento tiene en la existencia de la muchacha.

Encerrándose en sí misma una vez más, la joven Tora tratará de seguir hacia adelante. A pesar del tormento interior que sufre, se volcará una vez más en los estudios de bachillerato que cursa en la ciudad, lejos de su pueblo natal. Sin embargo, esa nueva seguridad que había aprendido al saberse lejos de casa, la ha abandonado definitivamente. Su estado mental es cada vez más confuso y únicamente tiene clara una cosa: no desea volver jamás a la Isla.

Cuando además pierda el apoyo de su tía Rakel, la única persona que conoce su atroz secreto, la carga de Tora se hará insoportable. En un intento de distanciarse de una realidad cada vez más difícil de ser vivida, la joven empezará a fingir que es otra persona. Pero finalmente, la crudeza de los hechos acabará por imponerse y Tora, cada vez más frágil, habrá consumido ya sus reservas de fortaleza para hacer frente al horror.

El cielo desnudo es tal vez la más dura de las novelas que componen la Trilogía de Tora. Si hasta ahora parecía que, pese a sus difíciles inicios en la vida, a la joven protagonista podría aguardarle un futuro esperanzador, Herbjørg Wassmo va en esta última novela poco a poco dando un giro que acaba con la esperanza. Tora no sabe resignarse mansamente como su madre, pero tampoco puede ser fuerte como su tía Rakel; Tora es simplemente Tora, y en la dura vida del norte de Noruega parece no haber lugar para ella.

Sí lo hay, sin embargo, para los malvados. Henrik, el padrastro que sometía a Tora a abusos sexuales, no pagará por sus actos. Si con esto Wassmo nos enseña que la justicia —humana, divina o del tipo que sea— es una entelequia, comete sin embargo el error de restar consistencia a un personaje clave. Si hasta el momento Henrik había sido un hombre cuyos complejos le arrastraban hacia la violencia ejercida contra los más débiles, en El cielo desnudo se convierte en un hombre inofensivo, casi manso, lo que resta coherencia al conjunto del volumen.

Sin embargo, la escritura sin alambicamientos de Herbjørg Wassmo confiere una fuerza magistral a esta última novela de la trilogía. Con su sencillez construye imágenes, sensaciones, efectos que retratan a la perfección la atmósfera cada vez más agobiante, más falta de equilibrio, que reina en el interior de Tora.  Y concluye con acierto la historia de un personaje que nos acompañará para siempre.

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Por senderos que la maleza oculta - Knut HamsunPor senderos que la maleza oculta es la postrera obra de Knut Hamsun, uno de los escritores más relevantes de la literatura noruega. Escrita al final de su vida, cabalga entre el diario y las memorias, sin pertenecer a ninguno de los dos géneros, y reúne una serie de anotaciones fragmentarias y dispersas que recogen sobre todo reflexiones, pero también anécdotas o recuerdos.

Estas anotaciones fueron escritas durante su cautiverio por el apoyo prestado al régimen de Quisling durante la ocupación nazi de Noruega. Comienzan en 1945, el mismo día en que Hamsun fue detenido, y se prolongan a lo largo de tres años, hasta el momento en que recibe la condena inculpatoria por traición a la patria. Se puede decir, por tanto, que el hilo conductor de estos apuntes será la lenta marcha del proceso judicial al que el escritor se enfrentó.

En efecto, muchas de las observaciones del noruego se relacionan con su cautiverio y las condiciones del mismo. Hamsun fue primero sometido a arresto domiciliario para enseguida ser trasladado a un hospital, de donde pasaría a una residencia de ancianos, a un hospital psiquiátrico y de vuelta a la residencia de ancianos. En todo ese tiempo el noruego no se rebeló ni una vez a su destino y en todo momento asumió su culpabilidad por los actos de los que se le acusaba.

De sus apuntes se desprende que, con más de ochenta y cinco años, le preocupaba poco el castigo al que la sociedad y la justicia pudieran someterle; hacia el final de su vida, su entorno apenas era un marco en el que se sucedían las estaciones, mientras Hamsun estaba volcado hacia su interior, rumiando recuerdos y meditando sobre su vejez. Tal vez porque, además, la mayoría de la gente seguía demostrándole un enorme reconocimiento por su relevancia como escritor.

