Nunca quise ser profesora.
No tengo vocación. No sé qué es eso.
Pero sí he querido ser bombera, astronauta, dibujante, miss España, futbolista, juez, el orgullo de mis padres, una buena persona, feliz, escritora, periodista, librera y así hasta mil.

Yo siempre quise ser profesor. Pues muy bien, yo no. Yo siempre he querido ser lo que era, y daba igual lo que fuese. Fui feliz vendiendo barras de pan, dando clases de guitarra, haciendo encuestas por teléfono, siendo camarera de eventos, fui la más feliz de todas las libreras del universo mundial y un día decidí ser profesora. Pero la decisión era reversible. Si no me gusta, vuelvo. Le dije a todos aquellos libros que dejé sin colocar. A mis clientes. A las estanterías. A aquel chaleco verde.
No sabía si me iba a gustar. Pero no fue eso. Fue más.
Disfruto enseñando, disfruto compartiendo con mis alumnos la magia de aprender, encontrando soluciones que luchen contra el aburrimiento, la desidia y la pereza que a veces les abrazan mortalmente. Me gusta ver como se superan.
Me enfado. Me devano los sesos.

No sé si sé ser profesora, la mayoría de las veces me lo invento. Tengo los ojos muy abiertos y aprendo mucho de todos mis compañeros. Me considero muy novata, me queda mucho que aprender. Mucho que inventar. Formas y soluciones mágicas para captar la atención de un público muy exigente y hacer que todo sea mucho más atractivo. El blog de la clase. El refuerzo de lectura en la biblioteca. Los vídeos de los microrrelatos. La bitácora del instituto. El árbol de los deseos. Da un poco igual el proyecto…siempre que les inyectes entusiasmo y les contagies ganas…te devuelven el esfuerzo multiplicado por mil. Por un millón. Merece la pena.

Judith ha suspendido todas las asignaturas menos castellano. Fracaso escolar. Familia desestructurada. Absentista. Y todo lo demás. No es mérito mío que haya aprobado. Ha sido una casualidad maravillosa. Descubrió, en la clase de refuerzo de lectura, que en la biblioteca había un millón de libros y que ella podía coger de todos, todos, todos…el que quisiera. Nunca había leído ningún entero, son todos un rollo, profe. Todos no, si sabes buscar el que te gusta… y ahora, no se despega de ellos… en el primer trimestre ya lleva cuatro. Y ver cómo le brillan los ojos cuando se acerca a la librería y está ante toda esa maravilla de opciones que le da la literatura…a mi. A mí… me vale.

No sé si lo seré siempre, profesora, digo. Pero sí que sé que mientras lo sea, lo voy a disfrutar tanto como lo hago hasta ahora. Porque me he prometido un millón de veces que cuando no lo disfrute lo dejaré. Y espero cumplir mi promesa. Porque esta profesión es tan apasionante como exigente. Yo también me decepciono, y les intento sacudir la conciencia, y me desespero. Pero aún, y espero que por mucho tiempo, me compensa.