La confesión de Lúcio – Mário de Sá-Carneiro
30 de Marzo de 2009 por Sra. Castro
Categoría: Reseñas
Mário de Sá-Carneiro fue, junto con Fernando Pessoa y José de Almada Negreiros, uno de los renovadores de la literatura portuguesa. Influidos por las vanguardias del nuevo siglo, quisieron romper con la anterior concepción de la literatura.
Esa asunción de la vanguardia es netamente palpable en “La confesión de Lúcio”, novela en la que De Sá-Carneiro sigue los preceptos del modernismo, engendrando una obra con un fuerte carácter onírico, casi mágico, que se desprende de una trama inquietante y, al fin, sobrenatural.
Lúcio es el sujeto de una extraña confesión, en la que piensa revelar la verdad sobre el asesinato que cometió sobre la persona de su amigo Ricardo de Loureiro. Lucio, que ha cumplido pena de prisión, sólo al recuperar la libertad, decide confesar las extrañas circunstancias del crimen, advirtiendo de antemano de su carácter, más que inverosímil, totalmente increíble.
La primera parte de la narración se deshace en extrañas descripciones, caracterizadas por la sinestesia propia del simbolismo, mientras el narrador cuenta cómo surgió en París su amistad con el poeta Loureiro. Ambos escritores, ambos seres hiperestésicos, se entregan por las calles de la capital francesa a analizar de una manera un tanto confusa sus sentimientos, sus impotencias, sus anhelos, su amistad.
Esas descripciones tienen un tinte alucinado, de ensoñación, a la vez que son profundamente visuales. En ellas los colores, los olores, las ideas, se mezclan en un todo inquietante y desvariado. Pero es en esas descripciones que inician la obra, cuando ambos amigos se revelan el uno al otro sus atormentadas esencias, donde se encuentra la clave de lo que sucederá después; si bien es cierto que en ocasiones la atención del lector no logra quedar atrapada en esa telaraña de hilos tan sutiles.
Es tras el regreso a Portugal de ambos amigos cuando la acción toma impulso al narrarse la relación adúltera que Lúcio inicia con la mujer de Ricardo. La representación de una sensualidad refinada, hipnótica, pintada de rubores y dorados, se entremezcla con las dudas de Lúcio acerca de la personalidad desconcertante de su amada.
Esta no tiene pasado, ni parece tener presente más allá de su entrega a Lúcio. Su inquietante presencia, como si fuera un ser sin esencia, un extraño fantasma, desconcierta a su amante, a veces enardeciéndole, a veces haciéndole detestarla hasta la nausea.
Celos, dudas, el deseo y el odio van minando la mente del protagonista, cuyas circunvoluciones se narran en un estallido de artificios, de ideas insólitas, de descripciones inverosímiles.
Como inverosímil es (ya advierte el narrador de ello al comienzo del relato) el final de la obra. Final que, a pesar de su carácter extraordinario, el lector va adivinando en el discurrir de la acción. Aunque el autor dosifica la tensión, aumentándola gradualmente y obligando a subir al lector por la escalera de los acontecimientos, éste asciende por ella con una cierta reticencia, temiéndose ese final inexplicable que acaba por suceder.
Es cierto que el final no puede ser más acorde con el resto de la obra, con su carácter desquiciado de mal sueño, pero de alguna manera no tiene la fuerza suficiente como para conmocionar al lector, sorprenderlo o sobrecogerlo.
Será que los gustos literarios de la que escribe se orientan más a una literatura pegada a la realidad, que ya de por sí es bastante fantástica.
Historias falsas – Gonçalo M. Tavares
16 de Enero de 2009 por Sr. Molina
Categoría: Reseñas
El título de este libro ya es, en sí mismo, toda una declaración de intenciones y un fiel reflejo de lo que el lector encontrará en él. Estas nueve historias transitan entre la realidad y la más imaginativa ficción comunicando ambos mundos gracias a la filosofía, la historia y las anécdotas.
Siguiendo una tradición antigua (uno de cuyos mayores exponentes sería Jorge Luis Borges) Gonçalo Tavares crea una serie de relatos muy breves en los que la trama es lo menos importante, ya que el peso del texto recae en esa curiosa mixtura entre realidad y fantasía. Así, personajes reales como Tales de Mileto, Diógenes, Empédocles, Zenón de Elea o Lao Tse se codean con las invenciones del autor, en forma de criadas abnegadas, enamorados shakesperianos, hermanos celosos o aprendices de sabiduría. Tavares urde de esta manera unas intrigas ligeras y con poca acción, pero plenas de sentimiento y, sobre todo, de filosofía.
