Amarillo – Félix Romeo

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Amarillo, la tercera y, por el momento, última novela de Félix Romeo (aunque publicada ya en 2008) es un ejercicio literario absolutamente distinto de las otras dos obras del zaragozano; acercarse a ella buscando algo similar a Discothéque o Dibujos anuimados, como confieso que me sucedió, es equivocarse.

Para empezar, porque Amarillo no es exactamente una novela. Es un canto fúnebre y, a la vez, un monólogo introspectivo para tratar de comprender el suicidio de un amigo —el escritor Chusé Izuel—; como también es un recorrido por los escritos de éste y una reflexión sobre la literatura y la necesidad de escribir; y, sobre todo, es (o parece) un intento por limpiar la herida que provoca una ausencia, emponzoñada por años de no poder comprender la razón que lleva a un joven a saltar desde una ventana, o cómo quienes se tenían por sus mejores amigos fueron incapaces de ver cómo se fraguaba ese salto.

Félix Romeo plantea en Amarillo un diálogo con ese Chusé Izuel perdido; un diálogo desigual, sin réplicas, donde nadie contesta a los mil interrogantes que acosan al autor. El silencio del interpelado convierte así la obra en un largo monólogo, en el que se intercalan fragmentos de las reseñas publicadas por Izuel en sus colaboraciones con distintos medios, de los relatos que sus amigos se encargaron de publicar como tributo póstumo, de textos inéditos y de sus cartas. Con todo ello, se va dibujando la silueta de un joven que fumaba mucho, amaba la literatura, admiraba a Carver y arrastraba una personalidad inestable; y que volcaba todo ello en unos relatos marcadamente autobiográficos, como los de cualquier joven escritor.

Cierta tristeza emanaba de Chusé Izuel desde la infancia, cierta fragilidad que empujaba a sus amigos a protegerlo. Y esa tristeza se solidificó cuando la novia de juventud dio por terminada su relación. Desde ese momento y hasta el momento de su suicidio, dos años más tarde, la idea de la muerte rondó a Chusé Izuel: en sus cartas y textos, muy influenciados por Emil Cioran, el suicidio aparece como un gesto final de rebeldía e independencia, como la única salida de escena elegante. Parece que la idea de quitarse en la vida ya maduraba en su mente a lo largo de ese tiempo.

Sin embargo, en Amarillo Félix Romeo desnuda a su amigo en cierta manera. Romeo arranca el velo y Chusé Izuel aparece desnudo e incapaz ya de hacer ningún gesto para cubrirse, de modo que el lector llega a sentir cierto sonrojo. Pues la escritura de este texto ha actuado sin duda como catarsis para su autor, pero también ha desvelado la vida y la intimidad de un hombre que tal vez nunca las hubiera expuesto en esa forma. De modo que es inevitable preguntarse si tenemos derecho a adueñarnos de la existencia que los muertos dejaron atrás, por mucho que duela su pérdida o por mucho que necesitemos explicarnos su vida y su muerte para lograr asumirla. Cuando la única realidad es que hay quienes se abrazan a la muerte para dejar de verla.

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2 Comentarios

  1. es un excelente libro, tener miedo a la muerte, abrazarla para dejar de verla?, creo que es algo de lo cual debemos acostumbrarnos a hablar de ella, es de la que nunca podremos escapar, creo que es una excelente lectura

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