No obstante, sí le molestaba que la resolución de su causa se prolongase en el tiempo. Después de que, en un principio, se le tomara declaración en varias ocasiones, la fecha del juicio comenzó a aplazarse sine die. A Knut Hamsun parecía preocuparle que la muerte le llegara antes de haber sido juzgado, probablemente porque esperaba el momento del juicio para dar su versión de los hechos sobre su traición a la patria. De hecho, Por senderos que la maleza oculta recoge, casi al final de sus páginas, su alegato ante el tribunal y concluye, poco después, en el mismo momento en que la sentencia es dictada.

La única salvedad a su tranquila aceptación de la detención preventiva fue su ingreso en la Clínica Psiquiátrica de Oslo “para nerviosos y enfermos mentales”, en un intento de achacar a la locura su colaboración con los ocupadores alemanes. La experiencia de ser tratado como un enfermo mental, las pruebas e interrogatorios a los que fue sometido y el que se involucrase en todo ello a su esposa, marcó profundamente al escritor que salió de la institución profundamente deprimido, convertido, según sus propias palabras en “gelatina”.

Pero a pesar de la resonancia de su enjuiciamiento y del eco del mismo que estas anotaciones recogen, el tema de estos apuntes es el propio Hamsun: «Son menudencias las cosas que escribo y son menudencias lo que escribo. ¿Qué otra cosa podría ser?» reconoce el propio autor. En su arresto, el noruego disfrutaba de libertad relativa, daba largos paseos y anotaba las impresiones que los días dejaban en él.

En consecuencia, Por senderos que la maleza oculta es, en buena parte, un libro sobre la vejez, escrito desde el estribo de la vida. Hamsun estaba bastante sordo en el momento en que fue detenido, lo que le mantenía aislado del mundo exterior; a su sordera se uniría en los años siguientes dificultades en la visión, y ello reforzaría su tendencia a volverse hacia su propio interior. Reflexiones sobre los límites que impone la vejez, recuerdos del pasado o fantaseos literarios, todo se recoge en el que fue el último libro salido de la mano de uno de los escritores más importantes del siglo XX.

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La habitación muda - Herbjørg WassmoHerbjørg Wassmo continúa con La habitación muda la Trilogía de Tora, cuyo primer volumen, La casa del mirador ciego, comentábamos con entusiasmo aquí hace un año. En ella, el lector se reencuentra con Tora, la tímida niña asustada que en la primera parte trataba de pasar desapercibida ante los demás, segura como estaba de que manifestar de forma visible su existencia sólo le acarreaba problemas.

Se puede afirmar que La habitación muda se divide en dos partes: la primera transcurre todavía en el ambiente cerrado del pueblo, y está marcada por la ausencia del padrastro, que ha sido encarcelado. La segunda se corresponde con la marcha de Tora a la ciudad para cursar el bachillerato. El regreso del padrastro marca el tránsito de una parte a la siguiente, dejando su terrible huella en la vida libre que Tora llevará en Breiland.

En La habitación muda, Tora se verá libre de su mayor temor: su padrastro. Su ausencia permitirá que la niña aprenda lo que es vivir sin temor y gane valor para enfrentarse al mundo. Sin Henrik en la casa, Tora puede olvidar la vergüenza que sus abusos le hacen sentir y, sin esa mancha, acercarse con menos trabas al resto de personas de su pequeño universo.

Herbjørg Wassmo plasma con acierto el sentimiento de culpabilidad que padecen quienes son víctimas de abusos o maltratos. Tora sufre esa culpabilidad que la paraliza y le impide buscar ayuda, dejándola únicamente fuerzas para ocultar su sufrimiento. La huella psicológica que deja el abuso se extiende además a todos los aspectos de su existencia, dificultando las relaciones con los demás.

Pero sin Henrik en casa, la muchacha va saliendo de su apocamiento. Poco a poco nace una relación más cercana con su madre, aliviada también por la ausencia del esposo. Y Tora empieza a soñar con abandonar el pueblo para ir a estudiar el bachillerato a la ciudad. “Salir por la puerta”, le llama Tora a esa proyectada libertad, ante la que sólo se levanta un obstáculo, el regreso del padrastro. Salvar ese escollo le costará una vez más caro a Tora. Pero la sensación de seguridad, independencia y valía que experimentará en su nueva vida harán despertar su autoestima.

