Por qué el mundo está a punto de hacerse mucho más pequeño – Jeff Rubin

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2001

Para Jeff Rubin, un reputado economista canadiense, la presente recesión mundial no tiene su origen ni en las hipotecas basura ni el estallido de la burbuja inmobiliaria; a su parecer, esta crisis dio comienzo, al igual que todas las que han sacudido el planeta desde los años cincuenta, con el encarecimiento del combustible que mueve la economía global: el petróleo.

El autor considera que el pico del petróleo —momento en que se alcanzará la máxima producción de crudo, que después descenderá con gran rapidez— está cercano; y mientras tanto, la dependencia de nuestras sociedades de los combustibles fósiles no hace sino crecer. A pesar de los avances en eficiencia energética, el consumo de hidrocarburos en Occidente no ha cesado de aumentar: por ejemplo, la cantidad de energía necesaria para generar una unidad de PIB en EEUU se ha reducido en un 50% en los últimos treinta años, pero su consumo de petróleo ha aumentado en un 20%. A la demanda de los países desarrollados se une ahora la de los países emergentes, como China, India o Brasil, que con sus industrias intensivas en energía, aumentan su consumo de barriles años tras año.

Esa desigualdad entre oferta y demanda solo puede conducir, aplicando las teorías básicas de la Economía, a un encarecimiento del precio del petróleo. Y las consecuencias económicas de un petróleo caro ya las conocemos: basta con echar la vista atrás y recordar el parón que sufrió la economía mundial como consecuencia de las crisis provocadas por la OPEP en la década de los setenta.

De hecho, Rubin nos señala los precios de tres dígitos (casi 150 dólares/barril) que el crudo alcanzó en el primer semestre de 2008 como el origen de la presente recesión. Y si bien los altos precios dan lugar a una inmediata contracción de la demanda, que a su vez provoca una caída de los precios, estos nunca vuelven a estar tan bajos como antes de la subida. Y, desde ese suelo, volverán a elevarse en cuanto la recesión comience a aflojar y la demanda de energía crezca de nuevo.

Un aumento de la producción se considera ya una quimera, pese a las promesas de las compañías petroleras. Cada vez queda menos petróleo convencional (el de fácil extracción) y el no convencional requiere invertir demasiado dinero y, sobre todo, demasiada energía, lo que no lo convertirá en combustible barato. Por otra parte, las energías renovables y los biocombustibles no pueden ser contemplados, hoy por hoy, como una alternativa realista, dadas las enormes necesidades de energía que requiere mover nuestras economías.

En consecuencia, Jeff Rubin apuesta por una vuelta al mundo local que existía antes de la globalización. Si los capitales huyeron hacia aquellos mercados laborales que ofrecían la mano de obra más barata, a la vez que extendían sus mercados por todo el planeta, gracias a la oportunidad que brindaba un transporte barato, basado en un combustible barato, ahora volverán a casa. Ya no tendrá sentido importar acero desde China, o lechuga desde Argentina, porque la ventaja económica que otorgaban los bajos salarios, será absorbida por los costes del transporte.

Sin lugar a dudas, los precios subirán, pues la mayoría de productos ya no se podrán fabricar a bajo coste. Y dejaremos de disfrutar de esos millares de artículos que ahora nos llegan desde el otro lado del globo. Los altos precios de la gasolina nos obligarán a mover menos el coche y a buscar un empleo lo más cercano posible a nuestra casa. Y nuestro ocio, casi siempre intensivo en energía, tendrá igualmente que cambiar.

Ese nuevo mundo local que nos esboza Jeff Rubin parece muy prometedor: más sostenible y más limpio, pero también con mayor tasa de empleo, una vez regresen aquellas empresas e industrias que habían huido en busca de mano de obra barata a la que explotar.

No obstante, y dada la evolución económica y social que hemos visto en los últimos cincuenta años, sería pecar de un absurdo optimismo el creer que ese idílico porvenir esté a la vuelta de la esquina. El propio Rubin defiende la globalización como algo positivo, puesto que permitió a los ciudadanos occidentales tener acceso a un montón de productos a bajo precio. Sobre la pérdida de poder adquisitivo de esos mismos ciudadanos, o sobre quién se enriqueció obscenamente con la venta de esos productos que eran baratos gracias a la explotación de los trabajadores, no menciona nada.

Así pues, podemos estar seguros de que, como la globalización, el nuevo mundo que nazca de la escasez de petróleo beneficiará a unos pocos (los mismos de siempre) y perjudicará a la mayoría. Como aperitivo tenemos la presente crisis.

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