La montaña mágica – Thomas Mann

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La montaña mágica es uno de esos libros inabarcables: en esta epopeya de Thomas Mann se dan cita decenas de temas, de referencias, de universos; el maestro alemán vertió en esta novela un inmenso caudal de sabiduría y de conocimientos, haciendo de la aventura —estática y casi inmutable— de Hans Castorp un microcosmos en el que se puede encontrar de todo.

El punto de partida de la peripecia del libro es mínimo: Hans acude al sanatorio Berghof, en las montañas suizas, para acompañar durante tres semanas de agosto a su primo Joachim, aquejado de una leve enfermedad pulmonar. Lo que en principio se antoja como una estancia breve y de placer pronto se convertirá en una suerte de reclusión: el doctor Behrens, gerente del sanatorio, diagnostica al protagonista una infección en el pecho y le “receta” una estancia de seis meses; ese tiempo se extenderá sine die debido a la frágil constitución de Hans, aunque puede que haya algo más que le retenga en el Berghof además de sus propias dolencias.

Dentro de ese pequeño mundo del sanatorio suizo se congregan una miríada de personajes que sirven a Mann para poner de relieve diferentes temas: desde la filosofía, representada por el italiano Settembini y su némesis Naphta, hasta el amor, encarnado en la figura de la rusa Clawdia, de la que el protagonista se prenda y a la que nunca puede alcanzar. La constante contraposición de elementos es un motivo que el escritor alemán utiliza en el libro como fuente de energía narrativa; así, por ejemplo, hay personajes que se enfrentan de algún modo, como el racional Settembrini y el espiritual Naphta, o el estricto Joachim y el disoluto (en lo psicológico) Hans. Otro tanto sucede con otros elementos: la enfermedad y la salud batallan de manera constante en el establecimiento médico, ya que la muerte y la vida se entrecruzan en una armoniosa conjunción; la libertad y la reclusión también coexisten dentro del Berghof, cuyas medidas de reposo pueden ser tan draconianas como vaporosas… Todas estas dicotomías van haciendo de la novela un juego de espejos, de contradicciones y de incertidumbres que, lejos de despistar al lector o sumirle en la desesperación, provocan un apasionado interés por el microcosmos que Mann construye en el libro.

Aunque quizá la dicotomía más palpable y la que más importancia tiene dentro de la novela es la de la ciencia y el espíritu; no es tanto que La montaña mágica confronte concepciones antagónicas, sino más bien que juega con sus diferencias y sus nexos de unión para construir un modo de ver la realidad. Dentro del sanatorio Berghof la mediciona tiene un papel fundamental, ya que el doctor Behrens aplica sus técnicas con pasión y juicio (exagerados), pero la llegada de Hans nos abre los ojos a la importancia de la mente frente a la enfermedad; no desde un punto de vista homeopático o psicológico, sino como método para oponer la vida, las pasiones y el juicio a la decadencia del cuerpo; Settembirni, de hecho, afirma en algún momento que un cuerpo enfermo es algo despreciable. «¿Y la vida?», se pregunta Hans por boca del omnisciente (e intrusivo) narrador, «¿No era quizá también una enfermedad infecciosa de la materia?»

La parálisis social que se extendió por Europa antes del inicio de la Primera Guerra Mundial se ve fielmente reflejada en la pluralidad de personajes y opiniones que Mann hace aparecer a lo largo del libro. Todas las contradicciones comentadas se suman a la variedad de rostros e ideas que el protagonista observa en el sanatorio y que sirven al escritor para reflejar el caótico estado de un continente que estaba a punto de explotar. El final del libro, abierto a la incógnita del marasmo que se avecinaba, deja claro, por otra parte, la futilidad de la peripecia del protagonista y de todos los personajes: la vida arrastra a cualquiera sin tener en cuenta nada, al igual que la enfermedad asola el cuerpo sin reparar en caracteres, opiniones o disposiciones.

La montaña mágica es una novela de proporciones inabarcables, que, precisamente por ello, depara momentos de belleza y genialidad incomparables. La grandeza de los maestros no defrauda jamás.

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13 Comentarios

  1. Cuando acabé “La montaña mágica”, un libro que me ha llevado algún tiempo leer, – mes y medio, concretamente -, conjuré fuerza y voluntad para dar mi opinión sobre la que todos califican obra maestra de Thomas Mann. Un clásico en toda la amplitud de la palabra.

    Varias y variadas circunstancias que no vienen al caso, junto al deseo de profundizar en la deglución de la novela del autor alemán, han ido demorando esa decisión hasta este momento.

