La muerte de Iván Ilich – Lev N. Tolstói

7
5610

La muerte de Iván Ilich - Lev N. TolstóiLa grandeza de un escritor se puede medir, tal vez, por su visión de los grandes temas que afectan al ser humano; y sin duda uno de esos temas es la muerte. Lev Tolstói hace honor a su fama abordando un conflicto tan complejo como inevitable: ¿es la vida que llevamos digna de ser vivida?; ¿la valoramos como se merece?; ¿la vida consciente es “como debería ser”? Todas esas preguntas, lógicas cuando nos acercamos a nuestro acabamiento, se plantean en esta novela breve; el maestro ruso nos sitúa frente a un personaje polifacético, a ratos entrañable y a ratos despreciable, pero cargado de una humanidad excelsa que le encumbra a los altares de las grandes creaciones literarias de todos los tiempos.

Iván Ilich es un funcionario de alto rango de la administración zarista. Toda su vida ha estado regida por la rectitud, la conveniencia y la comodidad; su interés ha residido en ascender dentro de la jerarquía burocrática a la que pertenece, entablar relaciones sociales prestigiosas que den lustre a su familia y formar parte de la élite burguesa. Incluso su matrimonio entra dentro de esos planes y pronto se descubre hastiado de su esposa y sus hijos. Sin embargo, un día comienza a sentir un dolor en el costado que la causa profundas molestias; aunque no le otorga importancia, ese dolor irá tornándose persistente, por lo que consultará con varios médicos para conocer la causa de su dolencia. Pronto entenderá que lo que él creía un malestar pasajero puede significar su fin, de una manera absurda, insólita y macabra.

¿Estamos preparados para la muerte? Poco más o menos esa es la pregunta que se plantea en La muerte de Iván Ilich: si el ser humano puede llegar a aceptar su condición de mortal, si puede congraciarse con la idea de desaparecer. Evidentemente, Tolstói no ofrece respuestas… porque no las hay. La naturaleza se revela caótica, desenfrenada, ignota, y el propósito del ser humano se nos desvela como una banalidad; nuestro afán de trascendencia choca con la idea de finitud, por lo que no hay consuelo ni reconciliación posibles. Iván Ilich encara su muerte con miedo, pero sobre todo con frustración: ¿es posible que una vida termine de forma casi anecdótica, sin mayor importancia?

No obstante, el protagonista se cuestiona sobre todo la relevancia de su propia existencia. Cuando el fin se avecina, se pregunta una y otra vez si la manera de vivir que ha tenido ha merecido la pena; para su desconsuelo, se da cuenta de que no es así: ha malgastado su vida en fruslerías, en apetencias absurdas, en aspiraciones mundanas que al fin y a la postre no le han reportado más que satisfacciones pasajeras. Tolstói nos regala una reflexión magistral sobre nuestra incapacidad para labrar un camino satisfactorio; más allá de la religión, la fe, la esperanza o la trascendencia, quizá lo más importante sea “hacer lo que se debe”: vivir de acuerdo con principios tan evidentes como la compasión, la honradez o el respeto. Sólo al final descubre Ilich que sus afanes mundanos no le han llenado como persona; en su intento por comprender el porqué de su muerte, vislumbra en los ojos de su hijo un rayo de comprensión que le otorga un mínimo de paz. Ni mucho menos es un final consolador, pero sí que proporciona cierta esperanza.

