Torrente de libros

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Torrente de librosHace pocos días se ha estrenado en España Torrente 5, la última entrega de la saga de ese remedo de policía sucio, casposo y soez que protagoniza y dirige Santiago Segura. Además de una intensa campaña de promoción con publicidad en televisión, marquesinas y otros soportes callejeros, El Hormiguero, el late night de éxito de la televisión española, entrevistaba el día anterior a su estreno en los cines a uno de los actores que aparece en la película, el norteamericano Alec Baldwin, y al propio Segura. Posteriormente nos enterábamos de que Torrente 5 había batido el record de venta de entradas de un estreno en su primer fin de semana.

No he visto la película y no creo que vaya a verla, pero está claro que a su supuesto valor cinematográfico y cultural (en este caso bastante pobre), hay otros factores que han podido contribuir a su éxito: una forma distinta de promocionar el producto final. ¿Cuándo han visto, por ejemplo, dedicar en televisión una hora en prime time a hablar de un libro y de su autor?

Quizá sea la única manera de provocar, o al menos intentarlo, un auténtico torrente de libros que acabe con una sequía de lectores que lleva camino de convertirse en plaga bíblica. Y forzando todavía más el símil, anímense a leer al otro Torrente -el verdadero Torrente Ballester-, el escritor y académico gallego que además de Los gozos y las sombras (que algunos conocimos por la serie de TVE) tiene novelas interesantísimas como La saga/fuga de J.B o Filomeno, a mi pesar (Premio Planeta 1988), entre otras.

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1 Comentario

  1. No estoy para nada de acuerdo con este artículo. Soy un fiel amante de las letras así como defensor a ultranza de los libros y de todo lo que promueva la Literatura y de algún modo la cultura. Pero no puedo congeniar con las personas que tildan cualquier tipo de representación de esta en buena o mala. Para el amante del arte, no hay nada bueno o malo. Seguramente, muchos (o todos) los que estén de acuerdo con las ideas planteadas en el artículo llenen su ambiente de carcajadas y adulaciones al estar sentados en sus sillones leyendo El Quijote. No hay que olvidar que la obra de Cervantes es una pura y dura crítica disfrazada de humor por un autor desencantado con su alrededor. Torrente, más allá de ser la película que muchos van a ver por las guarradas y demás blasfemias, es única y puramente una crítica a la sociedad más cañí de nuestro país. Es llevar al máximo exponente la tosquedad de los habitantes de la España más cerrada, cegados por unos ideales de un bando u otro, pero en definitiva, radicales. Leer El Quijote es observar la vida de un personaje que, aún difícil de ser real, es una suma de todos los defectos del país, es el estereotipo más extremo de la esencia humana del momento a ojos del autor. Como generaciones tanto artísticas como intelectuales diferentes, es lógico que las muestras culturales cambien. No considero que haya gran diferencia, en el mensaje, entre una obra y otra. Tenemos que vivir de esas críticas que hacen crecer a nuestra cultura, que nos hacen crecer a todos demostrándonos que somos capaces de reírnos de nosotros mismos. Es muy probable que todo aquel reticente a ir a ver esta película lo sea por el mero hecho de tener miedo a ver la verdad frente a sus ojos. ¿O no estaban muchos en contra de la obra cervantina cuando esta salió a la luz?

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