Homo Faber – Max Frisch

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Homo Faber - Max FrischHomo Faber es uno de los clásicos de la literatura contemporánea. Y lo es con razón. Porque en ella Max Frisch ha sabido condensar la esencia del hombre moderno —tal vez incluso sería apropiado decir de la civilización occidental moderna—, que trata de emanciparse de su condición de doliente ser humano, para acabar topándose con ella de manera inesperada y casi siempre abrupta.

Walter Faber, el protagonista de la historia, es un tecnócrata que rinde culto a la ciencia y la tecnología humanas. Para él nada es comparable a las máquinas creadas por el hombre, la naturaleza es un lugar incómodo que debe ser mecanizado y los sentimientos son simples atavismos.

Aunque la escritura de Frisch es demasiado sencilla, casi plana, la maestría con que va dibujando al personaje de Faber engrandece por completo la novela. No hay una descripción explícita del mismo, ni Faber hace en ningún momento una declaración de intenciones; pero en el largo monólogo en el que da cuenta de su historia, el autor hace que se retrate a sí mismo en mil detalles de una manera tan sutil, pero tan contundente, que deja maravillado al lector.

Faber, como narrador de su historia, se muestra descreído. Sólo tiene una fe: la ciencia y la capacidad del hombre para hacer avanzar al mundo por el camino del progreso. Todo lo que no tenga que ver con eso es incapaz de atraer su interés e, incluso, directamente no existe para él. Sin embargo, de pronto se ve envuelto en unos acontecimientos que cambiarán para siempre el rumbo de su vida. Pero, incluso viéndolos en retrospectiva, Faber se niega a ver en ellos la mano del Destino (con mayúscula) e insiste en verlos como fruto de la casualidad, del azar fortuito. Nuestro hombre sólo cree en la estadística. Hay ciertas cosas que tiene pocas probabilidades de suceder, pero suceden. Y cuando lo hacen, de nada sirve creer en la existencia de un plan o designio superior.

Como apuntaba, el desvelarse gradual pero acertado de la personalidad del protagonista y narrador, así como el planteamiento pausado de la trama, logran que el interés del lector aumente página tras página. Al contar su historia, Faber hace alusiones a lo que acaecerá más adelante que acicatean la atención del que lee. Por otra parte, la escritura sencilla, directa, práctica, sirve como realce a la evolución de la narración, al no distraer la atención de ella; pero también sirve para apoyar la construcción de la personalidad pragmática del narrador. Sin embargo, la narración está llena de un cierto tipo de poesía que canta el utilitarismo del siglo XX, pero poesía a fin de cuentas.

Homo Faber no es sino una revisitación contemporánea de las tragedias griegas. Walter Faber es un moderno Edipo que, juguete del destino (o de la ley de probabilidades), verá conmocionarse toda su vida y, por supuesto, todas sus creencias. Pero si Edipo quedaba ciego por su propia mano, Faber por el contrario recupera lo que podríamos considerar una visión espiritual. Sintiéndose inocente de unos sucesos de los que verdaderamente no tiene culpa (ni siquiera hubo oráculo que le predijese lo que el futuro le habría de deparar), la terrible experiencia por la que pasa le devuelve su dimensión de hombre; le recuerda que hay cosas que las máquinas no pueden evitar, prever o resolver; de alguna manera, lo humaniza.

Homo Faber es una novela que, a pesar de su aparente sencillez formal, resuena en el lector mucho más allá de concluir su lectura. Y es por ello altamente recomendable.

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6 Comentarios

  1. Me gustó mucho la reseña del libro. Solo quería añadir una faceta que creo que es interesante. A través de la figura de Faber Frisch retoma en cierto sentido la idea de un antifeminismo muy típico a finales de los años 50 utilizando algunas conclusiones de “El segundo sexo” de Simone Beauvoir donde el hombre se entiende como sujeto y punto central del universo mientras la mujer forma parte de una “categoría de lo diferente”. Esto se ve claramente en la relación entre Faber y Ivy. Aunque Sabeth le permite acercarse de otra manera a una mujer, ella siempre será un sustituto para lo que fue su único amor: Hanna. (relación que fracasa porque ella no acepta el rol de la mujer que Faber se imagina).