Como en el volumen anterior, Wassmo hace uso de una exquisita sensibilidad a la hora de presentarnos los cambios que la muchacha va experimentando. Su alivio por huir del pueblo es demasiado como para que le asuste lo que pueda encontrar en la ciudad. Además, pronto comprende que allí rigen unas leyes distintas a las que gobernaban su pequeña comunidad.

En la ciudad la gente no conoce su pasado —Tora es hija de un soldado alemán—, y en consecuencia nadie la desprecia por ello. Por el contrario, su buen carácter y modestia le granjean las simpatías de sus compañeros. Y sobre todo, en Breiland la gente se sirve de palabras para expresar sus sentimientos, mientras que en la Isla estos se mantienen ocultos y no se muestran jamás.

La autora narra con sutileza, pero con gran expresividad, el crecimiento de Tora. Su valentía para enfrentarse a lo desconocido, su vergüenza por una culpa que en realidad no es suya, su deseo de vengarse de su padrastro, su ira, su miedo y, sobre todo, la certeza de que sólo se tiene a sí misma para hacer frente a acontecimientos verdaderamente terribles.

Una vez más, quedamos a la espera del desenlace de la Trilogía de Tora.

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Publicada en 1981, La casa del mirador ciego es la primera parte de la Trilogía de Tora. En ella, Herbjørg Wassmo da cuenta de la vida en un pueblo noruego, años después de finalizada la ocupación alemana y la guerra, desde la perspectiva de Tora, una niña que está entrando en la pubertad.

La vida es difícil para los habitantes del pueblo, que Wassmo sitúa en un paraje al norte de Noruega. A las duras condiciones climáticas, se une la precariedad laboral de hombres y mujeres, que trampean en la pesca, las factorías de pescado y la cría de algunos animales.

Pero la vida es especialmente difícil para Tora. Fruto de la relación que mantuvo su madre durante la ocupación con un alemán muerto en la guerra, la niña lleva sobre sí el estigma del deshonor, que la convierte en el blanco de las burlas de la vecindad. Sin embargo, las mayores tribulaciones de Tora provienen de su hogar: de un lado, las obligadas ausencias de una madre que trae el sustento a casa, y su silencio inquebrantable sobre cualquier tema relacionado con el padre de Tora, pesan sobre ésta como una pesada losa; de otro lado, la niña se ve sometida a abusos sexuales por parte de su padrastro, un hombre violento que nada aporta a la vida familiar.

En este clima de pobreza, frío y miseria moral, la muchacha desarrolla sus propias armas para luchar con un entorno hostil, en el que apenas hay lugar para la felicidad. Pero observadora de todo cuanto sucede a su alrededor, Tora arranca respuestas a la vida, caminando hacia la madurez por un camino sembrado de espinas.

La psicología de la muchacha, y los cambios que en ella se producen, va siendo dibujada a retazos, pero con nitidez. De una forma sencilla se nos trasmite el terror de Tora a las manos que la aferran en las noches en que su madre trabaja. La idea de que eso le ocurre a ella merecidamente, tal vez por ser hija de un alemán. El sentimiento de soledad al que el silencio de su madre la condena. La vergüenza y extrañeza por los cambios que se producen en su cuerpo.

Pero el indudable acierto de Herbjørg Wassmo consiste en hacer crecer a Tora ante nuestros ojos. La niña atemorizada, abandonada a su suerte y con complejo de culpa de las primeras páginas, va poco a poco comprendiendo el porqué de las horribles circunstancias de su corta vida. Aprende a discernir a los verdaderos culpables (su padrastro), pero también a quienes como ella no son sino víctimas (su madre) y con ello se hace más fuerte. Ese cambio es paulatino, lo que contribuye a su verosimilitud, porque cada acontecimiento narrado va dejando su huella en el carácter de la niña. Tora no siempre avanza, en ocasiones retrocede y renacen los temores y la incomprensión. Pero cada vez ve más claro.

