Jacques el fatalista – Denis Diderot

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Jacques el fatalista - Denis DiderotAunque, obviamente, el paso del tiempo es muy evidente en el estilo y el tono de este libro, no hay duda de que Jacques el fatalista es una novela imaginativa, provocadora y, sobre todo, moderna; Denis Diderot escribió un texto repleto de humor y picardía, si bien son palmarias las referencias a la obra de la que bebe, el Tristram Shandy de Laurence Sterne. Tanto es así que, para cualquiera que haya tenido la oportunidad de leer la novela del inglés, hay situaciones y escenas que parecen casi calcadas, lo cual, lógicamente, no contribuye a realzar el valor del texto francés.

En Jacques el fatalista encontramos a un amo y a su criado (el héroe del título) hablando sin cesar. ¿Nada más? Pues sí y no. Diderot construye la novela en torno a las conversaciones de ambos personajes, que van interrumpiéndose, alargándose o surgiendo a medida que su viaje a ninguna parte tiene lugar. Lo de menos en el libro es saber hacia dónde van los protagonistas, cuál es su pasado común o por qué interactúan con otros personajes; la palabra se enseñorea del texto y se convierte en eje del libro: la imaginación del autor se desborda y es la narración lo único que importa. Y, al igual que en Tristram Shandy, también aquí encontramos a un autor/narrador que se inmiscuye en la historia: la interrumpe cuando considera necesario para exhortar al lector; la reanuda sin previo aviso; intercala recuerdos o anécdotas en mitad de una escena; apela directamente al que lee para preguntar o cuestionar… Las alusiones metanarrativas son constantes y en ellas se basa la solidez de un texto que, por lo demás, no aporta historias sorprendentes o personajes subyugantes.

Diderot juega con el humor y con la modernidad de un libro que, lejos de limitarse a la exposición lineal de una historia, entabla un diálogo con el propio lector: un diálogo sarcástico e interesante, ya que consigue involucrarnos en unas situaciones que, de otra manera, tal vez no tendrían el menor atractivo como hechos de ficción. Valga el ejemplo de la historia de los amores de Jacques, el protagonista: al comienzo de la novela se dispone a narrárselos a su amor, pero las sucesivas interrupciones van posponiendo el desenlace de los mismos… hasta que llegamos al final y nos encontramos con que nunca sabremos el final de dicho suceso. El autor va jugando con nuestra curiosidad, de forma que lo que cobra más relevancia es el placer de contar la historia, y no la historia misma.

Jacques el fatalista tiene una baza importante, y es la de acicatear la curiosidad del lector con sus continuas interpolaciones autoriales y con su trama inconexa. Por otro lado, las reminiscencias de las que hemos hablado y una cierta falta de continuidad (dentro de las propias subtramas) la convierten más bien en una sucesión de escenas o cuentos; no es esto un demérito en sí mismo, pero la falta de cohesión se nota cuando la lectura avanza y la sensación general es de fragmentación.

Con todo y con eso, no cabe duda de que la modernidad de la novela, la audacia de crear un texto en el que autor y personajes dialogan con el lector, y el sentido del humor que se respira en cada página hacer de Jacques el fatalista un buen libro y una lectura más que recomendable.

2 Comentarios

  1. Es una suerte que Solodelibros informe sobre , este escritor que de paso fue un sabio. No se de esta novela , pero si de otra : La Religiosa , una libro muy atrevido para su entonces . Supongo que esta obra debe ser excelente , pienso leerlo.

    Jorge Lòpez Zegarra

  2. Sin duda un excelente libro. Altamente recomendable. Aunque, a parte de lo mencionado en la presente reseña, debe advertirse la gran carga filosófica de este texto, recordemos que Diderot antes que novelista es un filósofo de muy alto calibre.
    Interesante se hace la figura del “gran cilindro”, el cual se encarga de determinar todas las acciones del hombre, con lo cual la libertad queda claramente obsoleta, de ahí el fatalismo y existencialismo de Jacques.

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