Los Zelmenianos – Moyshe Kulbak

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Los Zelmenianos - Moyshe KulbakCon el año ya casi llegando a su final, esta lectora viene presurosa a recomendarles la que es sin duda una de las mejores lecturas de 2016. Añadan este título a su lista de libros pendientes o regálenselo estas navidades, sea como sea no dejen de leer Los Zelmenianos.

Los Zelmenianos es una increíble novela del escritor bielorruso en lengua yiddish Moyshe Kulbak. En ella cuenta las vicisitudes de los habitantes del patio de reb Zélmele, patriarca de una numerosa progenie de tradición judía que debe enfrentarse a los problemas de la convivencia propios de una familia numerosa, donde todos se consideran con derecho a inmiscuirse en la vida de los demás; al tiempo que enfrentarse a los vientos de cambio que la revolución bolchevique trae consigo.

Matrimonios, observancia de los preceptos religiosos, enamoramientos, enfrentamientos familiares, muertes, la llegada del progreso en forma de radio y electricidad y conflictos generacionales son algunas de las cosas que suceden en el patio de reb Zélmele.

Moyshe Kulbak abordó los problemas de los zelmenianos con un fino humor que no por ello deja de señalar las cotidianas tribulaciones de la existencia, incluso puede que las subraye. Un humor que vibra ya en los títulos de los capítulos: “Prólogo acerca de una cuchara”, “Un trino de pájaro suficiente para el zelmeniano medio”, “Jáyele, ¿dónde has puesto la vasija para kosherizar la carne?” y que hará disfrutar al lector inteligente no menos que el preciosismo de la prosa de Kulbak.

El escritor bielorruso se sirve de un lenguaje ingenuo, incluso coloquial, con el que construye las imágenes más hermosas que imaginarse pueda. Su narrativa bebe claramente de las vanguardias, unas veces del futurismo, «El sol latía como un generador diésel», «Era una noche callada, tan callada que se podía oír el susurro de la electricidad sobre el pavimento.», y otras del surrealismo, «la olvidada máquina de coser (…) arrinconada con sus desgarbadas costillas metálicas al aire, como el desenterrado esqueleto de un oficio anticuado». Pero aunque las vanguardias pedían la muerte del claro de luna, Kulbak describe a menudo el patio de los zelmenianos bajo su luz, cuyos dedos acarician los cristales de las ventanas. De esta manera compone un texto lírico pero moderno, hermano de esos otros fascinantes de Andréi Platónov o Mijaíl Bulgákov.

Los Zelmenianos se ocupa del final de una época. El patio de reb Zélmele es la vieja Rusia, pero es también la tradición judía. A lo largo de la novela presenciamos su decadencia. Milenaria y decrépita, no tiene fuerzas para enfrentarse a las mil novedades y, además, tiene al enemigo en casa. El narrador llama «bribones» a los zelmenianos jóvenes que se han unido al Komsomol, pero no son solo los jóvenes los que deciden seguir la corriente de los tiempos.

El conflicto entre lo nuevo y lo viejo («Yo estoy a favor de la electricidad, pero en casa de otros», dice uno de los personajes), entre tradición y modernidad, entre padres e hijos, recorre las páginas de Los Zelmenianos. Aunque siempre tratado con cierta jocosidad, no por ello deja de ser un conflicto.

El tío Itche, a través de una rendija en su cerebro aún adormecido, pensó horrorizado que estaba claro: su vida anterior, la casita baja, la lámpara del n° 8, el atizador del horno, las antiguas tradiciones judías, se estaban vengando de él:
—¡Te vas a enterar! —le decían.

Irónica y tierna, vanguardista y lírica, sentimental y jovial, así es esta novela familiar que ya están tardando en leer.

1 Comentario

  1. A veces, de forma imprevisible, aparecen en nuestra vida libros distintos, completamente diferentes a todo lo visto. Libros que, gracias a lo mucho que ofrecen, consiguen reconciliarte de inmediato con el, a veces, trabajoso acto de la lectura; disfrutas y te regocijas con ellos temiendo, a cada página leída, por su inevitable final. Son los “mirlos blancos” de que hablé en otra entrada de este blog.

