Anatomía de un libro

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Anatomía de un libroEl auténtico encanto de la página tangible reside en esas ediciones esculpidas a partir de la reverencia por el formato palpable, en aquellos esfuerzos por ofrecer un producto físico de estructura inimitable en otro medio. Obras que tumban el cliché de juzgar un libro por su portada, que desafían al enclaustramiento en un puñado de bits. Que deberían estar en un museo.

Cierto que el lector digital tiene algunas ventajas, permite que los insufribles amigos de hacer notas al margen de las páginas no garabateen los manuscritos que heredarán otros, aunque al mismo tiempo crea el dudoso perfil de lector que se lo compra para ahorrar dineros al subirse al barco con la calavera con tibias por pajarita. Pero la existencia del libro físico tiene una razón de ser incuestionable: que las compañías productoras de e-books, ipads y similares engendros electrónicos dejen de talar árboles al buscar huecos donde levantar sus fábricas.

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4 Comentarios

  1. Pues puede, como el artículo indica, que la pelea esté perdida, que dentro de unos años el papel se destine a ediciones únicas dedicadas casi exclusivamente al disfrute visual, algo parecido a los incunables que podemos ver muchas veces detrás de las vitrinas de los museos, pero cuando llegue ese día la lectura, tal como la entiendo yo, habrá muerto.

    Para mí, y reconozco que puede sonar raro, leer no es meramente un acto intelectual, es también algo físico, algo que tiene que ver con el dulce tacto del papel entre los dedos, o el disfrute cadencioso del paso de una página; algo extraño de definir, algo que, sin ser persona dada a los romanticismos, está muy próximo a una especie de amor hacia los libros. En mi biblioteca, como en botica, hay de todo, libros buenos y malos, y dentro de los buenos, algunos a los que profeso un cariño especial; puede ser por variados motivos, porque me recuerdan una época de mi vida, un momento especial de grato recuerdo, un amigo que ya no está,… Todo esto, con todos mis respetos, dudo mucho que me lo pueda aportar la fría pantalla de un e-book con su maraña de bits y su prodigiosa capacidad de memoria. De verdad que lo dudo.

    Que cada cual me tilde como quiera, de sentimental, de rara avis o de pasado de moda, pero quien no se haya sorprendido alguna vez acariciando las páginas de un buen libro no podrá entender jamás lo que trato de expresar. Y si el futuro que se avecina es el anunciado, el de la muerte del papel, espero tener la suerte de no poder presenciarlo, porque en ese momento el acto de la lectura, estará recibiendo triste sepultura.

    Un saludo a todos los seguidores de solodelibros

    • Yo, querido Miguel, tal vez peque de optimista, pero no creo que esta explosión del libro digital acabe con el libro en papel. Por el contrario, creo que lo reforzará.

      Mi impresión es que al libro digital se apuntan en su mayoría aquellos a los que les gusta la lectura ligera: novedades recomendadas en los suplementos, bestsellers, premios literarios del año, etc. Lecturas que compatibilizan con muchas otras formas de ocio que caben en la misma tableta en la que almacenan sus cinco mil ejemplares, de manera que pueden saltar de lo uno a lo otro sin problema.

      Luego están aquellos lectores (entre los que me incluyo) para los que la lectura es más que una forma de ocio: es una forma de vida. Estos lectores necesitan sumergirse en la lectura durante horas, sin que la tentación de un juego, de consultar el correo o de entrar en Facebook a ver las fotos de tu vecino pueda hacer mella en ti. Eso sin contar los aspectos más “románticos” a los que tu aludes: el tacto de las páginas, el olor (aunque a veces apestan) y el sentarte rodeada de todos esos libros que significan algo para ti, aunque solo sea el tiempo dedicado a una mala lectura.

      Estos lectores, creo, valoran el libro como objeto. Valoran una buena edición (con su buena traducción, su acertada elección de fuentes, márgenes e interlineados y hasta, como guinda, su buen diseño de cubierta). Esto conduce a que esos lectores estén dispuestos a gastarse dinero en comprar libros (unos más, otros menos, dependiendo cada uno de sus posibilidades). Para esos lectores no valen los malos libros que se están haciendo hoy en digital (aunque también habrá algunos buenos, qué duda cabe). Tampoco deberían valer los malos libros que se hacen en papel, que los hay.

      De manera que considero que el libro digital quedará para esos libros de lectura masiva, escritos y publicados para quienes buscan lectura de entretenimiento y no prestan demasiada atención a la mejor o peor traducción o a si el corrector ha puesto las comas en su lugar. También (ahí ya subiendo los estándares de calidad) para libro técnico, literatura gris, etc.

      Para el papel quedarán los editores que cuiden con mimo la labor de edición, publicando solo para una minoría de lectores gourmets (por decirlo de alguna manera). Evidentemente esto hará que las tiradas sean más cortas (y tal vez los precios más caros) y que se reduzca el número de títulos publicados al año. Pero en cualquier caso es evidente que el libro también ha vivido su propia burbuja por lo que, aunque no hubiera existido el libro electrónico ni la crisis financiera, ambas cosas (tiradas más cortas y menos cantidad de títulos) hubieran sucedido antes o después.

      Ahora solo resta sentarse a ver si el tiempo me da la razón. Y mientras tanto, leamos.

      Un grandísimo abrazo.

      • Esperemos, Sra. Castro, que se imponga tu versión optimista y no sea necesario depositar un crisantemo, que como diría George Brassens es margarita funeral, sobre la tumba del libro de papel. Que, para goce de todos los que amamos el formato clásico, así sea.

        Ah, se me olvidaba, te deseo también que en esta noche de magia, – uno, aunque es ya talludito, se permite a veces licencias de este tipo -, los Reyes Magos de Oriente se porten muy bien contigo. De mí se han acordado un poquito, estoy contento, no puedo quejarme, me han dejado en el balcón un buen regalo, “Mil años de poesía europea” de Francisco Rico, una cuidada antología, editada por BackList, que recoge, entre otras, obras poéticas tan dispares como las de Dante Alighieri, San Juan de la Cruz o Anna Ajmátova. Una auténtica maravilla.

        Un fuerte abrazo, buenas lecturas y hasta la próxima

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