Filosofía entendiendo el término como «fortaleza o serenidad de ánimo para soportar las vicisitudes de la vida» (RAE dixit), ya que estas “Historias falsas” muestran a personajes que afrontan determinados retos con humildad y valor, si bien no siempre resultan vencedores. De hecho, la aceptación del destino —llámenlo, mejor, realidad— como un elemento inconmovible e imposible de frustrar hace de los protagonistas de estos relatos auténticos héroes trágicos, seres enfrentados a un azar que no pueden evitar y que les supera por completo. Algunos mueren por su amor (‘La historia de Julieta, la santa de Vaviera’), otros terminan por abrazar una forma de vida contraria a la suya (‘La historia de Listo Mercatore’) y los hay que se dejan torturar hasta la muerte para no traicionar sus ideales (‘La historia de los tiranos’).
Todo ello se narra con un estilo que roza la austeridad absoluta, desapasionado y frío, pero que encierra en esos brevísimos textos una sutil nota de profundidad humana. Vean, por ejemplo, el inicio de ‘La historia de Faustina, la miedosa’:
Mujer de uno de los más célebres estoicos —el emperador Marco Aurelio—, Faustina recibió en el amor lo poco que puede dar quien del mundo se defiende no derrochando emociones. Seguidor de la primera máxima de los estoicos: nada con exceso —celebrada, desde hace mucho, en el templo de Apolo en Delfos—, Marco Aurelio no ignoró a Faustina, pero no la acompañó.
Tavares renuncia a una narrativa florida o exquisita para no restar protagonismo a esas historias comunes, sencillas y pobladas por seres desvalidos, pero orgullosos. Su concreción y aridez estilísticas son armas para profundizar en los hechos, para mostrar al lector de forma descarnada la personalidad de sus protagonistas, dejando que sean sus acciones las que les confieran solidez y verosimilitud. Así, lo que el lector se encuentra son historias que rozan la enseñanza moral, pero desde una perspectiva lúdica y fantasiosa.
“Historias falsas” no pasa de ser un divertimento agradable que da idea de las buenas dotes de narrador de Gonçalo Tavares, que seguro se desarrollan más y mejor en algunas de sus otras obras. Embarcarse en esta lectura, no obstante, proporciona momentos de gran belleza y de profunda introspección en el alma humana.
La capital – José Maria Eça de Queirós
14 de Noviembre de 2008 por Sra. Castro
Categoría: Reseñas
“La capital”, obra publicada de manera póstuma, responde al esquema, un tanto recurrente en la literatura, pero siempre prometedor, del joven con ínfulas de artista que abandona la vida sin alicientes en un tranquilo villorrio, para lanzarse a la vorágine de la vida en la capital donde, necesariamente, su talento tiene que ser apreciado.
Eça de Queirós desarrolla en esta novela la vida del joven Artur Corvelo, que tiene mucho de su autor, y del que éste se sirvió para presentar una crítica descarnada contra los círculos intelectuales y burgueses de la sociedad lisboeta de la época. Pero, a la vez, “La capital” es un planto por la pérdida irremisible de los sueños de juventud, la pérdida de la inocencia y el desgaste de la ilusión.
Tal vez lo que resulta más acertado de la novela es lo profundamente humano que resulta Artur Corvelo. En él, Eça de Queirós ha sabido retratar un joven de gran sensibilidad artística, que desea vivir en ese mundo de lo ideal que su imaginación concibe como una réplica del ambiente de las novelas románticas. Pero a la vez, le ha concedido rasgos netamente humanos: cierta petulancia, una capacidad nata para cerrar los ojos a la realidad y continuar soñando con situaciones que difícilmente se materializarán, así como una irresolución que lo paraliza y le impide perseverar en la consecución de sus objetivos.
El autor esboza la infancia y los años de estudiante del joven Corvelo, donde apunta ya su carácter. Por un lado, su despertar a la vida intelectual le descubre un mundo sin cuyo estímulo ya no querrá vivir; por otro, el esfuerzo continuado que implica la consecución de cualquier objetivo parece algo superior a sus fuerzas, pues amoríos y festejos son siempre capaces de hacerle aplazar cualquier determinación.
Obligado a abandonar sus estudios tras la muerte de su padre, Artur Corvelo pasará una temporada en una retirada población. La vida sin estímulos de la sociedad rural, en la que ni siquiera ocupa un lugar destacado, acicateará sin tregua su deseo de conocer la vida cosmopolita de la capital. Allí, sin lugar a dudas, su genio como poeta y escritor de dramas románticos le valdrá un puesto de honor entre los intelectuales, lo que a su vez le abrirá las puertas de las casas patricias, en las que hermosas mujeres de refinados sentimientos se arrojarán en sus brazos.
