El alma japonesa – Enrique Gómez Carrillo

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El alma japonesa - Enrique Gómez CarrilloHace poco leía 47 ronin, una novela de Tamenaga Shunsui que aprovecho para recomendarles de nuevo. El prólogo (que es el mismo que figuraba en la primera edición español de 47 ronin publicada en el año 1910) y alguno de los apéndices que acompañaban a la obra para su mejor comprensión estaban firmados por Enrique Gómez Carrillo. Este fue un viajero y diplomático guatemalteco con una intensa vida literaria, política y amorosa, que en el fin de siècle cayó fascinado por la cultura del lejano Japón.

Ahora Quálea Editorial reúne las crónicas que Gómez Carrillo escribió cuando, en 1905, visitó Japón, una remota nación que acababa de humillar militarmente a la todopoderosa Rusia. En ellas, el escritor y periodista descubre tanto a España como a Hispanoamérica los encantos y peculiaridades de un país desconocido, envuelto todavía en la bruma del misterio.

Leer estos textos resulta una delicia que inevitablemente lleva a pensar que ya no se escribe con la corrección, la agudeza y la elegancia que tenían nuestros bisabuelos. Gómez Carrillo hace de sus crónicas brillantes ejercicios literarios, sin dejar por ello de ilustrar al lector sobre los aspectos que juzga más característicos u originales de la cultura japonesa.

La mayoría de estos textos están dedicados a aquellos aspectos culturales y sociales que pueden resultar chocantes (o al menos en aquellos primeros tiempos de apertura debieron resultarlo) al hombre occidental: el férreo código de honor, el severo espíritu de sacrificio, la práctica del haraquiri o el carácter caballeresco. El autor examina pormenorizadamente esas peculiaridades de la sociedad japonesa, buscando su origen y desarrollo en la historia del país y evaluando qué parte tienen en la historia presente (recuérdese que hablamos de principios del siglo XX) de Japón. La disciplina, el honor, el sacrificio, arraigados en la conciencia de los japoneses desde la noche de los tiempos, es lo que les ha llevado a convertirse en una nación que asombra a Occidente por su desarrollo bélico y por su avance a marchas forzadas hacia la industrialización.

Al tiempo, Gómez Carrillo dedica varias de sus crónicas, como no podía ser de otro modo, a analizar el espíritu delicado, artístico y sutil de un pueblo que goza contemplando las flores de cerezo. Siguiendo la estela de Lafcadio Hearn, el escritor hace un repaso por la poesía y la literatura japonesas, incorporando a sus textos relatos y haikus para que el lector pueda valorar el talante artístico del país. También dedica una de sus crónicas a las mujeres novelistas del pasado, como Murasaki Shikibu o Sei Shonagon.

No obstante, no todo era refinada cultura y disciplina guerrera en el Japón de aquellos tiempos y Gómez Carrillo deja constancia también de aspectos menos halagüeños de aquella sociedad. Así por ejemplo la situación de la mujer, un ser sin derechos supeditado a las veleidades de su esposo, de quien era una simple propiedad. O la pobreza, que se agolpaba en las calles de las populosas ciudades y desmentía la idea del progreso o, como apunta el autor, demostraba a costa de quién se lograba ese progreso.

En definitiva, El alma japonesa es una lectura interesante que, si bien no nos descubre ningún aspecto de la idiosincrasia japonesa que, en este nuevo siglo globalizado, no conozcamos ya, deleita en cambio por su estilo rico y elegante.

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