Tal vez lo más reseñable de esta novela corta sea su sinceridad: desde su mismo estilo, sobrio y despojado de artificios, hasta el tratamiento del tema, directo y sin tapujos. La maestría de Tolstói reside en ponernos cara a cara con el dilema, y arrojarnos al abismo para que confrontemos nuestra visión con la realidad que crea en su historia. Les aseguro que nadie sale incólume de un viaje como este…

Más de Lev N. Tolstói:

7 Comentarios

  1. Conocí a Chéjov este año y de momento solo leí una antología de sus cuentos -acabo de empezar otra-, pero coincido contigo en que es el mejor cuentista de la literatura (aunque aún me faltan muchas lecturas para poder afirmarlo con más seguridad, aun dentro de la subjetividad de cada cual). “Enemigos”, “La cigarra”, “El beso” y “La dama del perrito”, están entre mis cuentos favoritos, junto a “El profesor de lengua” o “Agafia”, pero hay muchísimos otros. El resto de cuentos y novelas que comentas no las leí. Aún.
    Es culpa de Chéjov, a quien leí poco después e incluso alternando con las novelas cortas de Tolstoi -“La muerte de Ivan Ilich”, “El padre Sergio” y “El diablo”-, que me haya distanciado bastante del gigante ruso y su concepción estética.

    Me alegra conocer a otros amantes de este escritor maravilloso. Recientemente escribí mis impresiones sobre él en Sopa de Libros. Imagino que conocerás la web, pero si no, te dejo aquí, por si te interesa, el link a lo que comenté sobre él (por no repetirme ni extenderme demasiado, que además este hilo es de Tolstoi, por mucha sombra que le haga Chéjov): http://www.sopadelibros.com/review/3372

  2. Hay una cosa que, en mi opinión, hace este relato único: asistir a la muerte desde primera fila, desde el punto de vista del personaje que va a morir.
    Yo no recuerdo haber leído jamás una obra de similares características, y es que la literatura nos hace vivir muchas veces la muerte, pero siempre la de los demás, nunca la nuestra propia. Parece como si todos los autores se hubieran conchabado al unísono para ahorrarnos el único mal trago por el que todos, sin excepción alguna, vamos a transitar.
    Llegó a mis manos por casualidad en una vieja edición de la editorial Juventud, y con el paso del tiempo se ha convertido en uno de los pocos libros que, después de muchos años de leído, recuerdo perfectamente. Recuerdo la banal causa de la muerte, la angustia inicial del protagonista en sus últimos momentos, su abandono y resignación posteriores por compasión hacia el sufrimiento de los demás, su especial amor a su hijo y a Guerassime, su fiel y bondadoso criado.
    Pocas veces me he entrentado yo páginas más trastornadoras y pocas veces también he visto dibujada la muerte de forma tan vívida. Una novelita corta, pero inmensa, en la que Iván Ilitch Golovín encarna todas las dudas morales que acosaron a Tolstoi durante gran parte de su vida.
    Sin lugar a dudas, hay que leerla.
    Cordiales saludos a los seguidores de solodelibros

    • Vaya, Miguel, cuánto pueden diferir dos lecturas de un mismo libro. A mi también me encantó Ivan Ilich, es dificil no disfrutar la penetrancia y sobriedad de Tolstoi, pero el único reproche que le hago es opuesto a tu mayor alabancia. En mi opinión, el problema de este cuento largo, y en general tanto de Tolstoi como de otros escritores realistas, es precisamente hacer una literatura de observador (y Tolstoi es de los mejores que conozco). Pero por mucho que se centren en un único personaje, como en este relato, el juicio, la percepción y la interpretación del narrador siempre están mediando entre el lector y los seres humanos que deberían poblar la novela. Personalmente, prefiero a su maravilloso contemporáneo Chéjov. Con él soy yo el que trata de comprender los personajes y no el autor el que me los explica; es Chéjov quien me ha hecho experimentar la fugacidad de la vida y la inminencia de la muerte en primera fila, en primera persona.