    Lo primero que voy a decir le resultará escandaloso a más de uno, ya he incidido en ello en otros comentarios: ¡qué tediosos pueden llegar a ser, para desgracia nuestra, muchos de los clásicos! “La montaña mágica” es un libro inmenso, inabarcable, como bien apunta la reseña, un auténtico vademécum de sabiduría y conocimiento, pero tiene párrafos, páginas, capítulos, totalmente insoportables, – más adelante citaré algunos de ellos -. Ante tal obstáculo, nosotros, los lectores, – yo, el primero -, nos empecinamos en continuar leyendo, doblamos los codos y tratamos de navegar, una y otra vez, a través del libro, embarrancando siempre en los mismos soporíferos escollos. Somos incapaces de dar carpetazo a parte de sus páginas, ¡ni atreverse, son los clásicos!; si tuviéramos la valentía de hacerlo nos ahorraríamos letanías como “Un nuevo placer para los sentidos”, compendio de teoría musical aburridísimo que solo puede despertar interés en un exiguo ramillete de consumados melómanos, – Mann era un reconocido experto en la materia y la música, de una u otra manera, es siempre eje central a lo largo de toda la novela -, o algunas de las farragosas diatribas dialécticas entabladas entre Settembrini y Naphta, que, por reiteración en sus tesis, pierden todo atractivo hasta acabar siendo agotadoras.

    Aunque en contrapartida, más de mil páginas dan cabida a todo, Mann nos deleita con momentos literarios sublimes, inolvidables: la mórbida declaración de amor de Hans Castorp a Clavdia Chauchat en el capítulo “La noche de Walpurgis”; la tormenta de nieve que pone al protagonista al borde de la muerte; sus reflexiones acerca de temas tan variados como la vida, la enfermedad, la percepción del tiempo, la libertad, la caridad, la tortura, la moral, la represión del amor, la música, donde muestra una capacidad de análisis y erudición única…Todo pasa por el cedazo de su inmenso intelecto y nos llega con una claridad diáfana. Como dije antes, un auténtico vademécum de obligada consulta.

    Pero a pesar de lo dicho, la sensación general que queda después de la lectura de “La montaña mágica” es la de la aridez. La novela llega a resultar ardua y opresiva, dejando la impresión, es mi percepción personal, de que un desbroce parcial de contenido no le habría venido nada mal al conjunto de la obra.

    Dentro de la contraposición de elementos, apuntados por el Sr. Molina, que actúan como motor de narración, hay uno, no citado, que es fundamental para explicar el desarrollo de la acción generada dentro del trinomio Settembrini – Castorp – Chauchat, y sitúo a Hans Castorp intencionadamente en posición intermedia porque es siempre el objeto de disputa de los dos polos opuestos representados por Lodovico Settembrini y Clavdia Chauchat. Uno, con su aire ridículo de bufón trascendental, encarna los valores humanistas de la ilustración y el progreso; la otra, con sus “ojos tártaros” y sus modales bruscos, el atavismo, la sensualidad y el misterio de lo desconocido.

    La razón de Occidente frente al exotismo de Oriente ante los ojos de un Hans Castorp, llegado del “mundo de abajo”, que se rige por las férreas ideas de la burguesía mercantil hamburguesa. El sanatorio de Berghof será el escenario de su particular aventura iniciática y en la “eternidad estática” que rige la vida de todos los internos se desarrollarán historias de vida, amor y muerte que moldearán su carácter, hasta entonces, débil y lánguido.

    La novela pasó por un curioso periplo hasta ver la luz de la publicación. Todos esos avatares moldearon su contenido, dotándola de un desarrollo parejo a la evolución del ideario de Thomas Mann, hasta convertirla en ese concepto, tan de gusto hoy en idea, que el mundo anglosajón ha bautizado como “work in progress”. La idea del libro surgió en 1912 durante una viaje del propio Mann a Davos a fin de visitar a su mujer, Katia, ingresada en un hospital para tratarse una leve afección pulmonar. Al poco tiempo, abandonando otros planes, el autor de Lübeck puso en marcha la redacción de “La montaña mágica”, un proyecto que se alargó durante once años, durante los cuales sus ideas personales cambiaron tanto como el mundo que lo rodeaba. Estalló la I Guerra Mundial, el levantamiento espartaquista de trágico final, el auge y caída de la república de Weimar, el nacimiento del fascismo, y su particular ideario belicista, – llegó a firmar manifiestos justificatorios de los derechos de Alemania para iniciar Ia Gran Guerra -, se suavizó hasta un “apoliticismo teórico” que en la práctica siempre despertó muchas dudas y reticencias; las mismas que, unos años después, se repitieron con su posicionamiento ante el auge del nacionalsocialismo alemán, (siempre se ha mantenido que Mann se exilió en Suiza perseguido por los nazis, pero lo cierto es que el autor se hallaba allí impartiendo una serie de conferencias cuando recibió varias noticias que le desaconsejaban regresar, entre ellas la confiscación de bienes de su hermano Heinrich, partidario siempre de posiciones pacifistas y democráticas).

