Niveles de vida

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Niveles de vidaNiveles de vida
Julian Barnes
Editorial: Anagrama
Colección: Panorama de narrativas
ISBN: 978-84-339-7904-9

Sinopsis

Niveles de vida habla de la aventura de vivir, de los retos imposibles, del amor que todo lo desborda y del dolor de la pérdida. Y lo hace entretejiendo tres piezas independientes. La primera nos habla de los pioneros de la conquista del cielo con los globos aerostáticos y de las iniciales tentativas de fotografías aéreas realizadas por Nadar, aspirando a ser el ojo de Dios. La segunda historia retoma a un personaje de la anterior, el coronel británico Fred Burnaby –bohemio, aventurero y viajero, que murió en Jartum–, del que se relata su pasión por la legendaria actriz Sarah Bernhardt. La tercera parte salta en el tiempo del siglo XIX al XX y de las historias ajenas a la propia: la muerte de su esposa.

No es la primera vez que Julian Barnes experimenta con las formas literarias. En este caso la ruptura con la narrativa más tradicional está al servicio de una aventura literaria de gran calado: indagar, huyendo del sentimentalismo, en el dolor causado por la pérdida del ser amado, adentrarse con las armas de la gran literatura en el territorio de la aflicción. El resultado es un libro deslumbrante, que rompe las barreras de los géneros y consigue una hondura y una belleza iluminadoras.

1 Comentario

  1. Si a alguien le preguntaran, antes de leer “Niveles de vida”, qué tienen que ver los globos aerostáticos y Sarah Bernhardt con la muerte de su mujer, contestaría a buen seguro que nada. Lo peor es que si la cuestión se la formularan después de leer la novela/ensayo de Julian Barnes, continuaría respondiendo exactamente lo mismo, nada en absoluto.

    No soy un fan excesivo de la narrativa presentada, por Jorge Herralde, en Anagrama, – ya sabemos que la generación Granta, de Barnes, Amis o McEwan, es uno de sus filones inagotables -, pero sí que he hecho alguna que otra incursión en ella, especialmente por las propuestas literarias de Julian Barnes, con resultados bastante aceptables, todo hay que decirlo, a pesar de no gustarme mucho la narrativa moderna inglesa. Bueno, ni la inglesa, ni ninguna en general, la verdad.

    Y es que mi concepto del “narrador inglés” está más próximo al tradicional del término que a cualquier otra proposición experimental. Me gusta la figura del novelista decimonónico, creador de una robusta y sólida línea argumental, – todavía tengo fresca la maravillosa obra de John Galsworthy -, y no tanto la del narrador brusco que propone textos plenos de digresiones y pensamientos diferentes.

    Aún y así, “El loro de Flaubert” y “Arthur & George” me parecieron libros interesantes y novedosos. Barnes los dota de tramas amenas en las que alterna, de modo muy imaginativo, ficción y realidad; en el primero, el hilo conductor está claro, su título es harto explícito; en el segundo, no tanto, aunque si desvelamos los nombres completos de los protagonistas, Arthur Conan Doyle y George Edalji, nos podremos situar en la Inglaterra de principios del siglo pasado y, más concretamente, en la acusación de profanación religiosa presentada contra un oscuro y solterón notario de la minoría parsi, George Edalji, que propició la investigación del mismísimo creador de Sherlock Holmes, el más famoso y elegante detective de todos los tiempos.

    Pero no se puede estar repitiendo la fórmula, aunque sea exitosa, ad infinitum. Y en “Niveles de vida”, Barnes vuelve a insistir en lo mismo, otra vez más, con una pequeña variación, la realidad ficcional da paso a la confesión íntima y dolorosa de la pérdida de un ser querido, su esposa y agente literaria, Pat Kavanagh, fallecida hace algo más de ocho años como consecuencia de un fulminante tumor cerebral.

    El libro, estructurado en tres cortos capítulos, da, con alguna que otra licencia novelesca, un somero repaso a la historia de la navegación aerostática. El primero se dedica a sus pioneros, Jacques Charles, Pîlatre de Rozier, Félix Tournachon, Fred Burnaby y, en general, a una de las modas más en boga a lo largo del siglo XIX: el viaje en globo. El segundo, más alejado de las etéreas alturas, recrea la relación amorosa de la actriz francesa, Sarah Bernhardt, coleccionista de amantes y emociones fuertes, con el coronel de caballería Frederick Gustavus Burnaby, fallecido unos años después en la expedición para liberar, de su asedio en Jartum, al general británico Charles George Gordon.

    Es en el tercero cuando Barnes nos sumerge de repente en el mundo de la confesión íntima. Explora el dolor de la ausencia y del duelo que ella acarrea, para venir a decirnos que es en esos momentos, a pesar de amigos y ayudas, cuando estamos más solos. Desde su posición atea, el autor de Leicester, sólo encuentra consuelo en un terco razonamiento: “La muerte no es más que el universo cumpliendo su cometido”. Triste y desgarrador, pero real.

    En mi opinión, el libro quiere parecer, de nuevo, tan original que acaba por ser totalmente inconsistente. Ni tan siquiera su repetido mantra, “Juntas dos cosas que no se habían juntado antes. Y el mundo cambia”, parece suficiente amalgama para unir las reflexiones sobre la muerte de un ser querido con los viajes en globos, aunque en uno de ellos, nos llegue la más subyugante de las actrices francesas con sus tostadas de foie gras y una botella de champán.

    Cordiales saludos a los seguidores de solodelibros

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