El pueblo traicionado – Alfred Döblin

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El pueblo traicionado - Alfred DöblinCon El pueblo traicionado continuó Alfred Döblin Noviembre de 1918, una obra de enormes proporciones (físicas y literarias) sobre la revolución socialista que, tras la derrota alemana en la Primera Guerra Mundial, condujo a la República de Weimar.

En esta segunda novela, Döblin prosigue con la narración de los hechos interrumpidos al fin de Burgueses y soldados. De un lado, continúa describiendo los acontecimientos de ese delicado momento histórico; de otro, prosigue con la peripecia de los personajes de ficción que guían el devenir de la novela. Y completa ambas partes con una panorámica del pulso que latía en la sociedad alemana, donde la población debía preocuparse al tiempo de conseguir pan, de las condiciones del armisticio y de la revolución en ciernes.

En esta ocasión, el autor centra la acción en Berlín. La mayoría de sus personajes confluyen hacia la capital arrastrados por la resaca de la guerra; y en Berlín se encuentra el gobierno provisional que trata de consolidarse en el poder, resistiendo el embate de los revolucionarios de izquierda y, sobre todo, del alto mando militar.

El pueblo traicionado es, desde luego, un título descriptivo como pocos para los acontecimientos que Alfred Döblin quiso consignar. Porque el pueblo, que había luchado en las trincheras o sufrido en la retaguardia, es abandonado a su suerte mientras militares y políticos juegan una complicada partida de alianzas y engaños con una única finalidad: aplastar una revolución que acabaría con sus privilegios… sin que parezca que quieren acabar con dicha revolución, expresión de la voluntad del pueblo. Esa contradanza resalta con crudeza sobre la panorámica de la ciudad que pinta Döblin: un Berlín recién salido de la guerra cuya población trampea para sobrevivir, donde los especuladores hacen jugosos negocios y las nuevas fortunas crecen al calor del mercado negro.

La enorme calidad literaria de Noviembre de 1918 radica precisamente en la forma en que el autor devana la historia, mezclando los acontecimientos y los personajes históricos con otros —entrañables, preciosamente humanos—, nacidos de su imaginación. Su estilo exquisitamente plástico, poco trillado, crea una imagen simultánea y polifacética del ambiente en la Alemania derrotada. Dibuja el agotamiento del pueblo, sus deseos de alcanzar la paz y la prosperidad, su preocupación por llenar el estómago todos los días a la vez que sus intentos de construir un futuro mejor. E intercala con esas imágenes, contundentes y sutiles a un tiempo, escenas bochornosas de los poderosos volviendo la espalda a esos ciudadanos sufrientes, a quienes intentan engañar con burdas triquiñuelas.

Alfred Döblin demuestra la capacidad de un genio en su habilidad para recrear las humanas preocupaciones, sean estas virtuosas o malvadas, y hacerlo sin juzgar y hasta desde un punto de vista levemente humorístico. Y todo ello hace del ciclo Noviembre de 1918 una de esas obras que el lector disfruta de principio a fin desde su aspecto literario, a la vez que invita a reflexionar sobre el cúmulo de contradicciones que es el ser humano o sobre las formas en que el pueblo es siempre traicionado.

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