La corte de Carlos IV – Benito Pérez Galdós

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La corte de Carlos IV - Benito Pérez GaldósDespués del primer libro de la serie Episodios Nacionales dedicado a la batalla de Trafalgar, don Benito Pérez Galdós continuó su magna obra acerca de la vida e historia españolas del siglo XIX con un libro centrado en las intrigas palaciegas justo en los meses previos a la invasión francesa de 1808 y la posterior Guerra de la Independencia. El joven Gabriel de Araceli es de nuevo el protagonista de una novela que ofrece una mirada bastante cáustica sobre ese microcosmos que fue la corte real en un periodo convulso, caracterizado por las traiciones, los pactos y las insurrecciones; un periodo que supuso un enorme cambio en el devenir de la nación, pero que escrutado bajo el microscopio del autor no parece sino una etapa plagada de personajes venales, caricaturescos y vengativos.

Después de salir de Cádiz hacia la capital de España, Gabriel encuentra trabajo como criado de una actriz cómica cuya vida social la pone en contacto (y, por consiguiente, al protagonista) con diversos nobles, aristócratas y valedores de la corte del rey Carlos IV. A raíz de ello terminará por estar al servicio de una condesa a la que —por no revelar su verdadero nombre— se refiere como Amaranta, y que se erige como partícipe del intento por deponer al rey en favor de su hijo, Fernando VII. Gabriel se convertirá a su pesar en testigo de primera mano de la conspiración, lo cual cambiará su forma de ver las cosas y nos otorgará a los lectores la oportunidad de conocer los entresijos de una corte sumida en la confusión y el engaño.

Galdós, como hiciera ya en Trafalgar, narra unos hechos bien conocidos desde el punto de vista histórico sirviéndose de la mirada de un protagonista inocente, pero observador y reflexivo. Como bien señalará un asiduo lector de esta página en un comentario, el estilo del autor se ve un tanto encorsetado por el carácter de los hechos que aborda; así, los rasgos geniales que definen al Galdós novelista se diluyen un tanto en pro de una disposición veraz de los acontecimientos históricos que está tratando. Con todo y con eso, en La corte de Carlos IV el escritor se mueve más a sus anchas en el terreno narrativo y la historia transcurre con mayor fluidez y viveza.

Impresionante es, por ejemplo, el capitulo en el que el jovencísimo Gabriel llega a la conclusión de que ha sido utilizado para conspirar en contra del rey (y de sus propios principios) y confiesa haber aprendido mucho sobre noción de honor. Frente a una idea abstracta que se insufla en los seres humanos para enaltecerlos a sus propios ojos para que medren en contra de sus semejantes, el protagonista comprende que solo es honorable aquel que respeta a los demás para poder respetarse a sí mismo, despreciando, si llega el caso, cualquier recompensa material.

Este dato es importante en el devenir de la obra, ya que Gabriel «cambia de bando» cuando su instinto le revela la traición en la que incurre con el único objetivo de convertirse en caballero. El autor nos pone así en la piel de un personaje que, más allá de los hechos a los que asiste o en los que participa, se erige en figura de ficción con entidad propia; si en el libro anterior el narrador/protagonista era un mero espectador, casi pasivo, en esta novela se transforma en un personaje coherente, verosímil y completo.

De esta manera, Galdós supera la narración oprimida por el aspecto histórico y brinda al lector una obra que conjuga ficción y datos de una forma amena. Las conspiraciones palaciegas en las que se ve involucrado el protagonista sirven de marco para la exposición de unos hechos que urden la historia del país, pero sin perder la emoción e intensidad de una trama imaginaria pergeñada con un objetivo literario. Las desventuras del joven Gabriel consiguen superar la simple contemplación para convertirse en hechos interesantes, cargados de intriga y con una intensidad notable. Bien es cierto que la capacidad de retratar la sociedad que hacen de Galdós una figura insoslayable de las letras españolas se ve mermada por las características de una novela histórica, pero no es menos cierto que algunos de esos rasgos magistrales asoman aquí más a menudo que en Trafalgar.

La corte de Carlos IV es, pues, una recreación fiel a los hechos históricos, pero emocionante también por los elementos de ficción que incorpora. Es un paso adelante en el devenir de estos Episodios Nacionales que, seguro, no defraudará a los seguidores de Galdós.

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2 Comentarios

  1. Tres son los episodios nacionales que he leído, “Trafalgar”, éste, hoy reseñado, y “El 19 de marzo y el 2 de mayo”. De todos ellos, “La corte de Carlos IV” es el más libre y el que más licencias literarias de ficción se permite, quizás porque la historia se centra en las intrigas y chismes cortesanos y detrás de semejantes bambalinas cualquier cosa está autorizada.

    Pero, a pesar de la admiración, casi idolatría, que le profeso a Galdós, debo decir que, por lo hasta ahora leído, los Episodios Nacionales me parecen obras muy livianas, casi libritos divulgativos al gusto del público, que difícilmente resisten comparación alguna con el grueso de las enormes novelas del escritor canario.

    El mismo Galdós reconocía sus titubeos iniciales en el proyecto histórico – literario emprendido y la importancia que tuvo en el mismo “La corte de Carlos IV”:

    “A principios de 1873, año de grandes trastornos, fue escrita y publicada la primera de estas novelas, hallándome tan indeciso respecto al plan, desarrollo y extensión de mi trabajo, que ni aun había fijado los títulos de las novelas que debían componer la serie anunciada y prometida con más entusiasmo que reflexión. Pero el agrado con que el público recibió “La corte de Carlos IV” sirviome como de luz o inspiración, sugiriéndome, con el plan completo de los Episodios nacionales, el enlace de las diez obritas de que se compone…”

    Y es que aunque en cualquiera de sus novelas podemos hallar perlas de incalculable valor, en los Episodios nacionales esta ubérrima riqueza se muestra de forma más bien cicatera. Las andanzas de Gabrielillo como criado de un marino en “Trafalgar”, de una duquesa en “La corte de Carlos IV” o como mozo de pañería en “El 19 de marzo y el 2 de mayo” dotan a las novelas de Galdós de suficientes peripecias novelísticas, pero una cosa es enmarcarlas en la vida de la clase media madrileña y otra en la historia de un país. Las licencias artísticas que en el primer caso parecen adecuadas, en el segundo pueden llegar a chirríar de forma desagradable; al fin y al cabo no es conveniente intentar estar siempre en misa y repicando: aparecer en cubierta en el fragor de la batalla, arrojarse sobre la víctima para desviar el puñal traidor o ser patriota fusilado en la huerta del Príncipe Pío.

    Demasiadas entradas de este blog recogen mi opinión, siempre elogiosa, sobre la magnificencia de las novelas galdosianas, por eso, ahora, no puedo sino extrañarme ante mis tibios comentarios sobre sus Episodios nacionales. Pero decir lo contrario sería faltar a mi verdad.

    Cordiales saludos a los seguidores de solodelibros

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