La feria de los discretos – Pío Baroja

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La feria de los discretos - Pío BarojaRecorriendo la obra de Pío Baroja una descubre las peculiaridades de un escritor que, no siendo tal vez el más perfecto de los muchos y buenos que adornan la literatura española, es sin embargo un escritor sublime. Sublime, pero no perfecto, Tal vez ahí radique su grandeza.

Las novelas de Baroja tienen siempre una serie de puntos en común: la idea del hombre de acción, una imagen pesimista de esta España nuestra, unos protagonistas atribulados, oscuros, muy dados a la reflexión, y la idea del amor como única verdad capaz de hacer feliz al hombre (aunque no siempre a la mujer).

Las tramas son tal vez algo deslavazadas: un discurrir de sucesos y de anécdotas, un aparente tráfago de personajes curiosos y siempre bien retratados. Pero esas tramas siempre, aunque de manera insensible, se dirigen allá donde el escritor las quería llevar y conducen con ellas al lector hacia una visión diáfana que le ilumina al concluir la lectura.

Así pues, tenemos cierta repetición de temas e ideas, tramas que discurren morosamente, personajes poco brillantes (en el sentido de que no son personajes arrolladores, cuya fuerza encandile al lector), pero que, al tiempo, tampoco llegan a ser antihéroes. Elementos todos ellos que podrían señalar al escritor mediocre y que, sin embargo, caracterizan una de las voces más personales de la narrativa española no solo del último sigo, sino probablemente de todos los tiempos.

Pues bien, La feria de los discretos es una obra que cabe distinguir entre la producción de un escritor notable. Tal vez pudiera ser la mejor de entre las novelas de Baroja para acercarse a este autor. Porque es una novela realmente entretenida, con bandoleros, secuestros, tiroteos y una historia de amor. Pero es al tiempo netamente barojiana en cuanto a la concepción de su protagonista y las ideas que en torno a su biografía se desarrollan.

Quintín García Roelas es el joven hijo de un comerciante enriquecido, que pronto descubrirá cierto misterio que envuelve su nacimiento. Quintín se considera epicúreo y, en consecuencia, quiere convertirse en hombre rico y poderoso como método seguro de conseguir la vida placentera que desea. Ese planteamiento le llevará a convertirse, naturalmente, en un hombre de acción.

En ese sentido La feria de los discretos plantea, sin embargo, una diferencia con respecto a otras novelas del autor. Casi siempre Baroja presenta el del hombre de acción como un concepto positivo donde el esfuerzo y la tenacidad conducen al triunfo. Mas con Quintín se representa el caso donde la perseverancia conduce al fin, pero por métodos poco ortodoxos. El fin justifica los medios, parece decirse el protagonista, y no vacila en ponerse del lado contrario de la ley o en traicionar a quien ha confiado en él.

En sus novelas, Baroja suele mostrarse pesimista con respecto a la capacidad de los españoles para convertirse en personas de acción. Las virtudes que adornan a este ideal nietzscheano no se encuentran entre las propias de un pueblo indolente, cansado por siglos de historia. Pero con Quintín, el escritor vasco parece querer señalar la manera viciosa en que el superhombre puede asentarse entre nosotros.

Pese a ello Quintín no es un personaje antipático. Tiene valor, ingenio, sabe (o se obliga a) dar la cara cuando es preciso. Y el final le redime. Como casi siempre en sus obras, Baroja presenta el amor como una fuerza viva y transformadora; probablemente la única cosa por la que de verdad merece la pena luchar y vivir. Y en el momento en que Quintín comprende esa realidad, comprende también que ha equivocado el objetivo al que ha dedicado sus esfuerzos.

Esa sutil y bien tramada epifanía final, tan barojiana, encierra siempre una profunda enseñanza para el lector y es solo una de las muchas buenas razones para leer a Pío Baroja.

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