Se puede decir que La casa del mirador ciego es una novela de personajes femeninos. La enseñanza de Wassmo es que, allí donde la vida es dura, se hace doblemente dura para las mujeres. A las duras jornadas de trabajo, en condiciones aún más precarias que las de los hombres, se unen el cuidado de la casa y de los hijos, los embarazos, los maltratos, las vejaciones… Pero así como Tora va despertando de su existencia de pesadilla, otras mujeres van tomando poco a poco conciencia de sí mismas, de su valor y de su fuerza.

En resumen, un libro de una gran sencillez narrativa, pero absolutamente conmovedor. Nos deja a la espera de su segunda parte.

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Victoria - Knut HamsunVictoria, novela del escritor noruego Knut Hamsun, pudiera ser considerada una historia de amor; sin embargo, es más bien la historia de un largo desencuentro. Sus personajes, Johannes y Victoria, se quieren desde niños y, sin embargo, se alejan una y otra vez uno del otro hasta perderse definitivamente.

El narrador, con un estilo a la vez parco y fluido, sigue de manera intermitente, con pequeños lapsos de tiempo, la historia de Johannes, desde que no es más que el hijo del molinero de una zona rural, hasta que se convierte en un prometedor escritor. Y mientras todos esos cambios acaecen en la existencia del joven, una única cosa permanece fija: su amor por Victoria.

Pero Victoria es la hija de un terrateniente de la comarca. Y si mientras son niños, Johanssen y ella pueden compartir algunas horas de juegos, con el paso del tiempo la vida de ambos tomará rumbos distintos y Victoria se alejará del hijo del molinero. Evidentemente, esta separación es de tipo moral, fruto de los convencionalismos sociales, pues la vida se mostrará empecinada en regalarles oportunidades para estar juntos.

Y si bien el narrador se centra en la figura de Johanssen, contando su historia en detalle, mientras que Victoria aparece y desparece en el discurrir de la novela, no obstante logra darnos una visión bastante completa de la joven, sus sentimientos y sus motivaciones. Así, Johannes será el protagonista absoluto de la narración, pero Victoria su esencia.

Victoria ama a Johannes, pero es penosamente consciente del abismo (de prejuicios) que los separa. De modo que busca desesperadamente cualquier momento que le permita estar a su lado, para después mostrarse fría en cada ocasión. La pasión, y en ocasiones los celos, bullen en ella, para dejar paso de nuevo a una fingida frialdad que no es sino contención, puesto que Victoria sabe en todo momento, y al final de la novela se desvelará el verdadero motivo, que su relación con Johannes es imposible.

Por su parte, Johannes ama a Victoria, a la que considera como la médula de su propio ser. Victoria es su musa pero, al tiempo, jamás la ve como algo inalcanzable. Por el contrario, siempre parece convencido de que su amor se puede convertir en  una realidad; de ahí que la actitud de Victoria le resulte incomprensible y casi siempre dolorosa. No obstante, Johannes se muestra siempre optimista y, aun cuando comprende que Victoria no será nunca para él, parece dispuesto a no dejar de amarla jamás.

Knut Hamsun se sirve de una narración parca en imágenes, de diálogos escuetos, donde se insinúa más que se cuenta. Y aún así, o precisamente así, construye una historia llena de matices, haciendo de Johannes y Victoria dos protagonistas que son a la vez antagonistas, logrando guardar el equilibrio perfecto que debe existir entre ellos para que la historia fluya como lo hace: de manera exquisita.

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Mujeres de los fiordos - VVAAEscritos por mujeres noruegas; ese es el nexo común de los diez cuentos reunidos en “Mujeres de los fiordos”, narrados por diez escritoras de muy dispares características. Y hasta ahí llegan las similitudes superficiales de esta antología en la que podemos encontrar distintas voces expresándose en relatos de muy distinto corte, como corresponde a escritoras que poco más que las condiciones arriba expresadas tienen en común.

