Hormiguero – Margit Kaffka

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Hormiguero - Margit KaffkaEl heterogéneo catálogo de El Nadir nos ha deparado ya varias lecturas maravillosas, descubriéndonos autores cuya exquisita voz no debiera quedar sepultada. Tal es el caso de la húngara Margit Kaffka, y de la que fue una de sus principales novelas: Hormiguero.

Esta obra se basa en las experiencias que la escritora cosechó como alumna en un convento de las Hermanas de la Caridad, donde se formaban profesoras; y en ella dibuja con maestría un fresco donde se reflejan las pasiones que los muros conventuales albergaban. La vida de estudiantes, novicias y hermanas se describe con una delicada sensibilidad en la que se reúnen la nostalgia de sus propios días en el convento y el alivio por haber dejado muy atrás el ambiente asfixiante del convento.

En Hormiguero Kaffka demuestra su habilidad para captar los detalles de la rutina diaria, el discurrir monótono del día a día con su miríada de insignificancias que, sin embargo, le dan no sólo sentido, sino también entidad. Pero a la vez se presenta como una innegable conocedora de eso que se ha dado en llamar el alma humana. De este modo, lo visible y lo oculto se unen ante el lector, que puede entenderlos como estratos separados, a la vez que seguir las vetas que los unen y que la autora señala con sabia sutileza.

Lo visible es la rutina del convento: los estrictos horarios, las reglas, las clases, las misas. Con un estilo ágil, de descripciones sencillas y evocadoras, Margit Kaffka traslada al lector la monótona y rigurosa vida dentro del convento. Y como consecuencia de ella, lo oculto: el deseo febril de las alumnas de escapar del ambiente asfixiante de estudios y oraciones, de respirar el vivificante aire de la vida mundana; y las tumultuosas relaciones que nacen entre las habitantes, monjas o seglares, del convento: amistad, admiración que culmina a veces en amores histéricos, rupturas y desengaños.

También la ambición será una de las bajas pasiones que agiten de forma subterránea la vida en el monasterio. Kaffka le da una vuelta de tuerca a la novela al situar la narración en el momento en que, habiendo muerto la madre superiora, se deben celebrar elecciones para designar a la nueva priora. De este modo, la obra se completa pues no se reduce a una colección de anécdotas sobre la vida de las jóvenes estudiantes de magisterio, sino que también pone de manifiesto que las luchas de poder suceden siempre en cualquier lugar donde se congreguen más dos seres humanos.

La riqueza de los personajes pone de manifiesto que la autora fue una fiel observadora de las psicologías de quienes compartieron con ella los años de internado. Encontramos personajes de encantadora candidez, otros de irresistible audacia, seres pasivos incapaces de luchar por su felicidad o capaces de todo por llegar al objetivo que se han marcado.

Destaca de entre ellos la hermana Verónica: un personaje bien trazado, rotundo, decidido y nada monjil. Una mujer inteligente y ambiciosa vestida con hábito, que busca inconscientemente justificaciones divinas para su incansable actividad en busca de beneficios materiales y que sucumbirá a la atracción por una de sus hermanas. O la cautivadora Erzsi, una muchacha algo más ingenua de lo que ella misma cree, pero decidida a ser libre y a vivir la vida a su manera.

Las intrigas urdidas para elegir a la nueva superiora se resolverán finalmente de forma satisfactoria para todos los bandos pero, sobre todo, para el lector, que comprende al volver la última hoja que todos los acontecimientos narrados por Kaffka encajan perfectos entre sí, como un puzle admirablemente construido.

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