  2. No creo, Sra. Castro, poder añadir mucho de interés a su excelente reseña. “Homo faber” es un magnífico libro, que he descubierto, y sobre todo disfrutado, gracias a su inestimable consejo y a mi muchas veces fallida y escasa intuición.
    Hay un rasgo esencial de esta novela que la hace todavía más grande. Usted lo cita precisamente al final de sus comentarios: “… resuena en el lector mucho más allá de concluir su lectura.” Así es, en efecto, el libro consigue trascender. Y el goce que te proporciona su lectura se transforma, tras su última página, en una extraña mezcla de pena y desasosiego íntimo. Pena, por el triste devenir de Walter Faber, su protagonista, y desasosiego, por la duda de si no estaremos malbaratando, sin darnos cuenta, el bien más escaso del que disponemos: nuestra propia vida. Esas han sido, al menos, mis sensaciones durante y después de la lectura de esta excelente obra, que he devorado en poco más de dos días.
    Quisiera, de todas maneras, manifestarle un pequeño desacuerdo, – quizás, ni tan siquiera eso -, sobre la catalogación que hace de la prosa de Max Frisch: “…demasiado sencilla, casi plana,…”. No he leído nada más del autor suizo, y no sé si esas son las características propias de toda su narrativa, pero sí estoy seguro de una cosa, de que son las más adecuadas al tinte intimista e introspectivo de la historia. Acabo de concluir, hace poco, otra lectura muy distinta a ésta, “Nana” de Chuck Palahniuk, y le puedo asegurar que prefiero mil veces la prosa sin alharacas de “Homo faber” a la estridente y artificiosa, empleada por el autor norteamericano.
    Para finalizar, quisiera hacer notar un par de apuntes que, en mi opinión, ponen de manifiesto el enorme trabajo que se esconde tras la aparente inanidad de la prosa de Frisch.
    Uno, es la impecable estructura de la novela, articulada en dos etapas y con continuas interrupciones en la linealidad de su trama. Los saltos de tiempo y espacio, que en otras obras rechinan enormemente, aquí funcionan a la maravilla; se nos presentan con una naturalidad admirable, tanta que se consigue incrementar aún más, si cabe, el interés del lector por la historia. Importante logro, éste, a anotar en el haber del autor.
    El otro, es el protagonista de la novela en sí, personaje cuidado hasta la extenuación en todos sus detalles. Nada es baladí en su construcción, arranca como el ser pragmático en innovador por antonomasia, un hombre científico capaz de ponerse a arreglar su maquinilla de afeitar tras una tremenda discusión afectiva, y acaba varado en una cama de hospital, consciente de que todos los testimonios de su vida han sido mentira. Ni tan siquiera su viaje en el espacio es casual, parte de Nueva York, meca de la modernidad, y termina prácticamente su existencia en una solitaria playa de Corinto, en la tierra del mito y de lo irracional.
    En resumen, excelente libro y excelente autor, al que me aproximaré de nuevo con toda seguridad.
    Cordiales saludos a los seguidores de solodelibros

  3. El autor creo que se puede le puede definir como una de las referencias europeas de mayor valor en el campo literario. No dejen de leer, por favor, su obra “No soy Stiller”. Sublime. Cuando lean a este escritor veran que algunos otros que pasan como escritores, no pasan de ser unos simples “juntaletras”. ABRAZOS

    • Pues no, a mí “No soy Stiller” no me parece nada sublime. Y lo lamento, porque tras la lectura de “Homo Faber”, – excelente libro en todos los sentidos -, uno repite autor, siempre en la confianza de no errar, de ir a tiro seguro. Pero esta teoría tan optimista muy pocas veces puede con la realidad, en la mayoría de ocasiones las expectativas quedan defraudadas. Sólo los “muy grandes”, y no siempre, pueden asegurar el blanco fijo.
      “No soy Stiller”, en mi opinión, no va más allá de una sesión de diván, – no me han gustado nunca mucho, y menos en la literatura -, aderezada de historietas ocurrentes. Se puede hablar de trasfondo de negación a la identidad del hombre moderno, de poso filosófico, de acerba crítica a la sociedad suiza de los años cincuenta, pero lo cierto es que el libro se transforma en un confuso pastiche de pensamientos y relatos que , “ficcionados”, resultan interesantes al principio, para hacerse insufribles a las pocas páginas. Su capítulo final, “Epílogo del fiscal”, aporta más información sobre Stiller que los siete cuadernos que conforman el meollo de la historia. Es más, estoy convencido que el lector habría agradecido una poda de los mismos: la historia, sin resentirse lo más mínimo, se hubiera tornado menos árida e insufrible.
      De coincidencias y casualidades, muchas veces consideradas excesivas en la literatura decimonónica, prefiero no hablar. Inaudito resulta que el rizo se rice hasta el extremo de que la mujer del fiscal, encargado del caso Stiller, resulte ser una ex-amante del propio encausado… Increíble, ni el propio Víctor Hugo lo habría superado.
      Un libro que, si logró lanzar a la fama a su autor, no ha conseguido interesarme lo más mínimo. Lo siento, pero lo anoto dentro del casillero de lecturas decepcionantes.
      Cordiales saludos

  4. Gacias por su reseña , aún no lo leo pero debido a su reseña ya me instruyo más .Solo he leído uno ¨Supongamos que me llamen Gantenbein¨ , me parece de un argumento cruel y cínico como maneja a su personaje lo que no niega que sea una excelente obra literaria. Nuevamente gracias por sus informaciones.

    Jorge López Zegarra

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