Cuentos completos - Truman CapoteAntes de comenzar a leer estos cuentos, me preguntaba si podrían ser tan buenos como “A sangre fría”, “Desayuno en Tiffany’s” o “El arpa de hierba”. La respuesta es muy obvia: hay relatos mediocres (sobre todos los primeros) y hay relatos excelentes; y es que, como en casi todas las recopilaciones de cuentos, la calidad oscila a lo largo del libro.

Truman Capote no escribió demasiados relatos a lo largo de su carrera. Centrado en la novela, sobre todo tras el multitudinario éxito que supuso la publicación de “A sangre fría”, el autor no dedicó mucho tiempo al género breve, si bien estas piezas abarcan un periodo que va desde 1943 hasta 1982. Esto hace, como decía antes, que la calidad de los cuentos oscile, y mucho, dado que el propio estilo del escritor evidencia significativos cambios.

Los primeros relatos del libro muestran ciertas influencias del estilo sureño americano. En ‘Las paredes están frías’, ‘La botella de plata’ o ‘Mi versión del asunto’ se pueden encontrar narradores o protagonistas del medio rural, que normalmente refieren los acontecimientos desde una primera persona muy peculiar, que otorga un punto de vista privilegiado de los hechos, aunque poco objetivo, al estilo de Carson McCullers o el mismísimo Faulkner en algunos de sus relatos. Quizá por ese carácter inocente que flota sobre ellos, o tal vez por el excesivo localismo de algunos, estos cuentos son los más flojos del libro, aun cuando una pieza como ‘Mi versión del asunto’ sea un buen ejemplo de cómo solventar con pericia una narración extremadamente subjetiva desde la primera persona.

Conforme avanzamos en las obras se nota que el autor afina el tono; ‘Cierra la última puerta’, por ejemplo, es un cínico y cruel relato sobre un buscavidas cualquiera, que se vale de su encanto y su ingenio para medrar en sociedad. Algo, por cierto, que Capote ansiaba de veras en sus primeros años como escritor, lo cual se refleja en algunas de sus obras, como ésta.

No obstante, en los cuentos se observa una inclinación hacia los personajes anodinos, en cierto modo marginales: perdedores, pobres, ex-soldados, ancianos… Así ocurre en ‘Niños en sus cumpleaños’, una tierna historia, aunque de final desolador; los niños a los que hace referencia el título son caricaturas de adultos caídos en desgracia: Miss Lily Jane Bobbit, toda una damita del sur que utiliza su encanto para revolucionar la vida de dos muchachos, Billy Bob y Preacher, aun cuando su propia existencia es un cascarón vacío. O ‘La ganga’ (reinterpretación de ‘Un visón propio’, escrito unos años antes), que muestra sin piedad la miseria en que muchas personas se vieron sumidas tras los duros años de la guerra… y el provecho que otras trataban de obtener de todo ello. Ejemplo perfecto de esos caracteres venidos a menos es ‘Una guitarra de diamantes’, que no en vano habla sobre un preso ya maduro, figura apreciada y respetada entre rejas, a quien subyuga la forma de ser de otro preso más joven, que le convence para huir; en el intento, el joven abandonará al mayor, quien retornará a la cárcel y perderá la consideración de los otros reclusos.

En una línea algo diferente se encuadran tres relatos que conforman una entrañable y curiosa trilogía: ‘Un recuerdo navideño’, ‘El invitado del día de Acción de Gracias’ y ‘Una Navidad’, escritos a lo largo de dos décadas. Comparten personajes protagonistas (la tía Sook, Buddy), así como un cierto tono melancólico, un lamento del tiempo pasado y de la niñez, un estadio que Capote contempla como mágico, en el que somos capaces de experimentar cualquier vivencia con una entrega absoluta. Puede que la concepción de la infancia como un periodo especialmente intuitivo y sagaz no sea novedosa, pero el autor le imprime un matiz de desencanto que convierten estos relatos en unas piezas estupendas.

Y, por último, citar un par de relatos que se alejan de esas líneas que hemos trazado y que hacen hincapié en el humor negro y la visión ácida frente a la madurez. ‘En la antesala del paraíso’ narra, con mucha socarronería, el encuentro en un cementerio de un hombre y una mujer, ambos viudos, que parecen tener todo en común: sobre todo la soledad, aunque ni tan siquiera eso puedad ponerles de acuerdo. Y también mi relato preferido, ‘Mojave’ un demoledor retrato de la clase adinerada, con sus lujos y su desapasionamiento, narrado con un estilo frío y visceral, mostrando sin pudor las extrañas alianzas sentimentales que pueden llegar a establecerse entre personas.

Hay entre estas obras, como se puede ver, una variedad interesante. Uno sigue prefiriendo al Capote novelista, tal vez porque los cuentos suelen prometer más de lo que acaban ofreciendo (aun cuando haya dos o tres piezas maestras), pero es curioso observar cómo se maneja un escritor con diferentes registros. Y, aunque no sean de diez, estos relatos valen mucho la pena.