Sin embargo, una corriente subterránea se adivina por debajo de estos diez relatos. Algo que los une y los presenta ante el lector de una forma coherente: todos ellos presentan, de alguna manera, una nueva imagen de la mujer. No quiero decir con esto que pertenezcan a eso que se ha dado en llamar literatura femenina, refiérase esto a lo que se refiera. Lo que pretendo significar es que encontramos en estas páginas un saludable ejercicio literario: el de la mujer que, por fin, se narra a sí misma. Y que lo hace sin intentar adaptarse a ese rol que supuestamente le corresponde, a la vez que sin intentar romperlo en pedazos.

Mujeres que narran el acontecer del mundo (personal o público) desde una inteligencia natural, genuina, no feminizada. Pues todos somos, en primer lugar, personas, y luego ya, hombres o mujeres. Y esa primera percepción sin sesgos de la realidad es la que recogen estos relatos.

La mayoría de estos relatos están protagonizados por mujeres. Mujeres que están solas, perplejas, que se enfrentan con indiferencia a la vida, o que albergan de pronto una pequeña ilusión. Pero sus sentimientos y reflexiones podrían trasladarse perfectamente a un protagonista masculino que viviera iguales circunstancias, sin por ello perder un ápice de coherencia o vigor.

‘Hambre intensa, nausea súbita’, de Trude Marstein, y ‘El mar de la tranquilidad’, de Merethe Lindstrøm, plantean diversas maneras de afrontar esas relaciones esporádicas, sin compromiso, que pueden estar basadas en el sexo, o no.
Hanne Ørstavik nos habla en ‘Amor’ de esa pequeña ilusión de la que antes hablaba; una ilusión que puede parecer anodina, que aparece de pronto, pero que se infiltra en nuestra cotidianidad poco a poco, amenazando con trastocarlo todo. Y la ilusión, vivida como la esperanza de dejar atrás una situación que ha sido causa de disgusto, es también el eje sutil en torno al cual gira la historia de ‘Mirador con sol’, relato de Laila Stien.

Dos son los cuentos que destacaría de esta antología: por un lado, la fuerza expresiva de ‘La columna’, el único relato protagonizado por un hombre. Con una narración sosegada, sin recurrir a dramatismos innecesarios, Karin Fossum relata un episodio de gran intensidad, en que la angustia hace que se coagule el fluir de la existencia. Por otro, la chispeante narración de Herbjørg Wassmo en “El motivo”, un relato a la vez desquiciado y profundo.

Esperemos que no sea esta la única aparición de narradoras (en femenino) de la colección Letras Nórdicas, de la editorial Nórdica Libros.

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El adiós de Stella - Linn UllmannParece que últimamente no tengo demasiada suerte con los libros que elijo. Si exceptuamos “Oblómov“, todo lo que estoy leyendo es de lo más normalito. Así ocurre con “El adiós de Stella”, una novela que se deja leer, pero que no logra llegar. Y aunque yo me había rendido a Ullmann por su original manera de narrar de “Antes de que te duermas”, descubro que va perdiendo fuelle en el resto de sus libros. No sólo éste que nos ocupa, sino también en “Hasta que amanezca”, que leí hace no mucho.

“El adiós de Stella” cuenta la historia de una mujer que cae desde un tejado en el que estaba en compañía de su marido. ¿Se ha tirado, la han tirado o es sólo un accidente? No sabemos. El intento de esclarecer ese punto es el eje en torno al cual gira la novela. Así, los testimonios que recoge la policía, las narraciones del marido de Stella sobre la vida de ambos, de su hija de quince años, de un anciano al que Stella cuidó y con el que trabó amistad… van construyendo una semblanza de la vida de Stella. Pero de pronto la novela acaba, sin que nada haya quedado claro, ni nada haya ocurrido.

Resulta así una novela bastante simple, buena para pasar el rato, pero que desmerece la fama que la hija de Bergman ha adquirido de joven figura de la literatura contemporánea. Llama no obstante la atención cómo las tres testigos que vieron caer a Stella del tejado, son tres personajes que, cuando se nos va desgranando la vida de la finada, de manera recurrente aparecen al fondo, de manera fugaz. Y ese juego de la autora con el lector, ese guiño, se convierte en un punto a favor de la narración. En resumen no puedo decir que no recomiende la lectura de el libro. Y es que no es peor que otras cosas que andan por ahí, y es mucho mejor que muchas de ellas.

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