Winesburg, Ohio – Sherwood Anderson

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Winesburg, Ohio - Sherwood AndersonWinesburg, Ohio es, quizá, la obra más conocida de Sherwood Anderson. Estructurada en forma de libro de relatos, su composición oculta una continuidad más temática que formal; lo que el autor propone es una suerte de retrato del americano medio de principios del siglo XX a través de sus miradas a los habitantes de esa pequeña comunidad que da título al libro.

Los distintos textos están, pues, relacionados de un modo un otro. El hilo conductor principal es la figura de George Willard, un joven reportero del periódico local (el Winesburg Eagle) que actúa en ocasiones como catalizador para algunos de sus vecinos, que le utilizan como depositario de sus confidencias. La mayoría de los textos, no obstante, pueden leerse como historias independientes y tienen una autonomía relativa respecto del conjunto, si bien la temática general es la misma.

La mirada de Anderson sobre este pequeño pueblo estadounidense está llena de afecto, pero también carece por completo de indulgencia. Los personajes que protagonizan las historias son presentados con una economía de medios que prefigura la aridez de Hemingway, por ejemplo, aunque con un estilo muy hermoso y de una sensibilidad notable. Está claro que la propia vida del autor condicionó su forma de enfocar estos relatos y la simpatía del narrador por esos extraños habitantes de Winesburg recorre todas y cada una de las páginas; aunque la mayor parte de los ciudadanos de Winesburg son criaturas desoladas y perdidas, el lector percibe un poso de entrañable calidez en cada uno de sus retratos.

No obstante, la característica común a todos ellos es el fracaso. Todos son seres abandonados por la fortuna, perdedores de una u otra clase que se mueven por ese pueblo casi como fantasmas, anhelando sueños o tiempos mejores. Desde maestras de escuela solitarias y apáticas hasta aparceros rudos y orgullosos, los personajes que presenta Anderson son nobles, pero cansados; hombres y mujeres que llevan dentro de sí algo hermoso, pero que son incapaces de exteriorizarlo y darlo a conocer. Hablando del protagonista de una de las historias, el doctor Reefy, el narrador nos dice:

En otoño, uno pasea por los huertos y el suelo está duro por efecto de la escarcha. Los recolectores han recogido las manzanas. Las han metido en barriles y enviado a la ciudad donde las comerán en apartamentos llenos de libros, revistas, muebles y personas. En los árboles sólo quedan unas pocas manzanas arrugadas descartadas por los recolectores y que recuerdan a los nudillos de las manos del doctor Reefy. Si las mordisqueas, descubres que son deliciosas. Toda su dulzura se ha concentrado en un lugar redondeado en uno de sus lados. […] Sólo unos cuantos conocen la dulzura de las manzanas arrugadas.

Esa dulzura desconocida y secreta es el elemento que todos los personajes de Winesburg, Ohio tienen en común. Sherwood Anderson pone de relieve con elegancia y contención esas facetas ocultas que, en ocasiones, hurtan a los demás la posibilidad de conocer lo mejor de uno, al tiempo que muestra las pequeñas miserias cotidianas que deslucen nuestras vidas y nos sumergen en la mediocridad. Estos personajes hacen gala de una verosimilitud insólita, si bien la mirada del autor sólo se centra en determinadas facetas y se recrea en la compasión.

Y es que Anderson consigue transmitir sentimientos muy definidos con un estilo sencillo y bello, pero también trampea el resultado con su lenguaje preñado de empatía. Está claro que al narrador de estas historias le caen bien sus héroes; de alguna manera se identifica con ellos y da por sentados ciertos elementos que no tendrían por qué asumirse desde otra perspectiva. El escritor, sin declararlo abiertamente, se posiciona frente a estos seres de manera evidente y hace de sus relatos una excusa para ensalzar tipos y formas de vida. Quizá sea este detalle el que más empobrece el libro, ya que los protagonistas son presentados siempre desde una óptica lo más favorable posible; Anderson bucea en sus entrañas y trae a la superficie miedos, envidias y vicios, pero el veredicto está proclamado de antemano. Así, el lector tiene la impresión de que estos personajes son más estereotipados de lo que podrían ser y la imagen que se forma de ellos se distorsiona sin remedio.

Con todo, la sensibilidad del autor para los detalles y la sensualidad de su prosa, siempre elegante y precisa, hacen que la lectura se sobreponga a esos deméritos. El resultado, en suma, es un libro tierno, hermoso y, sobre todo, muy humano.

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4 Comentarios

  1. “Si vas a ser escritor,tendrás que dejar de tontear con las palabras.Lo más importante es que aprendas a saber lo que la gente piensa,no lo que dice”.Éstas son unas frases que el autor pone en boca de uno de sus personajes pero que muestran también,en mi opinión,la forma con la que Anderson da vida a todos ellos;escarbando en su interior se introduce en sus mentes y nos devela sus miedos,sus frustraciones y sus obsesiones más ocultas.
    Es cierto,como dice la reseña,que el autor trata a todos los personajes con empatía y benevolencia,pero la lectura de este libro no deja un regusto alegre sino un poso de tristeza y soledad.Parece como si la vida que se acerca cada día con los trenes que cruzan Winesburg, pasara siempre de largo para todos los personajes de este libro.
    Algunos relatos (“Nadie lo sabe” y “Tandy”) me han resultado algo insulsos pero se compensan con la fuerza de la mayoría de ellos,especialmente “Devoción”,”Respetabilidad” y “Soledad”.
    Me parece una buena lectura,una obra vital y auténtica que muestra a unos personajes desasosegados anclados a unas vidas desaprovechadas e insatisfactorias.
    El libro me ha gustado y creo que merece la pena leerlo.
    Cordiales saludos.

  2. Otra opinión espectacular. No conocía al autor aunque la editorial acantilado suele ofrecer cosas interesantes. No es algo que me atraiga pero insisto en la valía de tu opinión.

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