    En el transcurso de este largo período de gestación el autor alemán modificó y reescribió capítulos enteros, introdujo nuevos personajes que acentuaran el concepto de contraposición siempre presente en la obra, hasta convertir “La montaña mágica” en lo que es hoy en día. De ahí que muchos críticos mantengan que la novela iniciática de Hans Castorp no es también sino la del propio Thomas Mann.

    Cordiales saludos a los seguidores de solodelibros

  2. La OBRA A QUE SE REFIERE ES UNA DE LAS CUMBRE DE ESTE AUTOR SE TRATA DE UN VIAJE EN TRATA DE UNA CURA DE SALUD , LA VARIEDAD DE PERSONAJES ES ABUNDANTE , LO CUAL NO ES DE SORPRENDER, YA QUE EN OTRAS SE ENCUENTRAN DE MAS , RECUERDO A LOS RUSOS BIEN , A DR SETEMBRINI Y AL PAISAJE , Y LOS DIÁLOGOS FILOSÓFICOS .

  3. La novela gravita sobre el camino a la muerte y hace una paradoja entre quienes realmente estan en estado superior si los de abajo que estan sanos o los de arriba que estan enfermos, sinembargo atraves del relato las cosas parecen invertirse.

    Es una critica a la sociedad que nos va manipulando hacia la enfermedad y con ello a la muerte, recordandonos en todo momento que todos estamos potencialmente enfermos.

    En resumen, la novela relata como somos una sociedad establecida sobre el poder de la Nada, y finaliza con la pregunta, el poder de la nada sera capaz de engendrar el poder del deseo?

  4. Me parece una obra extraordinaria, la disfruté tanto que hace poco la volví a leer . Trataré de leer más de Thomas Mann. Hans Castorp es inolvidable.

  5. La gran obra de Mann no puede describirse ni mucho menos criticarse en simples palabras, su complejidad argumentativa, asi como su elasticidad tematica, hacen de la montaña magica cumbre literaria universal. Esta obra posee rasgos eclecticos, pues abarca desde la narrativa literaria hasta el dialogoa filosofico (utilizando la disertacion como principal herramienta). Este ultimo punto es lo que colige su coplejidad, es necesario ciertos criterios criterios filosoficos previos para la comprension de los diversos dialogos, en especial los dados entre el italiano y el clerico, sin los mismos la obra resultara, en muchas ocasiones, abrumadora.

  6. Este libro me fue obsequiado al cumplir quince años es una argumento triste trata sobre una casa en los Alpes suizos que aloja pacientes de t.b.c. personajes descritos con cierta ironía , y seriedad como los rusos bien , sabios como Setrembrin, le he leído varias veces y cada vez me gusto menos , lo cual no quita mi admiración hacia el autor Thomas Mann , lo que puedo sugerir es lo siguiente que se le empieze a leer por cuentos tan encantadores como Tonio Kroger etc. Saludos

    Jorge López Zegarra

    pos data debe decir Tonio Kroger

  7. Simplemente, es obligado entrar en las profundidades de los personajes, para gozar de los estados de animos, desde la alegria hasta la tristeza y dejarse llevar por todos ellos, hasta el placer.

  8. Yo estuve a puntito de dejarlo a un lado. Me dio una claustrofobía horrible en la primera parte. Sentía que el protagonista se había quedado atrapado en una red de araña invisible de la que no era consciente, y de la que no podía huir. Salvada esta etapa de claustrofobía comencé a disfrutar de la lectura y me veía subrayando párrafos. Es como un río, si te dejas llevar, apareces en el mar casi sin darte cuenta…

  9. Leyendo este libro sentí alegría y tristeza, un libro erudito y pesimista que leí en la época más feliz de mi vida. Pero imperturbable al paso del tiempo, lo dice el propio autor de este blog. “La vida arrastra a cualquiera sin tener en cuenta nada, al igual que la enfermedad asola el cuerpo sin reparar en caracteres, opiniones o disposiciones”

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