La vida en minúscula – Alfred Polgar

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La vida en minúscula - Alfred PolgarDesconocido por completo para uno, entré en conocimiento de Alfred Polgar a través de uno de esos culturales de los periódicos, tan poco apreciados, aunque a veces deparen sorpresas agradables. En la línea de autores que suele publicar la editorial Acantilado (léase: poco conocidos, muchos europeos y, por lo común, del este), leo en la contraportada que Polgar nació en Viena en 1875 y fue un viajero incansable, viviendo en Alemania, Suiza, Francia o Estados Unidos. Nada más se dice de él, por lo que dejo aquí este enlace para el que esté interesado en conocer algunos detalles más de este ignorado (por estos lares) escritor.

Y, entrando en materia, debo decir que este libro ha resultado ser una pequeña joya, uno de esos libros que a uno, sin darse cuenta, le embelesan y le enganchan por su sencillez, su inteligencia y sus buenas maneras. Me explico. El libro está compuesto por treinta relatos extraídos de una edición de las obras completas del autor (en alemán), por lo que su evolución (entiendo que el orden que ocupan en el volumen es cronológico) es evidente y perceptible a los ojos del lector. Los primeros cuentos, ‘Tratado sobre el corazón’ o ‘Enfermedad’, por ejemplo, pecan de obvios, de excesivamente claros, negando al que lee la posibilidad de intuir, evocar o inferir, puesto que el escritor expone la situación que narra (una despedida amorosa, un trance en cama) sin dobleces, argumentando incluso su propia opinión al respecto de lo que describe. Esta es una característica que, atenuada, se reflejará en otros relatos, ya que, más que narraciones literarias en sí, algunos parecen pequeñas reflexiones o ensayos acerca del amor o la guerra, por citar dos ejemplos.

Presentada esta objeción, el caso es que el grueso de los cuentos del libro son muy bellos; unos, por inteligentes y agudos (recomiendo la lectura de uno titulado ‘Discurso, por desgracia nunca pronunciado, ante la tumba de las víctimas’, una maravilla desde cualquier punto de vista por los recursos que atesora en apenas dos páginas), otros, por cómicos y cáusticos. Este último caso es el de ‘El globo’, ‘El peldaño’ o ‘El abrigo’, narraciones muy breves, pero cargadas de un cinismo teñido de ironía. Más reflexivos e interesantes pueden ser ‘El señor de la cartera’ o ‘En el centro de los acontecimientos’, que se acercan más al modelo de micro-ensayo que citaba antes. Los últimos relatos están escritos durante su estancia en Estados Unidos, lo cual se refleja en el uso de ciertos personajes (actores, por ejemplo) y de algún que otro estereotipo netamente norteamericano (y no puede uno dejar de citar ‘Curalotodo’, que oscila entre la burla más visceral y la tristeza más terrible).

En general, todos los cuentos son breves, de dos o tres páginas, aunque muy elaborados y con una economía de medios muy lograda. Aunque algunos están menos logrados, el nivel general es alto, con algunas joyas que hacen, por sí solas, que merezca la pena leer este libro. Todo un descubrimiento.

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