Sobre educación – Bertrand Russell

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Sobre educación - Bertrand RussellComo en todo ensayo, este Sobre educación del filósofo y matemático Bertrand Russell puede tomarse con todas las precauciones posibles y apuntar salvedades, pero no deja de ser innegable la racionalidad que tiene muchos años después de ser publicado, amén del «sentido común» (si es que se puede tener en cuenta como elemento de juicio) que desprenden casi todas sus afirmaciones. Más allá de situaciones concretas de la época y de aspectos sociales específicos, las ideas del inglés sobre la forma de educar a los niños arrojan luz sobre los prejuicios que rodean al tema y ponen de manifiesto los errores que —intencionados o no— se cometen al afrontar el diseño de los planes educativos.

Para Russell, el objetivo de la educación no es sino formar seres humanos independientes y capaces, sin ningún tipo de influencia que pretende convertir el proceso educativo en un medio para moldear a los niños, en lugar de un fin en sí mismo. En este sentido, el autor considera que hay una serie de cualidades que son deseables para todo el mundo y otras que son deseables solo para una parte; aunque las segundas son las que pueden dar pie al surgimiento de artistas o científicos, las primeras son necesarias desde un punto de vista universal, ya que fomentan la excelencia y el respeto. Esas cualidades deseables serían la vitalidad, el valor, la sensibilidad y la inteligencia.

La vitalidad, si bien se considera una cualidad más fisiológica que mental, es fundamental para que los niños se interesen por el mundo, aborden los proyectos con energía y apliquen la objetividad en sus relaciones con el mundo. El valor se relaciona con evitar los miedos irracionales o las ansiedades que pueden anidar fácilmente en las mentes jóvenes; así se pueden evitar ulteriores males que podrían perjudicar el avance intelectual de los jóvenes. La sensibilidad no solo tiene que ver con los aspectos estéticos (de apreciación de fenómenos, personas u obras), sino con la templanza de los propios sentimientos y la correcta valoración de los de los demás. La inteligencia, como es lógico, es la cualidad fundamental, ya que impele al ser humano a la virtud (concepción mancillada por la religión y que, además, ha influido negativamente en la concepción de la inteligencia como cualidad indispensable para el hombre) y le aumenta la capacidad de aprendizaje; la inteligencia genera curiosidad, elemento fundamental para el desarrollo del hombre en cuanto individuo y en cuanto especie.

Russell se opone con saña al dominio que, en su momento (y quizá aún hoy día), ejercía la Iglesia sobre la educación, sobre todo la infantil; pero también se opone a cualquier sistema que pretenda moldear la mente del niño con el objetivo de adoctrinarle. Para el inglés, «una vida mental libre no puede ser tan caliente y confortable como la vida encerrada en un credo», por eso considera el valor como una cualidad necesaria para enfrentarse a esa incertidumbre inherente a nuestra experiencia vital. Al hilo de este punto el autor establece la necesidad de reservar una esfera privada para valorar los deseos e intereses propios, en lugar de «dejarse contagiar» por los instintos gregarios que nos acompañan como animales sociales que somos.

Sobre educación es un ensayo ágil, honesto y pertinente, aunque hayan pasado casi cien años desde su publicación. En el texto se encuentran ideas que nos muestran cuán poco hemos avanzado en algunos aspectos y cuántos prejuicios debemos sacudirnos aún para entender que la educación es un pilar fundamental en nuestra vida.

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