Con esas halagüeñas imágenes en su mente, nuestro hombre correrá a Lisboa cuando una afortunada herencia ponga a su disposición los recursos necesarios para emprender la realización de sus sueños. Pero en la capital, sin contactos y sin el carácter suficiente para abrirse camino, nada será como espera Artur.
Los círculos intelectuales permanecen cerrados para un joven que aún no goza de reputación. La ayuda que necesita para darse a conocer unos se la niegan por envidia, otros por incapacidad, otros porque sólo pretenden utilizarle para que sufrague opíparas cenas y noches de burdel. En los salones de la alta sociedad también le aguarda la decepción: allí donde él creía que moraba la inteligencia, el refinamiento y el gusto por el arte, sólo topa parejas que aprovechan la oscuridad para entregarse a turbios devaneos o un deseo mal disimulado de diversiones livianas.
Consumida su herencia, Artur se ve obligado a regresar al tranquilo pueblo donde está decidido a enterrarse en vida. No obstante, da por sabida la lección de que la capital es una Babilonia que todo lo promete pero nada entrega y donde la lucha es feroz si se quiere alcanzar lo que uno desea, a pesar de que desde la lejanía de la provincia todo parece sencillo.
La riqueza de tipos que Eça de Queirós presenta, el retrato descarnado de quienes se dejan arrastrar por vicios y debilidades, extendiéndose en la descripción de fisonomías que logran resultar repulsivas, dibuja una sociedad en la que no existe la belleza y todo parece ajado y falso, y se convierte en otro aliciente más que incita a leer “La capital”.
Más de Eça de Queirós:
Nombre de guerra – José de Almada Negreiros
7 de Julio de 2008 por Sra. Castro
Categoría: Reseñas
Escrita en 1925 por José de Almada, e inédita hasta 1938, “Nombre de guerra” es una de las mejores novelas que he leído esta temporada. Es una obra maravillosa de principio a fin: profunda y divertida a la par, semeja una ventana a la vida, un redescubrimiento de ese mundo que a veces se nos antoja tan gastado.
La prosa de Almada es para experimentarla de primera mano, por sutil, por colorida, por viva; no obstante, me permito copiar aquí una frase tomada del texto ‘El alma de Almada’ que sirve como introducción a esta edición de El Olivo Azul: «escribe como quien traza la ironía final y la confesión sentimentalmente última».
“Nombre de guerra” narra la historia de un redescubrimiento personal a través de una historia de amor, que al final resulta no serlo. O cuando menos, resulta ser un amor efímero. Ese redescubrimiento de sí mismo a través del cuerpo de otra persona le sucede a Antunes, un hombre de treinta años que descubre, al contemplar a una mujer desnuda, que todo lo que sabe de la vida, no tiene valor.
La relación que emprende con Judit, una prostituta que por su género de vida es la antítesis de todo cuanto conoce Antunes, resulta ser el instrumento catártico que propiciará el nacimiento de un nuevo Antunes. Una resurrección que vendrá precedida de dolor e incertidumbre, de un profundo vuelco de todo cuanto Antunes es, para dejar paso a un ser libre, independiente, que prevé una vida si no feliz, al menos auténtica y vivida desde la consciencia de sí mismo.
Porque Antunes ha vivido según los dictados de terceras personas, hasta el punto de renunciar a todo instinto propio. De ahí que cuando tiene entre sus brazos a Judit desnuda, no sabe qué debe hacer con ese don que es el cuerpo de una mujer. No sabe qué hacer porque nadie le ha dicho qué se espera de él en ese caso. Y esa experiencia perturbadora será la piedra de toque que hará comprender a Antunes la falsedad de todo cuanto es porque, precisamente, no lo es realmente.
Tenía que empezar de nuevo, como si acabara de aparecer ahora en el mundo, a los treinta años, por vez primera.
A través de Judit, Antunes se lanzará a la búsqueda de sí mismo, decidido a cruzar al otro lado del espejo que, para él, es la vida verdadera, genuina, que hasta ahora sólo ha visto desde detrás de un cristal. Judit es la puerta que le ha dado entrada a la realidad. Y aunque no estarán siempre juntos, Antunes sabe que siempre bendecirá esa puerta a pesar de que, como la oruga se encierra en su crisálida, el también necesita la soledad para acabar su metamorfosis.