    “Los Zelmenianos” es uno de esos raros ejemplares. Un libro maravilloso que bien justifica la euforia de las primeras líneas de la reseña. Yo, también me sumo a ella y, en coro con la Sra. Castro, digo: no dejen de leer, sea como sea, esta pequeña obra maestra de Moyshe Kulbak.

    Sirva de aviso, no obstante, que no se trata de una novela clásica al uso, tejida alrededor de una trama argumental definida. Es algo muy distinto, más peculiar, es una especie de crónica de patio vecinal, en versión yiddish, que recoge el latir de la vida de un grupo social de especial idiosincrasia: una comunidad de artesanos judíos, asentada en la capital bielorrusa, arrollada y vapuleada por el transcurrir de la Historia, (con mayúscula).

    Kulbak define a los zelmenianos como “personas tranquilas, calladas, pacientes y nada irritables”. Pero, como diría aquel, será dependiendo del día, hora y dirección del viento, porque la verdad es que todos ellos son de mecha corta y fácil ignición… (Aviso a navegantes: llegado el momento de la combustión, mejor mantenerse lo más alejado posible del foco explosivo). Con estos atrabiliarios personajes, una ironía simpar y una prosa magnífica, plena de lirismo, fuerza e inventiva, el autor va construyendo un mosaico desordenado de historias que sirve de telón para analizar el período posrevolucionario ruso del primer tercio del pasado siglo. De nuevo, una vez más, surge a escena como objeto de crítica el comunismo, la mayor utopía de los tiempos modernos, surgida de la mente del hombre, malbaratada ya en el mismo instante de su gestación.

    La prosa de Kulbak, como bien apunta la reseña, bebe de las vanguardias literarias europeas de comienzos del siglo XX y se emparenta especialmente con otra muy similar, me refiero a la de Andréi Platónov, (Bulgákov, creo que se aleja algo más de la comparación por su continua tendencia a la sátira y al juego del absurdo). Existe, no obstante, una importante diferencia entre las dos.

    Platónov fue un revolucionario de trinchera, comprometido con la revolución y desencantado por los escasos logros obtenidos de ella obtenidos: “Vagando por estos rincones perdidos, he visto cosas tan tristes que a veces me resultaba imposible creer que en algún lugar existiera una ciudad como la lujosa Moscú, el arte, la prosa”. Este desencanto lo transforma en el sentimiento de pérdida y pesimismo, que empapa toda su obra y que le lleva en muchas ocasiones a un enfrentamiento frontal con la nomenklatura en el poder, leyendo “Las dudas de Makar” puede comprobarse fácilmente.

    El compromiso de Kulbak no es tan profundo. Regresa de Vilna a Minsk por su familia y con la ingenua esperanza de que el poder soviético propiciaría el resurgimiento de la cultura yiddish. Su crítica al sistema no es tan directa, ni sus apoyos tan fuertes (Míhail Sholójov ayudó muchas veces a Platónov, llegando a conseguir incluso el regreso del destierro del hijo de éste, enfermo de tuberculosis). En la confrontación emplea más el camino de la sutileza y de la alusión indirecta, aunque alguno de los personajes de “Los Zelmenianos” llegue a la osadía atroz de defender el determinismo de clases.

    Los totalitarismos, como ya sabemos, son de piel muy sensible y nada propensos a tolerar cualquier clase de disidencia, sea del tipo que sea. Kulbak, por desgracia, pudo experimentarlo, como muchos otros, (Babel, Mandelstam, Grossman,…), en carne propia.

    A pesar de ello, nos han quedado obras tan hermosas y divertidas como “Los Zelmenianos”. Una novela repleta de humor, crítica, ironía y belleza, con imágenes tan contundentes que llegan a emocionar. La reseña apunta algunas de las muchas que hay, pero yo no puedo concluir este comentario sin citar una impactante por su hermosura: la descripción que en una página se hace de los trabajos de construcción del primer tranvía eléctrico en Minsk. Cualquiera lo puede comprobar abriendo el libro por el capítulo 8 de su primera parte, “Tsalke y Tonke”.

    No engaño a nadie. Un libro, para disfrutar de verdad, con el que hay que hacerse de la manera que sea. A mí, me ha llegado vía regalo, de unos amigos muy especiales. Gracias.

    Cordiales saludos a los seguidores de solodelibros

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