      Un abrazo

      • Amigo Hernando, pues aunque podamos diferir en la interpretación de un libro, lo que sí está claro es que no lo hacemos en nuestras preferencias. Te refieres, en tu comentario, a un autor, Chéjov, – muchas veces lo he dicho ya en este blog – que es para mí único: el mejor escritor de relatos cortos de la literatura universal. Yo, como tú, también he experimentado sensaciones parecidas durante la lectura de sus cuentos, y a ellos vuelvo de tanto en tanto para que no caigan en el olvido, cosa imposible por cierto. Un montón de veces he leído así, “Enemigos”, “La cigarra”, “El beso”, la archifamosísima “La dama del perrito“, – cito al azar -, o la que para mí es la miniatura más prodigiosa jamás escrita “Vañka”. Y ello, sin menospreciar algunas de sus novelas cortas, tan o más geniales que los cuentos, “La sala número seis”, “Una historia aburrida”, “El duelo”,…

        Es un placer que nuestras diferencias se centren en matices de apreciación y gustos, siempre que el objeto de discrepancia sea cualquiera de los clásicos rusos.

        Un cordial saludo

        • Conocí a Chéjov este año y de momento solo leí una antología de sus cuentos -acabo de empezar otra-, pero coincido contigo en que es el mejor cuentista de la literatura (aunque aún me faltan muchas lecturas para poder afirmarlo con más seguridad, aun dentro de la subjetividad de cada cual). “Enemigos”, “La cigarra”, “El beso” y “La dama del perrito”, están entre mis cuentos favoritos, junto a “El profesor de lengua” o “Agafia”, pero hay muchísimos otros. El resto de cuentos y novelas que comentas no las leí. Aún.
          Es culpa de Chéjov, a quien leí poco después e incluso alternando con las novelas cortas de Tolstoi -“La muerte de Ivan Ilich”, “El padre Sergio” y “El diablo”-, que me haya distanciado bastante del gigante ruso y su concepción estética.

          Me alegra conocer a otros amantes de este escritor maravilloso. Recientemente escribí mis impresiones sobre él en Sopa de Libros. Imagino que conocerás la web, pero si no, te dejo aquí, por si te interesa, el link a lo que comenté sobre él (por no repetirme ni extenderme demasiado, que además este hilo es de Tolstoi, por mucha sombra que le haga Chéjov): http://www.sopadelibros.com/review/3372

          • Excelentes, por lo atinadas y profundas, tus reflexiones acerca de Chéjov. El libro que comentas lo he leído, y a nivel de antología me parece una de las mejores, sino la mejor; además la traducción es una garantía total, Ricardo San Vicente forma parte del ramillete de los mejores traductores del ruso. El problema de Chéjov es que el lector encuentra muchas dificultades para acceder al conocimiento total de su obra, las antologías que se editan, caso de “El beso y otros cuentos” de edhasa, repiten casi siempre títulos de otras recopilaciones ya publicadas. O eso, o acudir a pequeñas novelitas, que recogen uno o dos relatos como máximo, como ejemplos te pongo “Mi vida. Relato de un hombre de provincias” de Alianza Editorial, “La estepa / En el barranco” de Alba Editorial, “El reino de las mujeres” Rey Lear, etc.

            Yo te aconsejaría, si me lo permites, que le echaras mano a “Cinco novelas cortas”, publicada por Alba, dentro de la colección Clásica Maior; aparte de la garantía siempre segura de la editorial, la traducción es de Víctor Gallego Ballestero, otro valor fijo que avala al cien por cien un gran trabajo.

            Si tienes curiosidad, en solodelibros comenté también otro libro de su gran pluma, “La isla de Sajalín”, aunque éste no tiene nada que ver con la ficción y si con una dura realidad: la política carcelaria zarista, que Chéjov estudió en profundidad.

            En fin, en mi caso puedo decirte que dentro del vicio general con el que vivo los libros, Chéjov es una de mis mayores adicciones. Sólo espero que el esfuerzo de Páginas de Espuma, – ha publicado en el 2013 “Antón P. Chéjov. Cuentos Completos [1880 – 1885] y anuncia tres volúmenes más, a razón de uno por año hasta el 2016 -, sea capaz de soslayar el problema de la dispersión de su obra. Será una gran alegría para todos los que disfrutamos con su literatura.

            Un abrazo y hasta siempre

  3. Que decir de esta obra con su enorme carga emocional, lo mejor que nos legó el segundo Tolstoi en verdad una obra inperdible.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here