“Nombre de guerra” es una historia hermosa, no sólo por la profunda experiencia vital que narra; sino sobre todo por la manera en que está contada, paso a paso, pero siempre sintiendo el lector que el narrador sabe que es lo siguiente que le acontecerá a Antunes, como si ya hubiera ido hasta el final de la historia y retornase para narrárnosla despacio, meditando a su vez sobre ella, incidiendo precisamente en lo que es vital (y nunca mejor dicho) en la historia.
En definitiva, mejor lean “Nombre de guerra”.
El primo Basilio – José Maria Eça de Queiroz
4 de Abril de 2008 por Sra. Castro
Categoría: Reseñas
José Maria Eça de Queiroz toca en “El primo Basilio”, al igual que en “Alves & C.ª” el tema del adulterio, construyendo una novela muy cercana a “Madame Bovary” o a “Anna Karénina”, pero dándole a su vez un sesgo sensual, casi erótico en algunas ocasiones, que la hace diferente y original. En ese sentido, podría decirse que el portugués está más cerca de los escritores franceses que fueron sus contemporáneos de lo que lo estuvieron los escritores españoles, siempre más mojigatos.
En “El primo Basilio” se narra el adulterio de Luisa, que traiciona a su esposo aprovechando la ausencia de éste, cayendo gozosa en los brazos de un primo con quien había mantenido un noviazgo en su juventud.
Seguir la evolución de Luisa a lo largo de la novela resulta gratificante para el lector, debido al tratamiento alejado de sensiblerías y falsa moralidad con que el autor nos traslada la historia. Aunque Luisa es una joven cuya sensibilidad se ha visto alterada por la continua lectura de novelas románticas, en todo momento es consciente de lo que hace, de lo incorrecto de sus acciones, pero pasa por ellas con pie seguro, sin remordimientos ni falsos pudores. Podemos decir que Queiroz retrató a una mujer moderna, en cierta manera emancipada, dejando de lado cualquier consideración pacata.
Es cierto que, cuando entra en el juego de seducción que Basilio le propone, se muestra dubitativa, pretende engañarse a sí misma diciéndose que su amistad con su primo no pasará de lo ideal. Pero en el fondo sabe que esos remilgos no son verdaderos, y el lector también lo sabe. Porque lo que mueve a Luisa es el deseo, el deseo de probar caricias nuevas, de escapar a su vida monótona de mujer burguesa; y también la vanidad de sentir que puede gustar a un hombre distinto de su marido y, más aún, a un hombre de mundo, refinado, acostumbrado a todos los placeres, como es el primo Basilio.
Los sueños románticos que despierta en ella el encuentro con el amor de juventud pronto dejan paso a un ansia secreta de vivir intensamente, como en las novelas, al menos una vez. Y aunque debe resignarse al sórdido cuartucho que Basilio busca para sus encuentros, lejos de los lujos sensuales que ella imaginaba, lo que realmente espolea su deseo es la conciencia de haber escapado por una vez al horizonte pequeño de sus días siempre iguales.
No hay remordimiento en Luisa ni siquiera cuando el amante la abandona a la primera dificultad. Al contrario, algo fatigada por la aventura, vuelve la mirada, feliz, hacia el marido que regresa. Lamenta haberle traicionado, pero el lector adivina la secreta voluptuosidad con la que saborearía durante el resto de sus días los abrazos del otro hombre, aunque se entregara con devoción al papel de esposa.
Pero Luisa no podrá entregarse a esa vida dichosa de amante esposa que, de vez en cuando, se entrega a la remembranza de la vez que mordió el fruto prohibido. Una criada chantajista, un personaje oscuro, al que Queiroz dota de la roma mala intención de la gente ignorante y oprimida, se encargará de hacer pasar a Luisa un calvario que acabará por arrastrarla a un fatal desenlace.
Y es que tal vez en eso se vuelve el autor conservador de repente, al hacer pagar a la mujer pecadora la culpa cometida, expulsándola del paraíso doméstico del hogar burgués.
Pero a pesar de ello, Luisa trasmite un aire de modernidad, de libertad. Es la persona que se subleva, que se atreve a cruzar la línea que otros han marcado para ella (por eso se rebela cuando los amigos del esposo ausente se erigen en vigilantes de su virtud). Como cualquiera de nosotros haría, sólo se arrepiente de sus actos cuando, ya pasado el delirio, cree que éstos pueden cerrarle el paso de regreso a su anterior vida. Pero mientras disfruta del placer de haber traspasado la frontera y, por añadidura, de las caricias de su amante, sabe cerrar los ojos y disfrutar del instante.
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