Orlando – Virginia Woolf

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Orlando - Virginia WoolfOrlando, novela que Virginia Woolf publicó allá por 1928, es un texto peculiar y tremendamente original: la biografía de un hombre que se transforma en mujer y cuya existencia abarca desde la época isabelina (mediados del siglo XVI) hasta el once de octubre de 1928, sin que la protagonista pase de los treinta y cinco años jamás. Este tosco resumen no da idea, sin embargo, de la riqueza de temas que trata, de la sensibilidad con que lo hace y del fino humor que rezuma esta parodia de biografía.

Es precisamente un biógrafo quien narrara la vida de Orlando, sin evitar referirse a su propio trabajo a lo largo del texto, bien sea para señalar su rigor, bien sea para apuntar las dificultades que topa o para repasar las leyes que debe acatar el buen biógrafo. En esta narración se intercalan fragmentos de flujo de conciencia del (de la) protagonista que se plantea disquisiciones sobre los acontecimientos de su existencia.

Vaya por delante que no hay extrañeza alguna en Orlando, ni en su biógrafo, ante el hecho de ver transcurrir los siglos, como tampoco se extraña cuando una mañana amanece convertido en mujer. Aunque vive, respira, ama y padece, Orlando existe como aparte del mundo y Woolf consigue que el lector se sitúe con él/ella y acepte las peculiares características del relato.

De este modo, la narración ofrece un sinnúmero de matices. Para empezar, un somero repaso, aunque fabulado, por la historia de Inglaterra y sus costumbres. Al tiempo, reflexiones sobre el sentido de la vida y la no permanencia del hombre frente a la eternidad de lo humano. Y, al hilo de esto, reflexiones sobre el amor, la amistad o la creación literaria; temas que han preocupado al ser humano desde el principio de la civilización y cuya esencia permanece inmutable mientras cambian las eras, los reinados y las modas.

Singular es el planteamiento que hace Virginia Woolf de la cuestión femenina. Porque el cambio de sexo de Orlando no es algo meramente anecdótico, sino una excusa para reflexionar sobre la condición de la mujer. Cuando, una mañana, Orlando se despierta y es mujer, sigue, sin duda, siendo la misma persona, pero, al tiempo, todo ha cambiado para ella. No puede poseer propiedades, no puede moverse con libertad (en parte por tener que llevar faldas), debe abandonar sus anteriores ocupaciones y aficiones y ya nadie la volverá a tratar como solía. Sin embargo, sigue siendo la misma persona: sus recuerdos, sus vivencias, sus inclinaciones no han cambiado.

Virginia Woolf no hace especial hincapié en estas ideas, aunque estas trascienden con facilidad de la lectura debido a la capacidad de la escritura para construir un personaje sólido, completo y único. Orlando es sensible, reflexivo, hermoso, humilde, soñador… y lo es mientras es hombre y lo es (cambien el género de los adjetivos que lo requieran) cuando es mujer.

Es por tanto Orlando una novela riquísima en matices que nos llega traducida por Jorge Luis Borges. Pero, a pesar de la inmarcesible fama del argentino y de la fama de la que goza también esta traducción, lo cierto es que resulta meliflua e innecesariamente farragosa. Estudios feministas critican en ella la forma en la que el traductor abordó el cambio de sexo y todo lo que de este se desprende; ese aspecto, sin embargo, es disculpable, dado que Borges adaptó la novela no solo a su idioma, sino a la cosmovisión de su sociedad y de su época. Pero la calidad literaria de la prosa de Woolf se resiente, hasta el punto de que el lector duda de a quién está leyendo, si a Woolf o a Borges, y no puede obviar ni por un minuto la figura del traductor. Lo que resulta una lástima.

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