Esto, lo otro y lo de más alla – Julio Camba

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Esto, lo otro y lo de más alla - Julio CambaAl parecer, según puede leerse en esta edición de Cátedra, Julio Camba es un autor atípico en el panorama literario español; fundamentalmente, por dos razones: la primera, porque toda su obra la componen los cientos de artículos de periódico que escribió como corresponsal desde diferentes partes del mundo; la segunda, por su peculiar sentido del humor, flemático e inteligente.

Uno, que carece por completo de sentido del humor, se acercó a esta recopilación de artículos esperando encontrar una mezcla de Jardiel Poncela y Gómez de la Serna, pero lo que topé fue algo bastante más ramplón. Desde luego, una cosa sí es cierta, y es que Julio Camba no es un creador al uso de las costumbres españolas de la primera mitad del siglo XX. Se agradece su finura de estilo, su certera habilidad para ahondar en los asuntos que trata —que son muchos—, su humorismo. A lo largo de todas las piezas que componen este librito, podemos observar la destreza que posee Camba para perorar tanto de actrices norteamericanas como de la historia de las barbas, unas veces con mayor acierto, otras no. Su gran virtud es diseccionar, con mayor o menos sentido del humor, cualquier cosa que caiga bajo su mirada, sean médicos, bailes o personajes históricos.

Sin embargo, bien sea por el inclemente paso del tiempo, bien porque su genio no daba para más, la lectura de unas decenas de artículos le sumen a uno en cierto aburrimiento. El estilo es gracioso y elegante, los temas son extravagantes, pero… algo falta. Y lo que no encuentra uno por ninguna parte es esa capacidad asombrosa que tenía, por poner un ejemplo contemporáneo, Gómez de la Serna para convertir cualquier menudencia en algo asombroso y cargado de causticidad. Camba es inteligente y, en ocasiones, agudo, pero adolece del olfato y del estilo necesarios para provocar la complicidad del lector. Sus artículos son interesantes, pero casi siempre más por la información que nos cuenta que por el sentido del humor que se respira en sus palabras. Esto, por supuesto, no supone un demérito si tenemos en cuenta que Julio Camba era, precisamente, corresponsal de prensa. Pero sus artículos, leídos años después, no son más que meros apuntes sin mayor interés que el informativo o histórico; su valor literario es bastante menor, con la excepción de unas cuantas piezas muy bien urdidas.

Aunque Camba está muy por encima de alguno de los literatos que pueblan en estos días la geografía española, es más que probable que sus artículos no pasen a la historia de la literatura sino como meros divertimentos.

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